En menos de cuatro meses concluye la administración federal de Enrique Peña Nieto y la construcción de las autopistas a la Costa y al Istmo de Tehuantepec siguen sin avanzar, pese a la determinación de gobernador Alejandro Murat Hinojosa de reactivar los trabajos.
Al inicio de la gestión estatal se anunciaron más de 2 mil millones de pesos para concluir la carretera Oaxaca-Istmo y 2 mil 800 para concluir la autopista Oaxaca- Costa, pero no se han reanudado los trabajos.
A no dudar, ambos proyectos constituyen una de las principales demandas de los oaxaqueños, toda vez que detonarán el desarrollo social y económico del estado, agilizarán el traslado de personas y mercancías desde la capital oaxaqueña, y reducirán los tiempos de recorridos actuales de 4.5 horas a sólo 2 horas. La construcción de la autopista Oaxaca-Puerto Escondido en el tramo Barranca Larga- Ventanilla, tipo A-2 de altas especificaciones de 104.2 kilómetros, se debió concluir en julio de 2015. Con una inversión de 5 mil 254.5 millones de pesos.
En la autopista que va de Oaxaca al Istmo, se han invertido más 9 mil 318.2 millones de pesos, con el compromiso de concluirla en diciembre de 2015, a través del esquema de PPS. El objetivo es ofrecer una mejor comunicación con la región del Istmo de Tehuantepec y los estados vecinos de Chiapas y Veracruz, además de ofrecer un mejor acceso a la zona Mixe, impulsando el desarrollo turístico de la entidad.
La conclusión de las dos carreteras permitirá abatir el rezago que existe en las vías de comunicación terrestre y propiciar el desarrollo de la entidad, reactivar las actividades económicas e incrementar las oportunidades de empleo y el acceso a servicios como salud y educación, acortando distancias entre cada uno de nuestros 570 municipios y más de 10 mil localidades. De ahí la trascendencia de acelerar el reinicio de los trabajos para concluir en el menor tiempo posible estas obras de infraestructura.
Debido a la orografía agreste de nuestro estado, contar con estas importantes autopistas ayudarán a incorporarse al progreso ya desarrollo a más oaxaqueños, además de otras acciones que ayuden a mejorar los caminos de las comunidades de mayor rezago social, programas prioritarios de autopistas y libramientos, así como de mejoramiento inmediato de la infraestructura vial para la zona metropolitana de Oaxaca.
Precios al alza
El aumento de precios en comida pega más a las familias de menores ingresos, debido a que la gente que tiene menos recursos, destina más porcentaje de su ingreso a la adquisición de alimentos básicos. Esto ha disparado los precios de la canasta básica, la cual está compuesta por 80 bienes y servicios agrupados en alimentos, bebidas, ropa calzado y accesorios. Vivienda, muebles, aparatos, accesorios domésticos, salud, cuidado personal, transporte, educación y esparcimiento, así como otros servicios.
Es indudable que la pobreza desde el punto de vista de los ingresos laborales ha aumentado. En 2006 el porcentaje de la población que no podía adquirir la canasta alimentaria (955 pesos al mes en zonas rurales y mil 335 en zonas urbanas) con el ingreso laboral de su hogar fue de 59.7 por ciento, para 2016 de 63.2 por ciento. Oaxaca es el segundo estado con mayor porcentaje de su población en esta condición, después de Chiapas.
El Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP) en el primer trimestre del año presentó una variación positiva de 0.5 por ciento anual en el país; 18 estados también mostraron incrementos en el indicador, de acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social. Lo anterior significa que si el ingreso laboral aumenta más que el valor de la canasta alimentaria, el poder adquisitivo del hogar mejora y el ITLP baja y viceversa.
El gasolinazo y el aumento del gas LP provocaron que el precio de varios productos subiera en mayor medida que el salario, lo que derivó en que el poder adquisitivo de las familias disminuyera. En la actualidad, un trabajador con salario mínimo tiene que trabajar 24 horas y 31 minutos para comprar los alimentos básicos para su familia. Una jornada extenuante si se considera que en 1987, solo era necesario trabajar cuatro horas y 53 minutos para adquirir los mismos productos.
Las propuestas de diversas fuerzas políticas para elevar el salario mínimo a 95,24 pesos diarios, o hasta 171 pesos para el próximo sexenio, son también insuficientes, pues cuestionan qué tipo de bienestar se puede garantizar con estos ingresos. Las pérdidas se han acumulado año tras año. Y la gente más desprotegida es la más golpeada.

































