Después del proceso electoral del primero de julio y de haber obtenido un triunfo arrollador sobre sus adversarios de otros partidos y coaliciones, Oswaldo García Jarquín recibió la constancia de mayoría de parte del Consejo Municipal Electoral, que lo acredita como Presidente Municipal Electo de la capital oaxaqueña. En torno a ello, en la pasada sesión de Cabildo, el actual edil, José Antonio Hernández Fraguas subrayó que su administración hará una entrega-recepción de manera ordenada y tal como lo dispone la ley vigente en la materia. No hay que olvidar que la gestión de quienes hoy despachan en las oficinas de la Plaza de la Danza, sólo tuvieron una gestión de dos años, por lo que se considera una administración de transición. No sólo el actual edil sino la ciudadanía, espera que las obras o acciones que quedarán pendientes tengan continuación con el gobierno que entrará en funciones el primero de enero de 2019. Hay que recordar que uno de los problemas más graves que enfrentamos los oaxaqueños es que quienes encabezan cada sexenio estatal o trienio municipal, le quieren poner un sello distintivo a su gestión, por lo cual no continúan las obras del antecesor. Y así nos hemos ido en las últimas décadas de gobiernos locales.
Lo que llama la atención es que no obstante tratarse de administraciones que provienen de diverso tinte ideológico y partidista, prevalezca la civilidad y la madurez. Oswaldo ha ofrecido hacer una gestión de resultados y de transparencia. Si bien falta poco más de cinco meses para el intercambio de estafeta, es digno de encomio que se estén sentando las bases de una transición ordenada y sin sobresaltos. A Oaxaca, sobre todo a la capital, le han hecho mucho daño las disputas estériles que sólo han contribuido a vernos como una eterna postal, sin obras relevantes y dignas de reconocimiento.
El gobierno de la ciudad en este bienio ha atravesado por situaciones difíciles, sobre todo por la pobreza presupuestal. No obstante, vale la pena reconocer que no obstante sus limitaciones, se han emprendido tareas para el mejoramiento de las calles, avenidas y otros sitios. Recientemente se vieron cuadrillas de trabajadores realizando labores de bacheo y encarpetado de sitios en donde el tiempo, la lluvia o el sol han dejado boquetes en la cinta asfáltica. Se han hecho previos la temporada de lluvias, a fin de evitar accidentes y otros males.
Evaluación educativa va
El equipo del virtual presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha tenido reuniones para afinar el Programa de Gobierno con el que la nueva administración entrará en funciones el primero de diciembre. La semana pasada, hubo dos declaraciones de futuros funcionarios del equipo de AMLO que se antojan contradictorias. Por un lado, Tatiana Clouthier, quien fue la coordinadora de campaña del candidato triunfador, declaró que en torno a la Reforma Educativa no hay marcha atrás. Sin embargo, quien será titular de la Secretaría de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, admitió que durante el gobierno de López Obrador, se mantendrá la evaluación educativa. Ambas cuestiones, no contradictorias, fueron mencionadas en la campaña política de AMLO. Sin embargo, uno de los ejes de la citada Reforma que mucho se ha dicho será echada para atrás es, justamente, la evaluación, el coco de la Sección 22 y de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). La han asumido como una forma de conculcar sus derechos laborales y hostigamiento oficial para quitarles su plaza. Y ello ha sido objeto de marchas, paros, chantaje y atropellos del magisterio disidente en Oaxaca.
Desde la gira por Guelatao de Juárez, la Sección 22 –también conocido como Cártel 22- en la que el entonces candidato sostuvo que desaparecería la multicitada Reforma Educativa, echó las campanas al vuelo, incluso a los dos días del triunfo de la coalición “Juntos haremos historia”, el dirigente seccional, Eloy López Hernández empezó a exigir el cumplimiento de la palabra del presidente electo. Una exigencia desafortunada pues éste no ha tomado posesión de manera formal. A los oaxaqueños que durante 38 años hemos tolerado los abusos y atropellos por una multitud de demandas del magisterio, nos parece que el nuevo gobierno debe seguir adelante con todo aquello que implique mejorar la calidad de la educación, sea ésta calificada como reforma o como fuera. En todos lados, la evaluación al desempeño escolar es lo que debe dar la pauta para mejorar a los maestros y darles promociones laborales, no como premio en su participación en los paros, bloqueos o marchas. He ahí uno de los factores por lo cual la educación pública oaxaqueña camina a la zaga de los avances nacionales. Adelante pues con la evaluación educativa. Que ello marque la pauta del gobierno que entrará en funciones con más de un millón y medio de educandos de Oaxaca.

































