La mañana avanzaba sin sobresaltos en la autopista Barranca Larga–Ventanilla cuando un estruendo metálico quebró la rutina. En plena maniobra para recuperar un tráiler siniestrado, un operador de la empresa Grúas Fuentes encontró la muerte de la forma más brutal: un cable de acero reventó y lo golpeó de lleno en la cabeza.
EL ANTECEDENTE, UN ACCIDENTE PREVIO
La mañana del jueves 22 de enero se reportó la volcadura de un camión que transportaba cerdos sobre la pista Barranca Larga–Ventanilla, a la altura del kilómetro 45, pasando San Pablo Coatlán.
De acuerdo con los primeros reportes, la unidad quedó volcada varios metros al fondo de un barranco y con las llantas hacia arriba. Autoridades y cuerpos de auxilio se dirigieron al lugar para abanderar la zona y realizar las maniobras correspondientes para rescatar a los animales y al conductor de la unidad.
Uno de los servicios que llegó para el rescate de la pesada unidad fue una grúa de la empresa Grúas Fuentes, conducida por un hombre identificado con las iniciales D.A.L.M.

EL MOMENTO TRÁGICO
Testigos relataron que el trabajador de la grúa llevaba varios minutos lidiando con la pesada unidad volcada que transportaban cerdos, ajustando tensiones y asegurando puntos de enganche, cuando de pronto el silbido seco del cable anunció la desgracia. El latigazo de acero salió disparado con una fuerza descomunal, impactándolo en el cráneo y derribándolo de inmediato sobre el asfalto.
Para cuando personal de auxilio alcanzó el punto, ya no había nada qué hacer. El operador yacía sin vida, mientras sus compañeros, aún aturdidos por la escena, intentaban comprender cómo una jornada más en carretera terminó convertida en tragedia.
Automovilistas que circulaban por la zona se detuvieron incrédulos ante el operativo de cierre parcial y el ir y venir de autoridades que realizaron las diligencias correspondientes y el levantamiento del cuerpo.
La muerte del trabajador no sólo paralizó las maniobras de rescate: dejó un silencio tenso y una profunda consternación entre colegas que, acostumbrados al riesgo, saben que a veces un solo chasquido puede cambiarlo todo.







































