Con la novedad de que al diputado Benjamín Robles Montoya mejor conocido como “cara sucia”, ya lo besó el diablo. Sus aspiraciones de gobernar un estado en el que no nació se esfuman. Él mismo se ha convencido de que su nuevo partido, el PT, ya cayó de la gracia del presidente AMLO y esto significa el patíbulo. Cuando el que manda en este país le retira hasta el saludo a Alberto Anaya dueño indiscutible del Partido del Trabajo, quiere decir que este negocio, digo partido, no tiene futuro en la 4T.
Los bien enterados dicen que, por fin, López Obrador se convenció de la naturaleza insidiosa del veterano dueño del PT Alberto Anaya. Los que bien conocen a López como hombre de rencores profundos dicen que lo que terminó por convencerlo de que Anaya no es un político de fiar fue cuando ordenó a sus legisladores no votar por la desaparición de los más de cien fideicomisos. Allí se acabó el encanto que alcanzaron aliados Morena con el PT y otros partidos para suscribir el slogan de “juntos haremos historia”.
El primer damnificado político por este desencuentro es el famoso “cara sucia”. Ya suspendió hasta los anuncios televisivos en los que, aunque usaba las siglas del PT, las lisonjas publicitarias eran para López Obrador. Ya no se le escucha decir: “en Oaxaca la transformación de la 4T va fuerte y en serio”.
Los bien enterados me dicen que, el rompimiento de AMLO con el PT lo recalca el mismo presidente a todos sus allegados. No le perdona la traición al oponerse el PT a la desaparición de los fideicomisos.
El diputado chilango no es el único malogrado en su carrera política, son todos los petistas que en Oaxaca alcanzaron el poder y dinero gracias al “efecto peje” que los catapultó automáticamente en las elecciones pasadas. Así que no se extrañen que pronto todos ellos renieguen de las siglas PT para engrosar las filas del Morena.
Lo único que ayuda al “cara sucia” en este trance es que, en eso de mostrar la faceta de renegado, se le adelantó Alberto Anaya. Dije en reciente entrega que el diputado chilango traído de Michoacán estaba tardando en mostrar su naturaleza traicionera al PT así como lo hizo en todos los partidos que le han dado cobijo. Pero ya empezó.
En su publicidad televisiva ya no exalta a YSQ. Ahora empieza a lanzar pullas contra la política presidencial. Dice que “el pacto fiscal requiere honestidad y austeridad en el uso de los recursos frente a la Pandemia”.
EN SU NATURALEZA
Robles Montoya, cuando lo aceptaron en el PT después de ser senador del PRD, destinó su imaginario ascenso a la cúpula nacional del PT. No fue tal. Fuentes de este partido explican que más que promoción, lo que le dieron al político “cara sucia” fue un “estate quieto”.
El historial político de quien ha saltado del PRI, al MC, luego al PRD y después al PT con la intención de colgarse pronto al MORENA, se basa en el oportunismo y la deslealtad.
Las arterias del controvertido político motejado “cara sucia”, no superan las de Alberto Anaya.
La sagacidad del veterano dueño del PT no tiene parangón. Va en su octava reelección como “mandamás” del PT que ha regenteado durante unos 30 años. Hoy tiene en la directiva a sus socios, los hermanos González Yáñez, para dar una pincelada de “democracia” a su agrupación. Con negocio tan lucrativo al señor Anaya no le importa que lo llamen caudillo, oligarca, cacique.
Entonces, los nombramientos que le dieron al senador chilango y a su esposa Maribel Martínez, en el Congreso del PT, son simples puestos de consolación. Sabedor de la naturaleza perjura de Robles, Alberto Anaya actuó calculadoramente. Por lo mismo no es de dudarse que pronto el “cara sucia” empiece a abjurar el PT.
TODO BAJO CONTROL
El partido del señor Anaya simula democracia y finca su control en un Consejo Ejecutivo y en una Coordinadora Nacional. Ambos son organismos colectivos en los cuales el “chivo de la campana” ¿Saben quién es? El mismo Anaya.
En el grupo de 17 directivos del Consejo Ejecutivo, incluyeron a Benjamín Robles junto con otras finísimas personas como “el carterista” Daniel Juárez y a la ex diputada de triste memoria, Hita Ortiz.
Son cargos sin mayor relevancia, según me dicen. No podía ser de otra manera. En el PT saben que la naturaleza perjura de Benjamín termina por brotar en todos los partidos por los que ha saltado.
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