El 13 de junio de 2018, en Moscú, Rusia, durante el 68 Congreso de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), se dio a conocer que México, Estados Unidos y Canadá serían las sedes conjuntas de la Copa Mundial de Futbol de 2026. La candidatura norteamericana superó a la propuesta de Marruecos.
De entonces a la fecha han transcurrido 8 años. Y es ahora cuando llega el momento de celebrar uno de los acontecimientos deportivos más importantes del mundo, quizá después de los Juegos Olímpicos. La de ahora es una reunión mundial de millones de seres humanos que estarán atentos a la participación de sus equipos y de sus jugadores en la justa de la que saldrá un solo triunfador.
Por supuesto, millones de espectadores de otros países que no participan en el evento estarán atentos por todas las vías de comunicación.
Y todos, desde los más recónditos lugares, opinarán sobre cómo se lleva a cabo la fiesta futbolera y cuál de los tres países organizó mejor su espacio-sede, durante los juegos. Y cada uno de los países ha invertido millones-millones de dólares para quedar bien con el mundo… aunque parece ser que en el caso de México la cosa se exageró, por aquello del estigma de ser un país peligro.
Lo más importante para todos es la seguridad de los asistentes, el orden en los estadios y fuera, evitar conflictos entre grupos o personas y cuidar, por supuestísimo, la no infiltración de grupos ajenos al Mundial en cada uno de los tres países.
Los problemas sociales y políticos alrededor del evento deberán ser resueltos por el país sede, aunque es cuando los grupos de presión política exigen soluciones o exigen canonjías que no corresponden a un momento normal de la vida de un país, como es el caso de la CNTE en México…
Por estos días han mostrado su fuerza de presión para desafiar a la sociedad mexicana en distintos estados en tanto que, el gobierno inerme, no acierta a solucionar un problema generado por él mismo por el fortalecimiento de una organización de confronta, utilizado para temas electorales y políticos en su momento. Ahora el gobierno tiene en la mano la factura que la CNTE le cobra y la que habremos de pagar todos los mexicanos.
Muchos son los temas que habrán de atender los organizadores para llevar la fiesta en paz.
No descartar que la pasión por el futbol, por los equipos o jugadores, genere violencia extra-estadios. Las “barras” de los equipos vienen dispuestas a todo, incluso a hacer ganar a sus equipos con gritos y mentadas, o con el famoso grito homófobo que tanto le gusta a los mexicanos.
En todo caso la Copa Mundial de la FIFA 2026 tiene una novedad en el frente. Por primera ocasión compiten 48 selecciones nacionales, mientras que en todas las ediciones anteriores desde Francia 1998 hasta Qatar 2022 participaban 32 equipos.
Es así que los 48 equipos están distribuidos en 12 grupos de 4 integrantes cada uno. Avanzan los dos primeros lugares de cada sector junto con los ocho mejores terceros lugares, lo que da inicio a una nueva etapa de dieciseisavos de final… y así, calificando y descalificando se deberá llegar a cuartos de final y de ahí al triunfo o la derrota.
Acudirán un total de 1,248 jugadores a las tres sedes, una cifra récord que se debe a la expansión del torneo a 48 selecciones, las cuales registraron plantillas de hasta 26 jugadores cada una.
También es cierto que la Copa-FIFA 2026 es una empresa en la que todas las federaciones de futbol participantes salen gananciosas. No es cosa de simplemente ser felices. Todo tiene costos y gastos, pero también utilidades. Y muchas.
Se estima que el costo de un minuto de comercial durante la transmisión del Mundial 2026 varía según el partido y la cadena, pero el espacio de 30 segundos ronda entre los 400 mil y 600 mil dólares para juegos clave. Lo que significa que un minuto completo podría costar entre 800 mil y 1 millón 200 mil dólares (o hasta 1.5 millones de dólares para la final o el partido inaugural).
El costo es menor, variando en función del país de emisión y la audiencia estimada por cada encuentro. Para esta edición, la FIFA inventó que las cadenas de televisión emitan bloques de comerciales durante las “pausas de hidratación” en cada tiempo, aumentando así los espacios disponibles para los anunciantes. El chiste es ganar-ganar-ganar millones de dólares.
Hay muchas otra fuentes de ingreso para la FIFA como el precio del boletaje para acceder a los estadios –que hacen que ver los partidos en estadios se vuelva de élite, sin acceso para “el pueblo bueno”–, eventos alternos que cobra la Federación Internacional, souvenirs, alimentos, bebidas, recuerdos impresos, fotografías, derechos por transmisión y retransmisión… tanto.
Y lo dicho, el gobierno de la Ciudad de México, como el de Guadalajara y Monterrey, han invertido millones en la organización del evento en su sede. Será bueno saber con precisión –en base a transparencia y Derecho a la Información—cuánto nos costó a los mexicanos, todos, esta fiesta y dado que es un asunto de utilidades, también cuánto se obtuvo como ganancia por todo esto.
Las obras realizadas deberán ser revisadas porque, ya se vio, fueron hechas a toda prisa y el maquillaje se caerá pasando el evento. Ojalá no sea trágico.
Mientras tanto, sí, seamos felices, disfrutemos de unos días de solaz. Nos hace falta, sobre todo a los mexicanos, porque estos días y ya hace años, nuestro país se despierta cada día con noticias que indignan o duelen. Nuestro día a día con frecuencia es de terror.
Seamos felices, pues, aunque sea un rato. Y como dice el dicho: Es tiempo de tirar los cohetes, luego vendrá el tiempo de recoger las varas.































