Pese a la brutal campaña que ha traído el presidente Andrés Manuel López Obrador y corifeos en contra del Instituto Nacional Electoral (INE) y de algunos de sus consejeros, lo que se refleja en la propuesta de reforma constitucional para eliminar dicho órgano y sustituirlo por el Instituto Nacional Electoral y de Consulta, los mexicanos tenemos la certeza que, desde su creación, el INE es una institución confiable. La muestra está en que luego de la larga hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el arribo en el año 2000, de la transición al enquistarse el Partido Acción Nacional (PAN), por doce años en el poder presidencial y a partir de 2018, del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), el órgano electoral ha validado dichos cambios, sin intervenir ni para cuestionar sino para ratificar el respeto de la voluntad ciudadana.
En lo que respecta al árbitro local, el Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEEPCO), es importante subrayar que ha desarrollado su trabajo con gran profesionalismo y pulcritud. Todo ello ha permitido que atrás queden las famosas denuncias de fraude electoral tan famosas en décadas anteriores. Además, cuando existen dudas respecto a la certeza de la forma en la que se califican los procesos electorales, siempre existen las ventanas a las que el ciudadano, los partidos políticos o los actores, pueden recurrir. Y son los órganos jurisdiccionales. De no ser satisfactorios, los inconformes con cualquier medida adoptada por el árbitro, tienen para presentar sus quejas al Tribunal Estatal Electoral (TEEO). De igual manera, si existen dudas, están la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial Electoral (TEPJF), en Xalapa, Veracruz y, la última instancia, en la Sala Superior.
A sólo una semana de llevarse a cabo la elección para la gubernatura del estado, los oaxaqueños podemos tener la certeza de que existen instituciones confiables: el INE y el IEEPCO, quienes habrán de calificar dicha elección, con legalidad, imparcialidad y certidumbre. Han pasado años, tal vez décadas en las que dichas instituciones se han ido consolidando en el ánimo ciudadano. Su naturaleza ciudadana y haber demostrado su nula fijación partidista o inclinación ideológica, además de contar en su Consejo General con representantes de los diversos partidos políticos, constituyen elementos suficientes para otorgarles un voto de confianza.
Civilidad al cierre
Si bien el primer mes entre los aspirantes a la gubernatura del estado transcurrió con relativa tranquilidad, después de los debates organizados por las universidades Anáhuac y Benemérita de Oaxaca, además del único que organizó el IEEPCO, empezaron arreciar los ataques, descalificaciones y el uso de trolls y bots para arremeter en contra de los dos candidatos que, a la fecha tienen mayores posibilidades de contar con el voto ciudadano. Por lo que ha circulado en redes sociales han sido los equipos de uno y otro los que se empeñan en demeritar campañas, propuestas, encuestas y, sobre todo, sacando a relucir viejas historias. El resto de los siete candidatos, dado que han permeado poco en el ánimo ciudadano, sin que ello implique que tienen sus simpatizantes y su nicho de apoyo, sus campañas hasta la víspera del cierre, han pasado con calma relativa.
Hay opiniones que coinciden en que, si tenemos órganos confiables para calificar las elecciones del próximo 5 de junio, bien haría el árbitro local en hacer un llamado a candidatos (as) y partidos políticos a suscribir un acuerdo de civilidad, de tolerancia y apego a la ley vigente. Particularmente para evitar acciones de violencia, robo de urnas, secuestro de funcionarios de casilla, hurto de boletas o actas de escrutinio, etc. Además, para que hagan un llamado a sus seguidores, equipo y simpatizantes a evitar cualquier acto de violencia que pueda enrarecer el entorno electoral. Si bien las pasiones se desbordan, nada asegura que pudieran darse hechos de sangre que a ningún candidato (a) le conviene. En las comunidades oaxaqueñas, ello es de todos conocidos, un solo grito o llamado de fraude o alguna otra ocurrencia puede derivar en acciones violentas.
Se espera pues que la civilidad y la paz social prevalezcan, pero para ello partidos y candidatos deben asumir el compromiso de estar a la altura de una elección competida y participativa. Sólo creando un ambiente de confianza se puede esperar una participación ciudadana activa en las urnas que serán, en última instancia, las que habrán de inclinar la balanza hacia unos u otros candidatos (as), evitando los ominosos litigios que sólo generan confusión y desconfianza. Los oaxaqueños esperan de este proceso madurez y tolerancia. Que sean los votos y las instituciones que den en última instancia la palabra final sobre lo que el pueblo quiere para su futuro cercano, al menos los próximos seis años.



































