Bersahín López
Dentro del sistema federalista, el municipio constituye la célula básica de la conformación política, administrativa y social. Es el entorno de gobierno más cercano a la ciudadanía y una caja de resonancia donde se viven con mayor profundidad las desigualdades, pero también donde las soluciones de fondo se hacen presentes.
Por ello, ver al municipalismo solo como una estrategia política es un error de cálculo; el municipalismo es una realidad actuante que requiere determinaciones tangibles. El reto del siglo XXI es fortalecer esta plataforma para que sea el impulso del desarrollo integral de México, desde las múltiples y plurales comunidades que lo conforman.
Para lograrlo, requerimos primero un cambio de actitud frente a las realidades del país y, después, todas las adecuaciones legales necesarias. Debemos privilegiar la eficacia de la administración pública por encima de la percepción política. El municipalismo actual debe tener impulso hacia el futuro, pero sólidas raíces de identidad comunitaria.
Frente a este reto, es fundamental una reforma administrativa que permita que las representaciones políticas realmente trabajen por solucionar los problemas. Hoy, el municipalismo en México padece de una enfermedad grave: el sedentarismo político. Las regidurías se han convertido en oficinas de puertas cerradas y difícil acceso, donde los representantes despachan con apatía, lejos del polvo y las necesidades de nuestras agencias.
Es imperativo impulsar una reforma al modelo de gestión local donde los regidores no se enclaustren en los palacios municipales, sino que se distribuyan en las agencias y núcleos rurales. Que atiendan de primera mano las carencias de cada comunidad, gestionando y resolviendo en coordinación directa con las autoridades auxiliares, y que solo regresen a la cabecera para las sesiones de Cabildo. No se trata de crear más burocracia, sino de redistribuir las herramientas con las que se cuenta para propiciar una democracia real.
En Oaxaca requerimos un impulso al municipalismo que sea respetado en su dinámica de interacción y garantice actuaciones ágiles en función de las realidades comunitarias. Concebir a México con una sólida estructura municipal es visualizar un país con un desarrollo de verdad, que no se tambalee por turbulencias externas. Solo así, con una nueva generación que entienda que el cargo es para servir en la calle, la democracia será una realidad palpable en cada rincón de nuestro estado.
Construir a México desde lo local es impulsar las transformaciones que nacen de nuestra propia raíz. Es dar voz a la visión de cada comunidad y reconocer la fuerza de cada municipio; es entender que el cambio genuino se gesta de abajo hacia arriba y nunca al revés. Ahí, en el entorno cotidiano de las familias, es donde reside la esencia de las reformas que el país reclama.
¿Coincidimos?


































