De acuerdo con la página Web Valor Tamaulipeco (Periodismo Digital a favor de los gobernados no de los gobernantes) poco antes de 2010, la que fuera una de las más tranquilas entidades del país, Colima, se descompuso por la violencia.
Históricamente, las acciones de grupos de criminales dedicados al tráfico de drogas, precursores químicos y el contrabando, se había acotado exclusivamente al puerto de Manzanillo y los aterrizajes de aeronaves con mercancía dudosa a Tecomán. Cuando mucho se sabía que narcotraficantes como Manuel Salcido Uzeta “El Cochiloco” habían elegido el Estado en los años ochenta como sitio de descanso.
En la actual década, la llegada e instalación del CJNG en ese territorio convirtieron a Colima en una de las entidades más sangrientas. Comala, como la mayoría de los pueblos mágicos del país, también llamó la atención del crimen organizado y ahí se asentó una de las células más fuertes del clan delictivo, a través de José Bernabé Brizuela Meraz, a quien -no por nada- indistintamente le apodaban “El Animal”, “La Bestia” y “La Vaca”.
Información de inteligencia militar permitió al Ejército conocer las actividades de tal jefe de plaza en 2013 y, en un operativo con agentes encubiertos, el 23 de mayo, pudieron apresar a Brizuela y su mujer, Lorena Sánchez Rodríguez, en una residencia de la calle Morelos, sin número, en el centro de la ciudad, caracterizada por sus fachadas blancas. Antes, los soldados tuvieron que someter a otros cuatro individuos que se oponían al arresto y portaban armas largas con aditamentos lanzagranadas calibre 40.
Durante la persecución dentro del inmueble, una habitación se incendió, pues unas velas encendidas a frente a una imagen de la Santa Muerte cayeron sobre unas cobijas, propagándose el fuego. “El Animal” traía fajada una pistola calibre 380 Pietro Beretta con silenciador y nueve balas en su cargador. Se identificó como el jefe de plaza y ofreció 5 millones de dólares a cambio de su libertad, dinero que podía solicitar a una hermana que funge como contadora del grupo criminal.
En la finca de varios niveles, valuada en 2 millones 492 mil pesos, las autoridades castrenses aseguraron tres granadas de fragmentación en un sillón, aparatos de radiocomunicación Nextel, celulares, una lap top HP, varias tarjetas SIM, una libreta tamaño profesional que contenía anotaciones al parecer relacionadas con las actividades de la organización delictiva y dos automotores. Se localizó una habitación utilizada para maquilar la droga conocida como “cristal”, de la que había tres kilos 445 gramos. En una caja había otro kilo 265 gramos de la misma sustancia granulada y en una bolsa de plástico, más “cristal” con peso de 985 gramos.
De los detenidos, al menos tres eran oriundos de Tijuana, quienes fueron contratados inicialmente en la frontera para vender droga del CJNG y luego fueron jalados a Colima para realizar funciones similares en diversos inmuebles rentados como casas de seguridad y “tienditas”. También participaban en secuestros y llegaron a matar a algunas de sus víctimas, según sus declaraciones.
El 5 de noviembre de 2014, Óscar Torres Mercado, Juez Tercero de Distrito del Centro Auxiliar para Extinción de Dominio, declaró procedente la adjudicación del inmueble a favor del Gobierno Federal.
Por su parte, Brizuela Meraz fue sentenciado el 28 de octubre de 2016 a 34 años de prisión como responsable de delitos contra la salud, delincuencia organizada, portación de arma de fuego, posesión de cartuchos y granadas de uso exclusivo del Ejército, además de portación de arma de fuego sin licencia.
Derrota judicial
El mismo juzgador propinó un revés a la Procuraduría General de la República en sentencia dictada el 17 de febrero de 2015, al resolver como improcedente la acción de extinción de dominio sobre casi 26 millones de pesos y una suma en dólares asegurados a Rubén Oseguera González “El Menchito”, hijo de Nemesio Oseguera “El Mencho”, tras su primera detención en Zapopan, Jalisco, el 30 de enero de 2014.







































