El pasado lunes 21 de mayo amanecimos con la noticia de que dos elementos de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI), Juan García y Delfino Labias, habían sido asesinados entre San Miguel El Grande y Tlaxiaco. Aunque se sabía del hecho no se tenían mayores detalles. En el transcurso de la semana trascendió que los mismos habían acudido a realizar una diligencia, pero fueron interceptados, torturados y calcinados en su vehículo, un hecho inédito en la vida policial local que, por supuesto, la misma AEI debe investigar a fondo e ir por los responsables. Sin embargo, lejos de aplicarse a ver las estrategias por medio de las cuales buscar a quienes de esa manera tan cruel y despiadada acabaron con la vida de sus compañeros, varios elementos empezaron a buscar culpables al interior de la corporación. No faltaron los trascendidos en redes sociales de que se les exigen cuotas y, para completarlas, quienes forman parte de la citada AEI tienen que corromperse e inclusive, trabajar al lado de la delincuencia. Las descalificaciones a los directivos no se hicieron esperar, teniendo de éstos reacciones inmediatas.
El jueves 24 de mayo, el Fiscal General del Estado, Rubén Vasconcelos Méndez y al Coordinador de la citada agencia, Antonio Yglesias Arreola, encabezaron el homenaje de cuerpo presente a los fallecidos. Se hizo patente el compromiso de la institución en dar con los responsables y buscarlos para entregarlos a la justicia. Ningún homenaje a las víctimas puede ser tan trascendente que sus crímenes no queden en la impunidad. He ahí el por qué se han hecho llamados a los demás elementos para que, en lugar de buscar culpables, ajustar cuentas o difundir trascendidos de lo que ocurre al interior de la corporación, se pongan a trabajar y aportar los mayores elementos para dar con los autores del crimen de García y Labias. Se trata asimismo, de una lección dura y severa para que quienes tienen a su cargo la delicada tarea de investigar ilícitos, realizar las pesquisas de diversos delitos o realizar las órdenes de aprehensión que mandatan los jueces, se conduzcan con pulcritud y honestidad. No es un secreto que las corporaciones policiales federales, estatales y municipales, están permeadas –salvo excepciones- por la corrupción y los malos elementos. Pero dentro de ello hay también quienes han hacen de su trabajo una vocación de servicio a la sociedad.
Urgen medidas de protección
Desde hace al menos diez días, el estado ha alcanzado temperaturas inéditas de calor, superiores a los 50 grados. La semana pasada, el municipio con la mayor temperatura -42 grados- fue Jalapa del Marqués, en tanto que La Boquilla, perteneciente a Jamiltepec registró 41 grados y Magdalena Tequisistlán 40. Se trata de situaciones que no son comunes en la entidad, pero producto del cambio climático, ahora nos están afectando. Las autoridades, particularmente de los Servicios de Salud en Oaxaca (SSO) y de la Coordinación Estatal de Protección Civil (CEPCO), deben alertar a la población sobre los graves riesgos que ello implica para la vida y la salud de los oaxaqueños, más aún cuando se han registrado ya muertes por dicha situación. Se trata de fenómenos naturales ante los cuales los seres humanos estamos en total indefensión, no obstante, con medidas preventivas se pueden evitar males mayores. Hay que entender que en los últimos tiempos los contrastes y la polarización en el clima son fatales, pues vamos de la sequía extrema al exceso de lluvias. Y la prueba está en lo que hemos vivido años recientes, con las graves afectaciones que han dejado en la entidad, los huracanes y las tormentas tropicales.
Pero los calores intensos no es lo único que tienen que atender las autoridades estatales. La semana anterior se dieron en la costa oaxaqueña algunos fenómenos, producto una vez más del cambio climático. Varias comunidades costeñas y algunas ubicadas en la zona huave, como San Mateo del Mar, fueron afectadas por el llamado “mar de fondo”. Dicho fenómeno afectó nuestros más de 600 kilómetros de litoral. Posteriormente se presentó el fenómeno de pleamar, que es cuando el mar se retira de la playa y las aguas que se han llegado hasta la tierra firme, retorna al océano. Todo ello no es algo que se da de manera natural, sin que la mano del hombre pueda evitarlo o atenuarlo. La lección de los tres fenómenos que se dieron la semana anterior: la terrible ola cálida, el mar de fondo y la pleamar, deben ser elementos para que las autoridades difundan medidas de precaución y prevención para que la población tome sus providencias y se eviten daños mayores en la vida y la salud de los oaxaqueños. Se espera pues que para la temporada que ya está en puerta –los huracanes- se adopten las medidas pertinentes para coadyuvar a la prevención de daños.

































