Los hechos ocurridos hace unos días en algunas ciudades de Guanajuato, Jalisco, Chihuahua y Baja California, muestran con claridad la conversión del país en un sitio sin ley. El narco-terrorismo; el narco-Estado. Esta realidad ya no se puede rebatir culpando a los de atrás; a los adversarios, a los neoliberales o conservadores. Ni a la publicidad ni a la propaganda. Es el fracaso simple y llano de una política de seguridad que da más prioridad a lo político electoral, que a la paz social y la gobernabilidad. En Oaxaca no estamos mejor. En el tema de seguridad parecen haber dos visiones encontradas. La que a menudo manejan las autoridades. De que somos no de las diez sino de las nueve entidades más seguras del país. Y la que se da en el imaginario colectivo. En los diversos sectores sociales hay preocupación por la extorsión, el cobro de piso, el secuestro y el crimen. Consideran imprudente seguir con el viejo mito de la entidad segura.
En una de las clásicas mañaneras del presidente de México, se mostraron imágenes de las cinco entidades con más homicidios el fin de semana previo. Y Oaxaca ocupó el cuarto lugar. Trece homicidios dolosos en menos de 72 horas. Ha habido semanas con 15 o 16 homicidios y el recrudecimiento de la inseguridad en regiones que antes no tenían importante incidencia delictiva. Pese a ello, tal parece que acabaremos esta administración con funcionarios repitiendo como loros, algo que la sociedad se niega a aceptar. La entidad no es un Edén de seguridad y relax, con cientos de feminicidios que no se han esclarecido; con centenas de desapariciones y al menos 310 homicidios de hombres y mujeres con arma de fuego, sólo en el primer semestre del año. De ellos, señaló una fuente castrense, 169 tuvieron que ver con grupos criminales que se han asentado en la entidad.
Las autoridades norteamericanas han recomendado a sus connacionales no viajar a ciertos estados del país. Para Oaxaca piden extremar precauciones. Y no sólo por la inseguridad e índice delictivo, sino también por los bloqueos carreteros, las amenazas a la libre circulación y la agresividad de militantes de organizaciones sociales cuya “lucha” ha derivado en extorsión, chantaje y hasta amenazas físicas. No somos un estado de excepción, pero tampoco la “Utopía”, aquella famosa isla imaginaria que creó Sir Thomas Moore, en donde todos vivían felices y contentos. La prudencia y la verdad no están reñidas.
Patrimonio histórico en riesgo
Cuando se toca el tema de algunas viejas casonas del Centro Histórico, que están en condiciones físicas lamentables y a punto de colapsar, de inmediato surgen los comentarios en torno a lo oneroso que resulta su rehabilitación y reconstrucción. Además, del Calvario que implica el cumplimiento de las normas y restricciones que imponen dependencias oficiales, particularmente el Instituto Nacional de Antropología e Historia -el INAH-. Sin embargo, todo indica que en los últimos tiempos, cualquiera puede destruir, demoler, remodelar y poner en serio riesgo nuestro patrimonio histórico y monumental, ante la mirada complaciente de la autoridad reguladora. O las leyes devinieron más laxas o, simplemente, ante la evidencia hay que nadar de muertito. Nos referimos a la destrucción de un muro del ex Convento de las Carmelitas Descalzas, en donde se construyó el llamado Centro Gastronómico.
Esta acción contrasta con la política que se instrumentó en el actual gobierno, de rehabilitar y dignificar sobre todo templos católicos que resultaron afectados por los sismos de los años 2017, 2018 y 2020. Pero, también, con cruzadas emprendidas por algunas organizaciones de la sociedad civil, como los Amigos del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca -IAGO- de promover, con el apoyo de ciudadanos altruistas, la elaboración de una reja lateral al templo de San Felipe Neri, cuyo atrio se ha convertido en excusado público. La destrucción de nuestro patrimonio monumental no es un secreto. Ha sido una constante desde hace décadas. ¿No acaso hay adefesios de edificios construidos desde hace décadas, que contrastan con el entorno colonial que caracteriza a nuestra Centro Histórico? Hoy mismo, la fiebre comercial ha hecho que inmuebles catalogados tengan pegostes que no corresponden a su originalidad. Pero ni la dependencia respectiva del ayuntamiento de la capital ni el INAH dan de brincos.
Al paso que vamos, no hay duda que en breve sólo quedarán los cimientos de ese patrimonio monumental y nuestros edificios, testigos fieles de siglos de historia, convertidos en antros, restaurantes de moda, estacionamientos o en predios a punto de venirse abajo. El uso del suelo convertido en una caricatura y los reglamentos en simples ficciones que nada tienen que ver con la conservación de ese legado que nos dejaron nuestros ancestros y que ellos, siglos atrás, trataron de conservar. O hay piso parejo para todos o el tráfico de influencias y el conflicto de intereses serán la pauta a futuro.

































