Dos frases han repetido hasta el cansancio los políticos de Morena: no estás solo y no somos iguales.
Ambas son reiterativas y las usan en todo tipo de contingencias. Les permite estirar la liga y saltar cuanto obstáculo encuentren en su camino.
Con ello dejan claro que no permitirán que toquen ni con el pétalo de una rosa a una de sus grandes figuras.
Sabedores de ello, los principales personajes del partido en el poder remontan toda situación adversa y juegan con la amnesia de los mexicanos.
Eso sucede una y otra vez cuando un político de la 4T es señalado por alguna anomalía, simplemente esconde la cabeza, al fin que saben de la desmemoria de los ciudadanos.
Son varios gobernadores y hasta miembros del gabinete que se esconden y no dan la cara ante acusaciones, denuncias y señalamientos.
Lo hacen o lo han hecho Américo Villarreal, Rubén Rocha, Cuauhtémoc García, Cuauhtémoc Blanco, Ignacio Ovalle, Layda Sansores, Marina del Pilar Ávila, Andrés Manuel López Beltrán, José Ramón López Beltrán, Juan Ferrer; Ricardo Monreal y muchos más.
Están conscientes de que la 4T los inmuniza contra todo, sin importar que se cuente con pruebas de ello. Simplemente en Morena no se dan explicaciones.
Uno de esos personajes que lograron el perdón de sus pecados, sumándose a la cuarta transformación es Manuel Espino, un polémico expanista, convertido en diputado federal de Morena.
Espino recordó una frase expresada por él mismo hace algún tiempo y la aplicó directamente al tabasqueño Adán Augusto López inmerso en acusaciones de todo tipo, por la relación que sostenía con quien fue secretario de Seguridad Pública en Tabasco, Hernán Bermúdez Requena. “O es pendejo o es cómplice”.
Esas mismas palabras las había dicho en torno a la relación de Felipe Calderón Hinojosa con Genaro García Luna.
La realidad política que se vive en México, hace ver que al igual o más que antes los políticos mexicanos se sienten indestructibles, inmaculados, ajenos a todo y que nada ha cambiado entre ellos.
Se protegen, buscan salidas alternas a sus problemas y su única intención es salir indemnes para llegar a las metas que se proponen.
El silencio es su máxima, ya que entre menos explicaciones den mayores posibilidades tienen de superar esos escollos.
Sin embargo, el círculo se va cerrando y está llegando a ahogarlos, aunque buscan repartir culpas remontando al pasado y jugando con la corta memoria de los ciudadanos.


































