El pacto social que origina al Estado establece que los individuos reconocen la autoridad y ceden un poco de su libertad a un gobierno, a cambio que éste regule la convivencia y brinde protección a la vida, la seguridad y los bienes de las personas. Este pacto da a las personas el carácter de ciudadanos, sujetos de derechos, pero también de obligaciones. El ciudadano tiene voz y voto en la vida pública. Los gobernantes llegan al poder a través del voto libre y secreto de los ciudadanos en su carácter de electores. Una vez que el gobernante asume el poder gobierna para todos los ciudadanos sin distingo de ningún tipo. Cualquier trato desigual que el gobernante haga se vuelve discriminación, violencia política o simplemente una injusticia.
En la toma de decisiones, el gobernante debe ser sabio y buscar los equilibrios.
Cualquier decisión tomada conlleva, un beneficiado y un afectado. Las decisiones se guiarán por la verdad y la justicia. La injusticia se da cuando los beneficiados o los afectados, deliberadamente siempre son los mismos, por conveniencias o por intereses particulares. El Estado y su gobierno deben velar por los intereses de todos, creando las condiciones para que cada persona, con respecto a su libertad tenga las condiciones para lograr su plenitud y trascendencia, es decir, su felicidad.
En otras palabras, el Estado y el gobierno deben buscar el bien común.
Aunque en el discurso se dice que se gobierna para todos, lo cierto es que cada administración tiene un grupo selecto quienes se ven beneficiados por la orientación de las políticas públicas y decisiones gubernamentales.
Cada administración tiene a sus amigos, esos a quienes Benito Juárez decía: “a los amigos justicia y gracia, para los enemigos la ley a secas”.
Durante la etapa del presidencialismo (1935 – 1997), el poder hegemónico lo ostentaba el PRI, los equilibrios se lograba favoreciendo durante un sexenio al empresariado y el siguiente a los trabajadores. Durante la llamada época neoliberal la orientación fue hacia el mercado, excluyendo a quienes el mismo mercado excluía. Sin embargo, estos sectores excluidos fueron atendidos con programas como Solidaridad, Progresa, Oportunidades, y Progresa. Actualmente el mensaje y acciones de gobierno se orientan a los seguidores de esta administración, los llamados “Chairos”. Sin embargo, la clase gubernamental es quien se ve beneficiada, adicionalmente los empresarios de siempre.
La clase gobernante y la burocracia resultan beneficiadas en perjuicio de la ciudadanía. Desde la óptica de la presente administración, el gobernar se reduce a la repartición de dadiva oficial, al estilo Robín Hood, compartir una pequeña parte del botín para hacer cómplice a ese pueblo “bueno y sabio” sin voz. Sin órganos autónomos de carácter ciudadano que regulen, y con un poder judicial y legislativo a modo, la clase gobernante puede hacer y deshacer a manos llenas. Cualquier voz disidente será acusada de traición a la patria y callada con el poder del Estado.
El gobierno actual, gobierna con objetivos electorales para una clientela electoral.
La parte de México, para la que esta administración gobierna, es la que suele llamar Pueblo: adultos mayores, jóvenes becarios, jóvenes aprendices, agricultores pobres, pequeños negocios familiares. Quienes no votan, simplemente no existen para este
Gobierno. En esta última clasificación tenemos a los niños, a los enfermos y a los sectores extremadamente marginados.
El universo de pueblo beneficiado o clientela electoral, tanto por los programas sociales como por inversiones públicas, que el presidente creó supera los 22 millones de personas, la quinta parte de la población.
La narrativa es que quien gobierna es el pueblo; y es el pueblo, quien sostiene en el poder a los políticos que los gobiernan. En los actuales gobiernos se repite, una y mil veces, que el pueblo manda. Sin embargo, muchas decisiones gubernamentales son contrarias al pueblo, aunque el pueblo aplauda.
¿Y la otra parte de mexicanos? En nuestro país, los pueblos indígenas siguen siendo excluidos de la construcción del Estado. La clase media representa el estrato no solo excluido, sino más atacado de este sexenio. La clase media es el sector más crítico y menos manipulable, lo que representa un problema para el gobernante. Todo se resume en la sabia frase de San Agustín: “Un gobierno sin Verdad y sin Justicia sería solo una banda de ladrones”.
X: @aguilargvictorm


































