Seguramente que Enrique Peña Nieto cuando se refirió al tipo de presidente que necesitaba México, un hombre honrado, inteligente, honesto, limpio en su trayectoria como funcionario, con una ética en su conducta y que no tenga actos de corrupción en su carrera, se refería a Andrés Manuel López Obrador, pues ninguno de los otros dos candidatos reúnen las cualidades de honestidad, rectitud y veracidad, que señaló, el ya casi ex presidente de México.
En América Latina es común que se acuse de corrupción a los mandatarios de estos países, algunos de ellos como el de Perú han metido a la cárcel a más de un ex presidente; en Brasil, nuestro admirado Lula se ha visto envuelto en acusaciones de fraude y corrupciones, lo mismo ha ocurrido en Guatemala, donde varios presidentes han pisado la cárcel. Aquí en México, recuerdo a un secretario de Estado y luego gobernador de un origen muy humilde que había estudiado en la escuela “Hijos del Ejército”, un hombre muy inteligente, trabajador y el presume de honrado.
Al terminar su sexenio tenía en el pedregal de San Ángel una manzana entera y con seis casas. Su esposa que tenía sentido de grandeza había dedicado una casa a tener puras salas, otra casa la habían dedicado a bibliotecas; otra casa a recámaras y salones de juegos y una casa más a cocinas y comedores.
Cuando uno le hablaba a este funcionario, tenía que esperar mucho tiempo porque estaba en la casa de las bibliotecas o en la casa de juegos y había que localizarlo en esa inmensidad de mansiones. Hombre que conocía el efecto que causaba entre las personas ese boom de casa-habitación explicaba con todo cuidado y humildad que como Secretario de Estado a él le pagaban todo, gasolina, automóviles, algunos le mandaban semanalmente despensas, vinatería, frutas, carnes y cuando salía de viaje tenía viáticos suficientes como para comprarse sacos en Londres, corbatas en París, camisas y trajes en Italia, cuando pasaba por Alemania se compraba algunas chamarras de piel, todo ello con cargo a la secretaria que con generosidad le proporcionaba bajo el rubro de viáticos. Cerraba su alocución comentando que su sueldo, los estímulos que le daban por asistir a diversos consejos del Banco de México, Nacional Financiera y un sinfín de empresas descentralizadas, le quedaba de forma íntegra, él no gastaba en nada, de tal forma que al final de cada año tenía dinero suficiente para invertir en bienes raíces. Él se consideraba un funcionario honrado y la opinión pública nunca lo calificó de lo contrario.
No creo que haya cambiado mucho los ingresos y el abuso de los bienes del Estado, o sea de los contribuyentes, de los funcionarios de altísimo nivel y de los gobernadores, en realidad como los gobiernos, ya sea federal o estatal, pagan todo, es poco el dinero que invierten de su sueldo y de esa manera van acumulando un capital que bien invertido puede convertirse en la masa crítica para hacer una pequeña fortuna. Si a eso le agregamos los negocios, regalos que se les ofrece en el camino, no es necesario que metan la mano al cajón para hacerse ricos. Ese es el dilema de los hombres con poder sobre los dineros públicos hasta qué medida son sus ahorros, donde entra la corrupción, donde el mando ilícito de las inversiones.
Para los políticos del Estado de México que han crecido en la cultura del presupuesto nacional como una fuente inagotable de negocios, me imagino que es muy complicado establecer la diferencia entre lo público y lo privado ese grupo político, como otros, chapotea en una impunidad que les dan los cargos público y la falta de una conciencia política de la sociedad para demandarlos. Es por definición y por la conducta de este sexenio uno de los grupos más corruptos del mundo, no solo de México. Aquí si no vale el dicho, qué hay en el norte del país, la frase célebre de honrado, honrado, sí; honrado, honrado, honrado, pues no.
Por eso no entienden, ni comprenden el tipo de personajes que como Benito Juárez o Andrés Manuel López Obrador, creen en una ética política, en el manejo de los presupuestos. Hace falta recordar y aplicar los principios de la honestidad, la conducta ética, el respeto al dinero público. El manejo de los presupuestos se hará cada vez más transparentes porque la tecnología, el desarrollo de los gobiernos plurales, el cansancio de la población de la corrupción, irán creando una nueva conciencia social y una nueva moral en las sociedades. México está en el umbral de una auténtica posibilidad de cambio de cambio, ojalá podamos aprovecharla. Y hacerle caso a Peña Nieto, quien afirmó que México necesita un presidente honrado.
El tigre, históricamente cierto
Voy a transcribir unas notas de Lorenzo Meyer, ese prestigiado maestro del Colegio de México, que ha explicado con meridiana claridad las expresiones sobre el tigre que AMLO pronunció en Acapulco. Lo hago, no porque no tenga yo un buen fusil, sino porque explica el significado de esa expresión y le da su contexto histórico.
“Las elecciones de 2018 empezaron en el Estado de México”, advierte Bernardo Barranco en un libro ya citado en este espacio: El infierno electoral. El fraude del Estado de México y las próximas elecciones de 2018 (Grijalbo, 2018, p. 15). Si Barranco está en lo correcto, entonces la advertencia que hizo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) sobre un tigre tiene sentido.
En 1911, al ser obligado a dejar un poder presidencial que había ejercido por treinta años, el general Porfirio Díaz sentenció: “Madero ha soltado al tigre, ahora veremos si puede controlarlo”. En realidad, el tigre de la guerra civil que asoló entonces a México no lo soltó Francisco I. Madero sino el propio Díaz. Tres años antes el dictador dijo que ya no se reelegiría, que la oposición era bienvenida y que México estaba listo para la democracia. Sin embargo, en 1910, Díaz intentó una reelección más -la séptima- pero ya le fue imposible hacerse tolerable. Y no, Madero no pudo controlar a la fiera que el dictador soltó.
En su reunión con banqueros, Andrés Manuel (AMLO) recordó a ese tigre, teniendo en mente las tramposas y fraudulentas elecciones del 2006, 2012 y las locales del año pasado. Por eso advirtió: “si se atreven a hacer un fraude electoral… a ver quién va a amarrar al tigre, el que suelte el tigre que lo amarre, ya no voy a estar yo deteniendo a la gente”.
En el planteamiento anterior estaba implícito algo que los adversarios del tabasqueño no le han querido reconocer: que tras el “haiga sido como haiga sido” del ascenso de Felipe Calderón a la Presidencia en 2006, el tabasqueño logró dirigir hacia la toma pacífica y temporal del Paseo de la Reforma la frustración de quienes no aceptaron la legitimidad del supuesto triunfo del PAN. El tigre amenazó entonces con salir, pero fue el propio AMLO quien a tiempo le cerró la puerta. Si esta vez el tigre reapareciera, quien lo habrá soltado será el mismo que ya lo hizo en 1910, en 1952 o en 2006: el gobierno. Y esta vez el gobierno tendrá que hacer- se responsable de las consecuencias. Recordar hoy lo dicho por Díaz hace 107 años es advertir al gobierno, a su partido y a los organizadores de la elección en puerta, que deben evaluar las posibles consecuencias negativas de repetir a nivel nacional lo que acaban de hacer en el Estado de México.
¿Y por qué pensar en un posible fraude el 1o. de julio? Pues justamente porque el que acaba de ocurrir en el Estado de México tuvo éxito, y porque los recursos para una operación similar ya están disponibles. Empecemos por esto último. En la revista Proceso (11/03/18), Carlos Acosta entrevistó al doctor Juan Moreno Pérez -un especialista en programación financiera-, en relación a la naturaleza y el objetivo de un mecanismo financiero desarrollado por la Secretaría de Hacienda (SHCP). Se trata del famoso, y no por buenas razones, Ramo 23 del presupuesto federal. Dentro de este ramo, hay un Fondo de Fortalecimiento Financiero o FFF, de reciente creación, y que ha servido a la SHCP para canalizar a su discreción, pues en la práctica no da cuenta de ello a nadie, miles de millones de pesos a zonas tan obscuras como las empresas fantasmas que recientemente descubrió el gobierno de Chihuahua, y que sirvieron para canalizar millones de pesos al PRI para financiar sus campañas estatales.
De acuerdo con el doctor Moreno, la SHCP de Luis Videgaray introdujo el FFF en el dictamen del presupuesto de egresos de 2016 y lo dotó con mil 481 mdp, pero al final las erogaciones por tal concepto fueron de ¡62 mil 258 mdp! Al año siguiente el milagro volvió a repetirse: un monto original de 3 mil 243 mdp en el FFF terminó por convertirse en una erogación por 55 mil 482 mdp. Y esa vez el responsable del prodigio ya no fue Videgaray sino su sucesor y actual candidato presidencial del PRI. Habrá que esperar a ver qué sucederá con el FFF del 2018. En cualquier caso, el uso de tamañas sumas se hace sin que el Congreso, que teóricamente debería de aprobar y supervisar el FFF, se dé por enterado. Lo único que los ciudadanos podemos saber a ciencia cierta es que el mayor monto de esos fondos fue asignado al Estado de México -15 mil 725 mdp entre 2016 y 2017-, justo el estado examinado por Barranco y sus colaboradores.
Y uno de esos colaboradores es Eduardo Huchim, que ejemplifica con las elecciones mexiquenses la verdad de su rotunda afirmación: “el principal problema de la democracia en el mundo es el dinero, en especial el financiamiento a los partidos y a las campañas” (p. 193). Huchim examina las cuatro vías por las cuales se introdujeron enormes sumas de dinero público a la campaña del 2017 en el Estado de México y lograron que un tercer miembro de la familia Del Mazo sea hoy gobernador de los mexiquenses: 1) la avalancha de recursos humanos y materiales vía los programas sociales, 2) los subsidios federales legales pero inequitativos (en seis años sumaron 357 mil mdp), 3) las transferencias ilegales del gobierno federal al estatal (un pago del gobierno central al local de 50 mdp terminó en 3 mil 600 mdp) y 4) los fondos municipales desviados a la campaña. Y, desde luego, hay que contar los recursos privados, al estilo de Odebrecht (pp. 193-215).
Como Meade ya anunció que piensa seguir el ejemplo del PRI mexiquense para triunfar, entonces ¿quién realmente plantea soltar al tigre.

































