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Shinzaburo Takeda y la universalidad del ser

Como un nahual, el protagonista de la ópera prima de Ya’asib Vásquez es un pintor en constante descubrimiento y transformación

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Oaxaca de Juárez, Oaxaca

En los años 60, un japonés viene a México para aprender del muralismo que en esa época cobra auge. Su plan es permanecer un año y luego volver a su tierra. Sin embargo, aquel descendiente de samuráis cambia su decisión y el año se convierte en varias décadas, casi cuatro de las cuales transcurren en Oaxaca.

Shinzaburo Takeda, artista que se asume como oaxaqueño y japonés, es como el nahual que adopta varias formas según su voluntad. Pero también un animalito que quiere ser un humano, como lo menciona en el documental que lleva su nombre. En Takeda, el artista enfrenta una batalla consigo mismo para saber quién es y cuál es su identidad. Y es que con el actual Japón no se refleja, pues lejos de la velocidad que ahí gobierna, prefiere la contemplación, como la que hay en sus recuerdos y en los pueblos de Oaxaca.

Con casi 40 años en los que ha conocido los Valles, la Costa y el Istmo de la tierra en que le gustaría morir, Takeda se ha vuelto un oaxaqueño más, un maestro y guía que se ve en quienes llama sus “hijitos” (sus estudiantes).

“Esta universidad es mi casa, donde nací, crecí y maduré”, dice el artista plástico sobre la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, a donde llegó en 1978 y en la que por varios años ha enseñado artes plásticas.

El documental Takeda, ópera prima de Ya’asib Vásquez Colmenares se presentó en Cinépolis, como parte de la octava edición del Oaxaca FilmFest, desarrollado del 6 al 13 de octubre. Con tres funciones, la pieza se proyectó de manera oficial en Oaxaca, en una sala comercial y a la par de películas propias de ese circuito.

A pesar de las circunstancias en que se ha dado el festival, Ya’asib se dijo emocionado por presentar la película en el estado y compartir con el público los tres años de trabajo que implicó.

Como el documental, un género abierto en el que la historia se va construyendo conforme el entorno, la vida del protagonista es un recorrido que con planos muy cerrados y otros muy abiertos lleva al espectador al interior de Takeda, pero también lo acompaña en esa inmensidad de la que es parte.

El documental, en auge

En México y en Latinoamérica hay un movimiento muy interesante de documental, cuenta Ya’asib, quien percibe en el género diferentes miradas en el mundo, en las que los latinoamericanos conciben la vida y la narran a partir de éste.
Yaasib es director de fotografía, pero tiene un gusto por el documental, género que describe con un auge especial en México. Muestra de ello son las historias contadas por Maya Goded (Plaza de la Soledad), María José Cuevas (Bellas de noche) o Tatiana Huezo (Tempestad).

La lucha con el cine comercial

Sin embargo, es un género que -explica- guarda una lucha complicada con el cine comercial que acapara las salas y porque se carece de una cultura para apreciar otro tipo de expresiones artísticas, en parte “por la misma educación a la que estamos condicionados y porque tenemos un monstruo en cine, Estados Unidos”.

Por ello, el realizador oaxaqueño ve importante fomentar más foros de cine y expresiones visuales, a la par de un respeto y vínculo con los programadores o la gente que proyecta.

“Tendría que haber un impulso, más allá del gobierno, un impulso real de los exhibidores, de hacer realmente que el cine sea productivo, porque de la inversión real que se hace de las películas y de la taquilla que pagas al cine a veces sólo llega un peso al productor, por eso es que muchas veces las películas no son redituables y no hay una inversión privada para ellas”.
En el momento en que esto se dé y haya un diálogo más horizontal –agrega- podrán verse diferentes expresiones de cine. Aunque también cree relevante el papel del público, en tanto se atreva a ver otras propuestas y no sólo las películas de acción o las comedias románticas.

Que Takeda se haya exhibido en un cine comercial significa mucho para la comunidad, no sólo artística, sino de Oaxaca, señala Ya’asib, pues el que un oaxaqueño (ya sea zapoteco o mixteco) se vea reflejado en una sala de cine, con un trabajo realizado y diseñado de esa manera y no por casualidad, es ejemplo de que se pueden hacer las cosas, de que se puede proyectar al lado y a la par de una película de alto presupuesto.

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