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La falta de servicios médicos exhibe la crisis de Juchitán

Quince personas fallecieron en el nosocomio la madrugada del viernes. Llegaron con bajos signos vitales y no sobrevivieron.

La falta de servicios médicos  exhibe la crisis de Juchitán | El Imparcial de Oaxaca
Los traslados hacia otros hospitales de la región, hacia Tehuantepec o Ixtepec eran poco probables. / Foto: Luis Cruz

Juchitán de Zaragoza, Oaxaca

El Hospital Macedonio Benítez Fuentes es pérdida total. Se decretó desde la madrugada del viernes cuando fue evacuado por decisión de las autoridades sanitarias. Decenas de pacientes quedaron a la intemperie, pasaron la noche sobre camillas al aire libre y cuando despertaron, los que durmieron, permanecían ahí… hasta casi llegado el mediodía del viernes.

Las protestas eran inmediatas. En crisis como la que desató el sismo de 8.2 grados Richter es fácil encontrar dos tipos de personas, las que hablan casi sin pedírselo y las que no hablan aunque se lo pidas. Don Francisco pertenece a la primera categoría, su molestia se generaba por la falta de organización. No hubo priorización de los pacientes que serían atendidos y la exigencia era que se llevaran al albergue primero a los ancianos. La excusa de médicos y enfermeras, que pertenecen a la segunda categoría, era la falta de capacidad para atender a los heridos.

Los números son precarios cuando se trata de la salud pública de Juchitán: en el municipio hay tres ambulancias del gobierno, una del DIF y dos del nosocomio Benítez Fuentes, el único en el municipio. Los pacientes, numéricamente superiores a las ambulancias, estaban desesperados.

Doña Bernarda, madre de Francisco, se fracturó una pierna y un hombro. Una tablilla, vendajes y suero fue todo lo que obtuvo para su tratamiento afuera. Adentro, acusaron familiares de los afectados, la situación era muy similar antes del sismo, no había medicamentos ni aire acondicionado. El director del nosocomio, Benito Marín, acusó uno de los familiares, “dice que no es su culpa, sino del gobierno del estado, que no le da dinero para atender el hospital”.

“Lo que él debiera hacer es plantarse frente al gobernador y decirle que necesita recursos para el hospital, es su obligación”, asegura un familiar de don Ismael, que convalecía en el terreno frente al hospital a donde fueron colocados los heridos. Lo único que habían comido hasta esa hora era panes que llevó una congregación religiosa.

Familiares de los heridos acusaron la falta de coordinación de las autoridades municipales, que desconocían cómo actuar en una emergencia como ésta.

Los traslados hacia otros hospitales de la región, hacia Tehuantepec o Ixtepec eran poco probables, porque antes de mediodía se desconocía si contaban con energía eléctrica.

15 personas fallecieron en el Macedonio

Quince personas fallecieron en el nosocomio la madrugada del viernes. Llegaron con bajos signos vitales y no sobrevivieron.

Las personas que permanecían internadas fueron llevadas a un albergue médico improvisado en la cancha de baloncesto de una escuela privada. Las condiciones aunque un poco mejores que al aire libre, estaban lejos de ser óptimas.

Ahí estaba ahora Francisco, preocupado por la “buena” noticia de que su madre sería dada de alta pronto. El dolor de doña Bernarda había bajado considerablemente y se sentía con mejor ánimo, su preocupación era ahora su casa, cuarteada y desvencijada, de la que cayó una pared completa construida con uno de los blocks que cayó sobre su pierna. El alta médica significaba para ella y para su hijo la intemperie.

Otros heridos que recibieron el alta médica deseaban regresar a sus casas, pero no encontraban en qué. Solo algunos afortunados encontraban espacio en una ambulancia, otros eran transportados en taxis, en camionetas particulares y otros en la batea de una pick up de la Policía Municipal, como doña Hilda, que se fracturó la cadera tras una caída durante el sismo.

Con vendas que intentaban ser amarrados a la camilla, enfermeros le daban instrucciones a uno de sus familiares para mantenerla tranquila en el trayecto. Requería una intervención quirúrgica pero no existían las condiciones y le pidieron que se fuera a su casa.

Un parto en suspenso

Alba y su esposo llegaron al albergue médico, fueron trasladados a una clínica particular y, sin ser atendidos, regresaron a la cancha de basquetbol. Con 38 semanas de embarazo requería de una cesárea para dar a luz.

En el albergue una enfermera la acompañó a su camilla, otra de inmediato colocó una sábana para cubrirla. Como almohada colocó una bolsa grande en la que guardaba algunas de sus pertenencias. También para ellos salir del albergue significaba regresar a una casa destrozada.

¿Y Celestino? ¿Y Narro?

Entre una multitud de funcionarios que acompañó al presidente Enrique Peña Nieto y al gobernador Alejandro Murat en el palacio municipal de Juchitán, no aparecieron los encargados de salud pública, ni el secretario de Salud estatal, Celestino Alonso Álvarez, ni el titular de Salud federal, José Narro. Estaba hasta el secretario de Educación Pública Aurelio Nuño Mayer, pero nadie que pudiera resolver la situación de doña Hilda, de don Isaac o de doña Eusebia.

En su discurso sobre los escombros del ayuntamiento, Peña Nieto anunció que como apoyo médico serían enviadas seis unidades móviles, de las cuales, hasta ese entonces solo habían llegado dos sin que iniciaran a operar. También fue enviado a Juchitán un tráiler-hospital del cual la tarde de ayer aún se esperaba su arribo.

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