Ha habido tal abandono de la Federación que con justa razón nos hemos asumido “los patitos feos”. En lo que se refiere a obras carreteras y de gran calado, hemos estado olvidados. Si pensamos que la visita del presidente AMLO permitiría destrabar los obstáculos y buscar la reasignación de recursos para dichas obra paralizadas de manera burda, nos equivocamos. Si soñamos en que el Ejecutivo federal habría de solicitar una ampliación presupuestal para concluir esos viejos anhelos de los oaxaqueños, sobre todo la del Istmo, que sería el corolario adecuado del Proyecto del Tren Interoceánico que tiene previsto desarrollar el gobierno federal, también erramos. No puede pensarse en un proyecto de tal envergadura con una carretera del siglo XIX. Sin duda hay avances, sólo falta voluntad política para darle la dimensión que en realidad tiene la vía a la Costa para el despegue del turismo en Huatulco y Puerto Escondido o la del Istmo, para el desarrollo de ese rico potencial que tiene la franja istmeña, considerada la cintura de México y en la mira de las grandes potencias. Pero es urgente ya su realización antes de que los costos se sigan incrementando y terminen como obras económicamente inviables.
La dilación para la continuación y conclusión de las obras carreteras de referencia es digna de anécdota. En la vía al Istmo han pasado cuatro gobernadores sin que se concluya; en la vía a la Costa van tres. Vienen los presidentes, incluyendo Andrés Manuel López Obrador, y sólo nos dan palmadas, esperanzas y compromisos, que no llevan a ninguna parte, en tanto no se concreten en hechos reales. Hay que recordar que el gobernador Alejandro Murat tuvo en su campaña la esperanza de concluir dichas obras en 15 meses. Han pasado dos años y medio de su gobierno y no se ve que las mismas hayan avanzado un ápice. Y ello se debió a que había –se dice- una gran cercanía con el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto. Ni siquiera ello permitió destrabarlas, pues las empresas de la construcción que han participado en las citadas obras carreteras o han quebrado o simplemente no han podido con el paquete. Omega, ICA, Tradeco, Carso, etc., han argumentado una y mil razones para no concluir las obras que se les han asignado. Se ha dado pues una especie de excesiva tolerancia con las empresas que han reiniciado las obras y tampoco las han terminado.
¿Connivencia oficial?
La única explicación posible para constatar la visión tan superficial de la autoridad en torno a la impunidad que hay en los sindicatos del transporte es que existe connivencia, es decir, una especie de complicidad que le permite a sindicatos y confederaciones que regentean el transporte, actuar con absoluta confianza quebrantando la ley y el orden. A los pocos días del zafarrancho que generaron el Sindicato Libertad y la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), el pasado 25 de junio, con el resultado de dos muertos, heridos y decenas de unidades siniestradas, el gobernador Alejandro Murat reconoció en la ceremonia de la toma de protesta del nuevo Comité Directivo de la Cámara Nacional de Comercio (Canaco-Servytur), que preside Ernesto Gutiérrez, que muchas cosas buenas están por venir a Oaxaca, una visión simplista de lo que en realidad estamos viviendo: falta de obras, un nivel de desempleo preocupante, descapitalización, falta de apoyos, terrorismo fiscal, pero sobre todo, una inseguridad preocupante en la capital y en ciertas regiones del estado en donde la muerte tiene permiso.
El argumento de que Oaxaca vive una paz nunca vista ya lo hemos criticado en este mismo espacio. Creemos que no se puede ser tan irresponsable para afirmar algo que cualquier vecino puede rechazar con argumentos sólidos. Según datos que recogió una fuente periodística, la estadística de homicidios dolosos ha crecido de manera impresionante en el estado, sobre todo en tierras de nadie como el Istmo, Tuxtepec o Valles Centrales. Por ello criticamos mucho al anterior titular de la Secretaría de Seguridad Pública, porque seguramente no le informan al gobernador la realidad lacerante que en la materia se vive en Oaxaca. Lo más simple es informarle de tantos borrachos asegurados en los operativos de alcoholímetro o armas decomisadas a campesinos o vehículos con reporte de robo rescatados, pero no se le da a conocer la realidad de los homicidios dolosos y el impacto que han tenido en la seguridad pública en la entidad. En el caso del transporte y de los sindicatos que los controlan a sangre y fuego, a leguas se advierte una connivencia criminal, en la que estarían involucrados mandos policiales. Y ello ha salido a la luz de manera esporádica, en grabaciones y filtraciones, pero en tanto no haya voluntad política para hacer los cambios a fondo ahí, todo seguirá igual o peor.



































