Es importante recordar que en el año de 1987 el Comité del Patrimonio Mundial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), resolvió incluir tres sitios de Oaxaca en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad: el Centro Histórico de Oaxaca de Juárez; la Zona Arqueológica de Monte Albán y el convento dominico de Cuilápam de Guerrero. Nuestro estado fue tal vez el único que tenía tres reconocimientos a la vez. Obviamente gobierno y sociedad los festejaron, pero a 32 años de haberse dado, el único sitio que lleva con orgullo el reconocimiento es Cuilápam. El Centro Histórico de la capital está convertido en un estercolero, invadido por indigentes, el comercio en la vía pública, que ha crecido de manera anárquica y sin control alguno, prohijado este fenómeno por organizaciones, grupos, sindicatos del transporte y grupos delictivos. En lo que se refiere a la Zona Arqueológica de Monte Albán, ésta tampoco se ha salvado. Justo en el polígono que ha sido considerado como zona federal, se han ido asentando cientos de paracaidistas, azuzados por el diputado federal, Benjamín Robles Montoya y uno de sus secuaces: Lenin López Nelio, como lo comentamos ayer en nuestra nota principal.
Hace al menos dos semanas trascendió que el gobierno federal habría autorizado al menos 100 millones de pesos, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia –el INAH- para proteger dicha zona arqueológica. Pero justo cuando se iniciaban los trabajos para llevar a cabo esta encomienda aparecieron como por arte de magia dos falsos redentores sociales, operadores del Partido del Trabajo (PT). El motivo no es difícil de identificar: tratan de llevar agua a su molino político, aunque en realidad el asunto no es menor. Se trata de una zona federal, cuya invasión sea por los grupos u organizaciones que sean, es ilegal. El polígono que rodea a la zona arqueológica está o debe estar fuera de negociación y con más razón, fuera del alcance de falsos redentores sociales conocidos, pero también estigmatizados por la ciudadanía. Los trabajos para proteger este patrimonio histórico no deben detenerse ni negociarse. Si bien es cierto que mucho se comenta que la UNESCO tiene la facultad de retirar el reconocimiento otorgado en 1987, si los sitios reconocidos no procuran conservar la distinción, también es cierto que sin temor alguno el gobierno estatal debe aplicar la ley. Es nuestro legado histórico el que está en juego.
¿Tradición o negocio?
Nada tan grave como convertir un evento de corte tradicional y costumbrista, en un negocio. Siempre habremos de decir que el pequeño grupo que se reunió en 1932, para darle vida al Homenaje Racial, que luego sería Lunes del Cerro y finalmente La Guelaguetza, jamás se imaginó siquiera que el encuentro entre etnias, regiones y comunidades de todo el estado, habría de devenir 87 años después, un gran negocio especulativo. Hace unos días comentamos sobre la reventa de boletos y los costos elevados que los mismos habrían alcanzado, gracias a la especulación. Hay quienes opinan que el plan proviene de dentro, pero que hoy se quiere paliar argumentando el prestigio y simpatía que La Guelaguetza ha alcanzado en el mundo. Tal parece que aquello que interesa no es dar a conocer todo lo que Oaxaca aporta o puede aportar al mundo, sino la renta monetaria. La cuestión está vista con la comercialización del palco “C”, que siempre fue gratuito para el disfrute del espectáculo por aquellos que no tenían para pagar la onerosa entrada. Una bofetada a nuestra gente, que desde la madrugada atiborraba las gradas para ubicar un lugar. Luego de descubrirse la reventa de boletos, a la fecha nada se sabe de acciones concretas que al respecto hayan tomado las autoridades.
Hay que recordar que nuestra máxima fiesta folklórica, como ha sido calificada, no sólo ha sido rehén de grupos y gremios, particularmente del magisterio afiliado a la Sección 22, que cada año esgrime amenazas de boicot, sino ahora se sabe, de mercaderes internos y externos que, ante la popularidad que ha adquirido lo han convertido en un boyante negocio. La semana pasada se celebraron con marchas y protestas, los 13 años del fallido desalojo del plantón que el magisterio y grupos adláteres había mantenido por casi un mes en el Centro Histórico. También recordamos el inicio del boicot a nuestra fiesta tradicional ya citada, que trajo consigo el incendio del templete del auditorio y la cancelación de La Guelaguetza. Porque ésta no sido sólo escenario de protestas e inconformidades sino también de inconformidades de parte de las comunidades que participan con sus delegaciones. Mientras se abre el espacio para bailes, mayordomías y bautizos, se relegan los bailes y las danzas, más mestizos y españoles que indígenas. Poca autenticidad y reducida originalidad.


































