SEGUNDA PARTE
¿Por qué la UDLA tuvo en custodia tal tesoro arqueológico? El fundador del Museo Frissell, de nombre Erwin Frissell, abogado retirado de sus actividades en Nueva York, llegó a Oaxaca a finales de los años cuarenta. Llegaron a una ciudad que les agradaba para pasar largas temporadas. Observó que existía una venta abierta de piezas arqueológicas en las calles de Oaxaca y, al considerar que se trataba de patrimonio cultural, visitó a las autoridades de Mitla para señalar que debían proteger esas piezas y, mejor aún, fundar un museo.
La explicación de este tráfico se debía a que la gente encontraba piezas y las vendía para obtener ingresos para sus familias. Las autoridades le ofrecieron una casa en venta en Mitla para que formara ese museo. Así, la céntrica casa de la familia Quero fue adquirida por Frissell y su esposa, Gertrude, y se convirtió en el lugar que albergaba todas las piezas que él compraba. Incluso, cuando el Ayuntamiento abría calles para la introducción de drenaje o agua potable, encontraban piezas que entregaban gratuitamente al director del museo.
El señor Erwin Frissell invitó a un experto en arte prehispánico, Howard Leigh, y juntos recorrieron más de doscientos pueblos de Oaxaca, coleccionando durante diez años piezas extraordinariamente bellas. Durante ese tiempo, la esposa de Frissell invitaba a niños de Mitla a su casa para enseñarles inglés, con el propósito de que en el futuro fueran guías de turistas. Dan testimonio de ello Aureliano Martínez Lázaro, Pedro Hernández Martínez, Rufino Reyes, Eliseo Reyes y Josefina Santiago, en un documento suscrito por la doctora Carmen Cordero, Emilio León Zurita y Carlos León Zurita, donde también se describen las actividades benéficas del matrimonio Frissell, como conseguir tejedores de telares, orfebres y otros artesanos para impartir clases a los mitleños.
Los documentos registrados mencionan la existencia de ochenta mil piezas: cuarenta mil en buen estado y cuarenta mil rotas o incompletas.
A finales de los años cincuenta, específicamente el 17 de septiembre de 1959, ante notario público, la señora Gertrude Ponsford celebró un contrato de compraventa mediante el cual vendió a sus amigos, dueños del Mexico City College, la casa con todo su contenido: pinturas, un mural de León Zurita, una obra de Toledo donada por su autor al Museo Frissell, y otras piezas de artistas que contribuyeron a la grandeza del museo.
También consta, en otra escritura pública de la misma fecha y ante el mismo notario, la devolución del dinero recibido por la señora Frissell al Mexico City College, con excepción de cinco mil pesos que se entregaron a la familia Quero por adeudo de la casa. El conjunto incluía, además, una extraordinaria biblioteca de libros especializados en arqueología y arte, las pinturas, el mural, así como un hotel y restaurante denominado “La Sorpresa”.
En ese documento notarial, en el que la señora Gertrude Ponsford devuelve el dinero recibido, el Mexico City College se obliga a otorgarle una pensión mensual de 25 pesos para su manutención durante el resto de su vida.
Cabe aclarar que, en la escritura de compraventa, existe una cláusula de condición: aunque no se menciona de forma específica el tesoro arqueológico, sí se acompaña un registro oficial ante el INAH de todas las piezas del Museo Frissell y de la colección de Howard Leigh. Se trata de piezas destacadas de arte prehispánico de gran valor, documentadas con fotografías, clasificación y descripción detallada en un amplio álbum fotográfico elaborado con ese propósito.
Se contabilizan 600 piezas sobresalientes de la colección de Howard Leigh, quien sobrevivió a los Frissell. Los restos del matrimonio Frissell fueron sepultados en el panteón de Mitla, una distinción que no se concede a cualquier extranjero, sino únicamente a esta pareja benefactora.
La escritura pública mencionada establece como condición que el Mexico City College se obligaba a dedicar permanentemente el inmueble a la enseñanza y divulgación científica, así como a albergar el Museo Frissell de Arte Zapoteca y un Centro de Estudios de Culturas Antiguas. Esta condición, conocida en derecho como sine qua non, implica que, de no cumplirse, el contrato deja de surtir efectos.
El Mexico City College cumplió con esta obligación hasta mediados de los años noventa. Según relata Manuel Mejía, quien fue director del museo por muchos años, en septiembre de 1989 el doctor John Paddock entregó a la UDLA la cantidad de 360 millones de pesos (previos a la eliminación de tres ceros a la moneda), provenientes de las ventas del restaurante “La Sorpresa” y de los donativos recibidos.
Cabe señalar que el doctor Paddock administró el museo y la casa durante veinte años, manteniendo todo intacto. Las cuentas semanales y mensuales fueron depositadas en la Fundación Bustamante-Vasconcelos, debido a que el doctor Juan I. Bustamante, junto con destacados promotores de la cultura prehispánica, formó —por invitación de Frissell— un patronato del museo para involucrar a la sociedad civil.
En dicho patronato participaron figuras como Ignacio Bernal, discípulo de Alfonso Caso; Edwin Kennedy; el pintor Rufino Tamayo; el doctor Charles R. Wicke, y el propio Juan I. Bustamante. Posteriormente, tras el fallecimiento de algunos de ellos, se conformó un Consejo Directivo integrado por Alicia Pesqueira de Essesarte, Ernesto Miranda Barriguete, Alberto Bustamante Vasconcelos, John Paddock y Margarita Gómez Palacio, rectora de la UDLA hasta mediados de los años noventa.
Continuará.


































