Hace unos días se constituyó oficialmente, la Comisión Intersecretarial para Prevenir, Combatir y Sancionar los Delitos en Materia de Trata de Personas, la cual está integrada por funcionarios del gobierno estatal involucrados en tareas que tienen que ver con la política interna, tareas de seguridad y de asuntos de la mujer. El objetivo es definir y coordinar una política de estado para abatir dicho delito, que ha sido considerado un flagelo, denominada “la esclavitud del Siglo XXI”. En el acto protocolario, el gobernador Alejandro Murat Hinojosa destacó que su administración tiene el firme compromiso de salvaguardar y la defender los derechos humanos todos los días, en un marco de unidad, entre gobiernos y sociedad, con el propósito de crear un frente común que combata este ilícito. Se trata de una acción encaminada a defender la dignidad humana, de la vertiente que han tomado los grupos criminales para esclavizar a mujeres y menores de edad, a fin de explotarlas sexual o laboralmente. Esperamos que la citada Comisión Intersecretarial no sea sólo un ente burocrático o simple membrete, sino que demuestre su operatividad.
Hay acciones dignas de reconocer en lo que va de la presente administración, de las que dimos cuenta hace unas semanas, como fue la liberación de decenas de indígenas chiapanecos, la mayoría menores de edad, que estaban en condiciones casi de esclavitud en la capital. No obstante hace falta investigar en centros de prostitución bajo control de la delincuencia común y organizada, en donde muchas mujeres se prostituyen para “padrotes” y “cinturitas” que operan en la impunidad. Oaxaca –y ello no es un secreto- figura entre las entidades del país en donde se presenta más el delito de la trata. Cientos de mujeres y menores indígenas son enganchados para trabajar en los campos agrícolas de Sinaloa o Baja California y son llevados ahí con engaños. Esperamos pues –insistimos- en que la citada Comisión Intersecretarial que estableció el gobierno de Murat Hinojosa cumpla con los objetivos para los que ha sido creada y penetre hasta el fondo de la problemática. La trata, es necesario subrayar, es uno de los delitos más abominables de los últimos tiempos, pero el que se opera a veces con la complicidad de las mismas autoridades, que permiten que en pleno Siglo XXI, se practique la esclavitud.
Candil de la calle
Con sorpresa y no poca indignación ha trascendido que a los migrantes que han ingresado ordenadamente al país y han decidido quedarse, se les habrá de pagar una beca mayor a los cinco mil pesos mensuales. Ello, previo a su formación en alguna actividad productiva, según trascendió de una declaración del fundador y promotor del albergue “Hermanos del Camino” en Ciudad Ixtepec. Desde el inicio del gobierno de la Cuarta Transformación, una de las críticas que se le han hecho a la política del presidente Andrés Manuel López Obrador, es ver el fenómeno de la migración centroamericana a México, sólo desde la perspectiva humanitaria y no bajo la lupa de un serio problema social y de seguridad nacional. Con las medidas impuestas por el gobierno de los Estados Unidos a nuestro país para impedir el ingreso y tránsito de indocumentados por nuestro territorio, se presume que el bien nacional está por encima de cualquier otro interés. La prioridad debe ser el país y los mexicanos no voltear para otro lado y pretender beneficiar con apoyos económicos, lo que le falta a millones de connacionales. La becas que otorgue la Federación deben servir primero a los mexicanos y después a los que migran de su país en busca del “sueño americano”.
Es innegable que el fenómeno de la migración es un tema mundial, del cual México no puede estar aislado como país de tránsito. Pero debe abordarse desde otra perspectiva no solamente con la visión paternalista, como si fuéramos el hermano mayor de países como Guatemala, Honduras o El Salvador. En el gobierno federal tal parece que las cosas no han sido analizadas en su expresión más delicada, sino que de manera simplista quisiera resolverse otorgando millones de pesos para crear fuentes de empleo en algunos de los vecinos de Centroamérica que, también sabemos, no es la solución. Tampoco lo es que nuestra frontera del sur, tan porosa como ha sido, siga siendo la puerta de entrada del éxodo migratorio sin control alguno, para que mañana pasado sean extranjeros quienes cuenten con apoyos del gobierno y no los nacionales. No se trata por supuesto de una postura egoísta ni irracional, sino realista y lógica. La casa es primero no la del vecino. No les hace falta razón a aquellos que con ironía han calificado al régimen de Andrés Manuel López Obrador, como “candil de la calle oscuridad de su casa”. Descuidar el hogar propio pero favorecer al vecino.



































