Desde hace poco más de un año, en este mismo espacio editorial nos referimos al estado tan deplorable que guardan ciertas especies vegetales en diversos rumbos de la ciudad. Y mencionamos el caso de cientos de palmeras contaminadas por plagas y prácticamente destruidas. Haciendo caso omiso de la denuncia en medios y en redes sociales, las autoridades simplemente se encogieron de hombros. No obstante tener un área para la protección del entorno ecológico, que sanciona con multas a quienes derriben un árbol sin contar con el permiso correspondiente, el ayuntamiento de la ciudad se desentendió entonces de la situación. Al poco tiempo las especies a que hacemos mención fueron derribadas, dejando sólo como testimonio de la abulia oficial, troncos inertes. Muchos de ellos aún representan un serio riesgo para peatones y automovilistas. Varias palmeras aún sobreviven; otras más están ya muertas prácticamente, listas para el corte fatal. Lejos de sustituirlas con especies vivas y jóvenes, sólo quedan –insistimos- los restos de las que algún día lucieron en todo su esplendor en nuestras calles y calzadas.
Lo preocupante es que el daño continúa en dichas especies, lo que implica que la plaga que las ha exterminado continúa con su labor dañina. Tampoco ello llama la atención de concejales y edil, más preocupados por la inmediatez del futuro político y el cuidado de los golpes mediáticos que en ejercer el mando otorgado por el voto ciudadano. Las muestras de esa abulia en torno a la flora citadina es evidente. El Boulevard Eduardo Vasconcelos y parte del Periférico; la Colonia Reforma y la Calzada Niños Héroes de Chapultepec, muestran las huellas de este abandono. Pero nadie mueve un dedo. Hace unos días, como lo comentamos la semana anterior, grupos de jóvenes se dieron cita para hacer tequio en el Cerro de “El Fortín” y contribuir a la reforestación de dicho pulmón urbano. Sin duda un gesto digno de encomio. Pero sus promotores poco han volteado la cara para ver el grado tan triste y deplorable que tienen las palmeras, especies que al menos tienen sesenta años o más de haber sido plantadas. No estaría mal que desde el gobierno tanto estatal como municipal se promoviera una campaña de reforestación de la flora urbana, no precisamente para lucir mejor durante los festejos de julio, sino para conservar lo que aún tenemos y que hay que cuidar.
Terrorismo fiscal
Pequeños y medianos empresarios están preocupados por las medidas que ha instrumentado la Secretaría de Finanzas (SEFIN), en lo que consideran se trata de una persecución a los que dicha dependencia presume, evaden impuestos. No obstante los requerimientos puntuales del Sistema de Administración Tributaria (SAT), con avisos constantes sobre ponerse al corriente con sus compromisos fiscales, la citada dependencia envía una y otra vez oficios y llamados para que se le informe puntualmente sobre los pagos. Pese a ello, siguen enviando exhortos y documentos, simulando que la persona moral es una especie de delincuente al que estar notificando constantemente. Hace poco más de una semana la SEFIN envió a sus inspectores para cerrar dos negocios, señalados por presunta evasión fiscal. La situación en Oaxaca no es la de otras entidades del país. Desde el arribo de Alejandro Murat existe una descapitalización generalizada. Sólo en el Centro Histórico han cerrado decenas de negocios ante la imposibilidad de seguir pagando renta, salarios e impuestos. A ello hay que agregar el terrorismo fiscal de la dependencia estatal de referencia, haciendo el triste papel de cobradora de impuestos que no le corresponden, sino como intermediaria del SAT.
Poco se sabe en este régimen del apoyo a pequeñas y medianas empresas, sólo del favoritismo que beneficia a unos cuantos. En regímenes anteriores jamás se vio una situación similar: el acoso a negocios que apenas sobreviven y no generan más que para la propia supervivencia. No obstante ahí están a diario las notificaciones para atormentar a los que pagan impuestos que hoy, desgraciadamente y por decisión del llamado gobierno de la Cuarta Transformación, son canalizados para el pago de becas de jóvenes, muchos de ellos que ni estudian ni trabajan. Esto es: pagamos impuestos no para mejorar la recaudación y que ello implique el saneamiento de las finanzas públicas de la Federación, sino para mantener a un segmento de la población inactivo. Que otros trabajen pues para financiar proyectos descabellados del gobierno federal. Por ello, en redes sociales circulan ya invitaciones a no pagar impuestos; a generar un ambiente de inconformidad ante lo que estamos viviendo. Pero lo que sí vivimos en Oaxaca es un acoso fatal a través de prácticas calificadas como terrorismo fiscal. Ello, en lugar de alentar la productividad sólo habrá de generar un ambiente de incertidumbre e inconformidad. Al tiempo.



































