Los mexicanos y los oaxaqueños, sin duda alguna, vamos de sorpresa en sorpresa, en lo que se refiere a las declaraciones descabelladas del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador. Y no es en lo que se refiere a la consulta sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), que tantas controversias y descalificaciones ha generado o las contradicciones en torno al precio de la gasolina o en las medidas de austeridad que tal parece que nadie está dispuesto a cumplirlas, sino en el ofrecimiento de AMLO de otorgar visas a los migrantes de origen centroamericano que pasan por nuestro país en su ruta hacia los Estados Unidos de América. No se requiere ser un sabio para percatarse que dichas declaraciones no sólo son irresponsables sino que carecen de un sustento sólido. Sólo un ignorante desconoce que los niveles de empleo en el país están por los suelo y que hay millones que esperan una oportunidad de trabajo, pues hasta hoy sólo lo han hecho en la economía informal. ¿En dónde pues el presidente electo de México pretende ubicarles oportunidades de empleo a los migrantes, si ni siquiera el mercado interno laboral está del todo cubierto.
El pasado viernes, miles de ciudadanos de Honduras, Guatemala y otros países de Centroamérica burlaron el cerco policial en la frontera México-Guatemala, para internarse en el país. Se trata, obviamente, de una migración ilegal en ruta hacia los Estados Unidos, cuyo presidente, Donald Trump tiene una fobia especial en contra de todo aquello que huela a migración de México o Latinoamérica. Si bien es cierto que hay muchos panegiristas y apologistas de la migración, la cual consideran obvia y humanitaria, lo cierto es que dicho movimiento de la población de otros países puede poner a México en un serio predicamento en su relación con el país vecino. Es evidente que al flujo migratorio esto lo tiene sin cuidado, pero el asunto no es nada fácil. El hecho de que Trump haya enviado al país a su Secretario de Estado con la abierta amenaza de militarizar la frontera, a los primeros que habrá de afectar es a los mexicanos que luchan una y otra vez por pasar “al otro lado”. Es más, ahora más que nunca el tema del muro fronterizo vuelve a ponerse en la agenda bilateral. Es pues, no sólo un tema migratorio el paso de la caravana de migrantes centroamericanos por México y la descabellada idea de darles visa de trabajo, sino además un serio problema para el país.
Saqueo impune
Cuando se analiza en perspectiva en trillado tema de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, Guerrero, saltan de inmediato los móviles que pudieron haber sido los ejes de un ilícito de esa magnitud. Se trata de un hecho inédito que de manera burda y torpe fue capitalizada por el gobierno de Enrique Peña Nieto, sin haber sido éste, de manera directa, el responsable de la desaparición, habida cuenta que se trató de una acción concertada de grupos criminales. La versión más cercana a la realidad ubica a los jóvenes secuestrando autobuses de pasajeros y haciendo lo que siempre hacen: jugarle al héroe, aún a sabiendas de las arenas movedizas que pisaban. La responsabilidad plena está en la actuación del presidente municipal de Iguala, Guerrero y los grupos criminales que monopolizan la producción de goma de opio en el país y en Latinoamérica. La pregunta, sin embargo, es: ¿Qué hacían exactamente los jóvenes normalistas en el lugar equivocado en el momento equivocado, para que una tragedia de esa magnitud llegara a ocurrir? Porque muchos hemos visto el caso con un gran escepticismo.
Pues bien, no obstante la dura lección que recibieron los padres con este suceso tan trágico y doloroso, las redes sociales se dieron vuelo el pasado jueves para dar cuenta de un hecho a todas luces ilícito, el cual hizo parecer a un grupo de mujeres de la Escuela Normal Rural “Vanguardia”, de Tamazulapan del Progreso, como viles delincuentes. No sólo fueron fotografiadas sino video-grabadas cuando saquean una camioneta de jugos enlatados y, posteriormente, otro vehículo de una conocida tienda de modas. Con un cinismo sólo aceptable en un país en donde la impunidad campea, el viernes pasado emitieron un comunicado en donde, emulando a los grupos armados, aceptan haber saqueado el vehículo y vaciado su carga, “como apoyo alimentario de compañeras en lucha”. Es decir, están aceptando el hurto y afirmándose como viles asaltantes de vehículos en las carreteras de la entidad. Se trata de un hecho que debe ser castigado conforme a derecho, habida cuenta de que dejarlo impune puede sentar un mal precedente para el futuro. Está por demás decir, que desde el affaire que hemos mencionado, tal parece que estas delincuentes juveniles siguen empeñadas en ser las siguientes víctimas de casos como el de Ayotzinapa, pues todo apunta a que no han aprendido la lección.


































