Mal empezó la semana en materia de seguridad, con hechos en realidad graves, como el ocurrido en la noche del sábado para domingo en la comunidad de Santo Domingo Petapa. Un grupo de desconocidos abrió fuego en contra de parroquianos, asesinando a siete personas. Desde luego que hay mar de fondo que la Fiscalía General del Estado tendrá que investigar. El gobernador Alejandro Murat aseguró que se trata de delincuencia común. Este hecho se dio a pocas horas de que el presidente Andrés Manuel López Obrador visitara Matías Romero, población vecina al lugar del asesinato. A este caso hay que añadir otros asesinatos más que se dieron en menos de 24 horas. Hace apenas un par de semanas se suscitaron en la misma zona istmeña, al menos ocho ejecuciones: tres en un bar de Juchitán, cuatro en un taller mecánico de Salina Cruz y otro más en San Pedro Tapanatepec. Ello implica que no obstante los cambios que se dieron hace poco más de un mes en los niveles policiales de mando, nuestra entidad se está convirtiendo en un teatro criminal cotidiano. Es prudente pues que en los discursos oficiales no se haga tanta apología a una paz que en este momento es, ciertamente, remota.
Hace unos días, en las páginas de EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, publicamos información respecto a que junio fue el mes más violento en lo que va del año. Las estadísticas no mienten. Ciertamente son duras y poco las reconocen las autoridades, pero son mediciones precisas pues representan un conteo cotidiano de los homicidios dolosos y otros delitos. Oaxaca en efecto, no es el Edén pacífico o remanso de tranquilidad como lo fue algún día. El crimen de Petapa, igual que otros ilícitos masivos que se han dado en Tuxtepec o el Istmo, no son fortuitos, tienen que ver con bandas criminales que operan diversos rubros de la ilegalidad, como es la extorsión, el secuestro, el narcotráfico y el robo de combustible, como es el caso de la comunidad aludida y Matías Romero. Y es que al endurecer las autoridades federales los operativos para acabar con los robos a ductos de Petróleos Mexicanos, los delincuentes empezaron a confrontarse entre sí por el poco margen de maniobra que les quedó para sobrevivir. He ahí el quid de los enfrentamientos criminales. No obstante será la Fiscalía General del Estado la que lleve a cabo las pesquisas e investigaciones correspondientes y, de ser el caso, dar con los responsables de esta masacre, si no es que los muertos sólo formarán parte de las estadísticas.
Apreciación a la ligera
Una gran indignación generó entre la sociedad oaxaqueña una declaración simple, vaga y superficial, que emitió el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, una más de las que a menudo emite, que hace suponer una ignorancia supina de la realidad del país. Se trata de la visión simplista de que el magisterio oaxaqueño es el más responsable del país. Se entendería si AMLO estuviera en campaña, pero no como presidente de un país y alguien que, se presume, debe tener información de primera mano sobre los diversos rubros de su gobierno, sobre todo del gravísimo rezago educativo que ha tenido Oaxaca, motivado, sin duda alguna, por el magisterio afiliado al llamado Cártel 22. Hace falta vivir en Oaxaca para darse cuenta de los problemas económicos y sociales que ha generado la politización excesiva y los vicios arraigados en ese sector privilegiado –pero irresponsable- de la clase trabajadora. No hay duda pues que López Obrador no termina de pagar los compromisos de campaña y la fijación que tiene sobre un magisterio al que conoce a sus dirigentes y los problemas, sólo de oídas. En el estado, con certeza, sólo aquellos que tienen vinculación con el magisterio habrán de aplaudir esa declaración torpe y veleidosa.
Aunque AMLO jamás leerá este editorial habría que refrescarle la memoria y acotar otras declaraciones irresponsables y superficiales. Desde que nació el mal llamado Movimiento Democrático de los Trabajadores de la Educación en Oaxaca (MDTEO), en 1980, la educación pública que imparte el Estado se sumergió en una severa crisis. Gracias a la movilización perpetua se han acumulado tantos días sin laborar que podrían representar ciclos educativos completos. Ello ha propiciado un terrible e insuperable rezago educativo, superior al que pudieran tener otras entidades del país. Los maestros oaxaqueños han propiciado asimismo, un hoyanco financiero gracias a las excesivas cuotas adicionales que han logrado gracias a la presión y el chantaje, personalizados en bloqueos carreteros, a calles y oficinas, así como la toma de casetas de cobro. Oaxaca se ha convulsionado con las presiones del magisterio, cuyo ejemplo más burdo es el movimiento del 2006, empujado por los maestros, pero dejado al arbitrio de vende patrias fanáticos, que pretendieron hacer una falsa revolución. Sin duda, el presidente López Obrador sigue abonando a su pérdida de imagen y poco apoyo ciudadano.



































