Oaxaca es un estado rico en recursos naturales, monumentos arqueológicos, Arquitectura magnífica ─del tiempo del Virreinato─, artesanías, costumbres y tradiciones.
Lo anterior nos hace un estado eminentemente turístico que debe evolucionar enriqueciendo permanentemente las ofertas para los visitantes nacionales y extranjeros.
Para cumplir con este propósito la tradición de los Martes de Brujas se celebra en las noches de los martes de Cuaresma a 5 kilómetros de la ciudad de Oaxaca, en Santa Cruz Xoxocotlán.
Santa Cruz Xoxocotlán, Xoxo; es una ciudad de Oaxaca que se localiza en el distrito del centro, al sur de la capital, sobre la carretera a Zaachila; forma parte de su Zona metropolitana y pertenece a la región de los Valles Centrales.
Para atrevernos a enfrentar el miedo individual y el colectivo a lo que consideramos superior a la muerte, al tiempo y al espacio, nos unimos y nos hacemos solidarios.
Estas fuerzas misteriosas y desconocidas nos ponen los pelos de punta; hacen que nos castañeen los dientes, que sudemos y temblemos de frío. Viajan a través del tiempo y regresan periódicamente al lugar en dónde se originaron -es un círculo el camino- al menos es lo que nos hace pensar el origen de los Martes de Brujas.
La versión del origen de los Martes de Brujas que en mi opinión es la mejor documentada es la de Wilfrido C. Cruz, en su libro Oaxaca Recóndita, 2002.
Cuenta que: “La noche del veintitrés de diciembre de cada año, llamada en la vieja Antequera “Noche de Rábanos” se escucha el rodar de los ecos de la serranía sobre el Valle, conduce extraños rumores de fiesta a las aldeas vecinas, percutir de tamboriles, vibrar de flautas y chirimías nativas, murmullos de voces, raros pregones, como si sobre Monte Albán se celebrara una feria nocturna, un extraordinario tianguis. A San Juan Chapultepec, a San Martín Mexicapan y a Xoxo —se dice— llegan los ecos; se percibe a intervalos, según el giro del viento, durante la “Noche de Rábanos”, víspera de Noche Buena, que parecen surgir de los oscuros socavones de Monte Albán” Oaxaca Recóndita, p.148. y bajan por el Cerro de Santa Elena bolas de lumbre, las brujas.
Estos ecos y ese conjunto de ruidos, voces, armonías y bolas de lumbre, atemorizaban a los habitantes de Xoxo que empezaron a esperarlos reunidos en el centro de la población que iluminaban, primero, con manojitos de ocote, después con mecheros en cajetitos de barro con aceite de higuerilla y más tarde con los mecheros de hojalata y petróleo.
Sus mujeres empezaron a llevarles de cenar tamales de fríjol y atole y así empezó a celebrarse la fiesta a la que llamaron: de brujas —a las que atribuían los ruidos, voces y armonías que surgían de Monte Albán—.
Durante los seis martes de cuaresma a partir de las siete de la noche, en la plaza principal; se instalan puestos en los que se vende como especialidad, tamales de frijol picante y de chichilo colorado, picante hecho con maíz quebrajado, que acompañan con atole de panela y atole blanco con granillo. También se encuentran tamales de frijolón, mole negro, amarillo, verde, rajas, elote y flor de calabaza.
Los puestos son iluminados por brujitas que son mecheros de hojalata con petróleo que le dan el nombre a esta tradición.
Al principio participaba la banda de música de viento formada por niños de la comunidad y cantantes locales y más tarde empezaron a venir cantantes nacionales de fama internacional.
La invitación para celebrar los Martes de Brujas se hace con un caracol o concha que tocan desde lo alto del campanario del templo.
Fr. Domingo de Santa María, dominico, que residía en Cuilapan en 1541 dirigió la construcción del templo de Xoxo, trató de arrancar de raíz esta costumbre pagana, —para él— la cambió a los martes de cuaresma; el pueblo siguió celebrando la costumbre de los Martes de Brujas hasta convertirla en una bella tradición.
Otra versión ilógica, en mi opinión, porque nadie construye un templo de noche alumbrándose con manojos de ocote; cuenta que esta tradición comenzó en los tiempos del Virreinato cuando construyeron el templo, donde trabajaban día y noche y se veían varias luces de las flamas que usaban para alumbrarse, estas son las famosas brujitas y las señoras les llevaban de cenar a sus maridos tamales y atole.
El templo fue terminado y pasearon a los santos y vírgenes todo el día y en la noche, como noche de fiesta hubo verbena con tamales y atole y fue llamada la noche de los tamales o de las brujas; al año se repitió y el párroco lo estableció los seis martes antes de la Semana Santa y así nacieron los martes de brujas según esta versión que se vino repitiendo como costumbre hasta hacerla tradición.

































