Las decenas de problemas agrarios en la Sierra Sur, particularmente en los distritos de San Carlos Yautepec, Miahuatlán y Sola de Vega, o en los distritos de Ejutla de Crespo y Tlacolula de Matamoros, no son sólo los asuntos de territorio y límites, sino la siembra de estupefacientes. Ello no debe ser perdido de vista por las autoridades al tratar de dilucidar los móviles de la emboscada que sufrieron pobladores de Santa María Ecatepec de parte de sus vecinos de San Lucas Ixcotepec, el lunes por la tarde, con un saldo mortal de 12 muertos y heridos. Hace poco más de un año se dio un hecho similar en la misma zona. Varios vecinos de Chiechapa fueron asesinados por sus vecinos de otra comunidad. A nadie sorprende la saña con la que actúan unos en contra de los otros, salvo la rentabilidad de los cultivos ilícitos y el dinero que hay detrás. Justamente una semana antes del proceso electoral del pasado primero de julio, en las inmediaciones de Yogana, Ejutla de Crespo, fueron emboscados el entonces candidato de MORENA a la diputación local, Emigdio López Avendaño y cuatro colaboradores más, en la acción de un grupo armado en el que no se descartan móviles ligados al negocio del narcotráfico.
Las autoridades ministeriales deben ir a fondo en las investigaciones y que este crimen múltiple entre pueblos vecinos no quede en la impunidad. Que no nos vengan con que se montará una mesa de diálogo para resolver el diferendo. Ahí hay mar de fondo y todo mundo en la zona lo sabe. No es la siembra de maguey ni la explotación de los recursos forestales. La Sierra Sur está como en Guerrero, infestada de cultivos ilícitos, los cuales se defienden –ya lo vimos- con el asesinato y la muerte de los intrusos. Este crimen múltiple no puede quedar en la impunidad. Ningún tipo de negociación o diálogo puede hacerse para evadir la acción de la justicia. Es cierto que en la entidad hay más de 300 conflictos agrarios vivos y que no se percibe interés político para irlos desactivando, dado que se ha optado por fórmulas engañosas como es la firma de acuerdos de paz, lo que es infantil, dado que dichos conflictos se remontan a varias generaciones que han vivido velando armas. Se requiere de una política de fuerza y aplicación de la ley sin restricciones y no solamente administrar la problemática agraria.
Inseguridad, el pan cotidiano
La seguridad está rebasada en la entidad, y es cierto que a nivel federal el alza en la tasa delictiva es uno de los principales problemas que padece el mexicano, sin embargo, los tres niveles de gobierno han intentado resarcir el daño sin tener un avance notorio. En Oaxaca, la demanda de seguridad es constante y diaria en todos los aspectos a la actual administración de Alejandro Murat, al secretario de Seguridad Pública, José Raymundo Tuñón Jáuregui y al fiscal general Rubén Vasconcelos Méndez, ya que los oaxaqueños estamos viviendo en una de las peores épocas. El pasado fin de semana, mientras la capital celebraba el tequio encabezado por el ejecutivo estatal y realizado por los trabajadores y algunos titulares de las dependencias estatales, se reportaron nueve asesinatos en diferentes regiones del estado, esta terrible situación se ha vuelto cada vez más cotidiana, la inseguridad está presente en el estado en general. ¿Cómo pretender que todo se encuentra en perfecto orden? si las cifras cuentan la verdadera narrativa en la que se encuentran las ocho regiones, en donde de enero a mayo de este 2018, la incidencia delictiva es de 17 mil 679 presuntos delitos registrados.
Las imágenes de homicidios y asaltos inundan las redes y medios informativos en contraste con la publicidad gubernamental que sólo está poniendo algarabía e imágenes festivas, es urgente que se trabaje por el bien de la ciudadanía y que se dé seguridad a los locales y turistas nacionales e internacionales que visitan nuestra entidad, y que asistirán a la Guelaguetza. Antes, las calles del Centro Histórico eran seguras, pero, con la constante demanda social de los grupos, se ha poblado de delincuencia y a diario se cometen atracos sin distinción alguna en diferentes puntos de la ciudad. No existe seguridad para transitar tranquilamente por la capital y menos por las diferentes ciudades del estado, en donde cada semana hay asesinatos, asaltos y secuestros. Las cifras hablan por sí solas, y las autoridades saben que están rebasadas por la inseguridad, los homicidios se incrementan cada vez más en comparación con 2017; en marzo de este año se cuantificó que en el estado existía un aumento del 15% de asesinatos con respecto a la misma fecha del año anterior. Las disputas de tierra, la miseria, el hambre, el hartazgo social, la falta de empleo y la pobreza, son algunos de los detonadores de estos actos delictivos de los cuales cualquiera en Oaxaca puede ser víctima.

































