Una vez concluidas las fiestas de julio, los responsables de la Secretaría de Turismo, Cultura y Artes y Economía, que fueron los ejes de la temporada pasada, deben echar a volar la imaginación con sus cuadros cercanos para seguir alentando tanto la afluencia de visitantes del país y el extranjero, como la realización de eventos culturales y de impacto económico. Oaxaca no puede estar al tenor de las temporadas, en donde se registra una gran afluencia turística, buena derrama económica y un sinnúmero de actividades culturales, para estar el resto del año en espera de la siguiente temporada. Uno de los rubros que –insistimos- no han sido explotados por la actual administración gubernamental, es la promoción y la publicidad de nuestros principales destinos turísticos, incluyendo los pueblos mágicos. El argumento hoy es que el gobierno federal canceló los apoyos económicos para dicho rubro, por tanto, las entidades federativas carecen de recursos económicos para financiar la publicidad en medios impresos y electrónicos. El ardid de que no hay dinero sigue permeando en toda la estructura de gobierno desde el primero de diciembre de 216 a la fecha.
En lo que se refiere a cultura, no es necesario decir lo que dicha dependencia tiene que hacer. El movimiento cultural que registra la entidad requiere algo más que imaginación: voluntad para llevar a cabo las cosas y crear actividades que sean el imán para muchos mexicanos que están involucrados con el tema. Por su parte, la Secretaría de Economía tiene entre sus objetivos la promoción de las inversiones. Pues bien. En la Octava del Lunes del Cerro, el gobernador Alejandro Murat invitó a los empresarios mexicanos a invertir en infraestructura hotelera y en la ampliación del aeropuerto. Esta administración le ha otorgado prioridad a las inversiones, aunque ciertamente muchas no hayan encontrado un ambiente propicio para desarrollarse y hacerse rentables. Insistimos en que la seguridad sigue siendo el Talón de Aquiles para dichas inversiones, además el clima de inestabilidad política cotidiano en Oaxaca. Antes mencionamos los bloqueos carreteros y el chantaje de grupos y organizaciones que la apuestan a que los oaxaqueños sigamos igual o peor que antes. La entidad en un gran nicho de oportunidades. Hace falta pues alentarlas desde el poder público.
Casi una institución
La temporada vacacional fue asimismo festín de grupos, organizaciones y hasta colonos, para tomar la caseta de cobro de Huitzo. No hubo un solo día en que dicha caseta de peaje trabajara con normalidad. Grupos de encapuchados llegaban a diario a posesionarse del lugar y cobrar a los automovilistas una “cuota obligatoria”, a menos de hacerse acreedores a agresiones físicas. Algunos fueron encapuchados y armados con machetes y palos, como los militantes de Colonias Unidas que estuvieron en el atraco vil en ciertos días. La pregunta es: ¿Por qué se ha permitido este robo descarado en horas hábiles del día y sin que ninguna autoridad civil o policial intervenga? Es un acertijo. Suponemos que ello no se trata de protesta o libre expresión, dado que es lo mismo que pararse en una tienda y extraer el producto de las ventas. Se trata de un asalto, delito tipificado por el Código Penal en vigor que, aquí en nuestro estado, camina por las vías de la impunidad. Nadie lo castiga y ello ha hecho que el atraco en casetas se convierta casi en un atractivo turístico o una institución. Hemos llegado a niveles intolerables de impunidad, justamente porque nadie en el gobierno quiere llevar consigo el Sambenito de represor.
Esta situación nos ha creado una pésima imagen ante el turismo extranjero y ante los propios mexicanos y oaxaqueños. Nadie se explica el por qué se solapa tanto a dichos ladrones, encubiertos como padres de familia de escuelas averiadas por los sismos o por colonos que requieren obras. Una investigación de las autoridades ministeriales permitirían descubrir el robo millonario que se solapa y el destino de ese dinero, más aún, quiénes están detrás de estas prácticas delictivas. Lo que sí podemos asegurar sin temor a equivocarnos es que la toma de casetas de peaje se ha exacerbado durante el gobierno de Alejandro Murat como nunca. Y es que ni siquiera se ha dado el intento de desalojo o aplicar la ley. Simplemente se ha convertido en un delito impune que nadie castiga y que, por supuesto, seguirá en manos de estos hampones. Esperamos que por el bien de Oaxaca se impongan correctivos a estos abusos y atropellos; a estos atracos y robos. Nuestro estado no merece esa publicidad negativa y ominosa. El Estado está obligado a aplicar la ley, sin esperar que la libre expresión se siga pervirtiendo de esa forma tan ruin.



































