Si salimos a la calle en la bella Ciudad de México, no es necesario recorrer muchos cientos de metros en alguna de las avenidas más transitadas, para tener frente a nosotros a mujeres cargando niños y que llevan una cartulina pidiendo ayuda para comer, como dice su escrito mal redactado.
No será tampoco extraño que de repente aparezca un joven pretendiendo limpiar el parabrisas aunque este se mantenga limpio; nos abordará también la joven mujer, casi adolescente, con su hijo en brazos ofreciendo la venta de algún dulce.
En la continuidad de nuestra marcha, hemos de encontrar en todas, o en casi todas las vialidades, baches profundos o bordos, con los que pretendieron tapar los baches, que hacen saltar al vehículo; no interesa incluso, si estamos circulando por el segundo piso del periférico o el viaducto, ahí además de baches, hay coladeras instaladas para evitar encharcamientos, que no han logrado su cometido, sumidas por el paso de los vehículos, pero también para referir algo agradable, miraremos coloridos ajolotes pintados en algunos inmuebles urbanos.
Y si acaso se nos ha ocurrido escuchar la conferencia matutina presidencial, oiremos que hay importantes logros en todos los órdenes que le interesan a la población y que es obligación oficial atender.
El servicio de salud pública, no tendrá el nivel que cínica y perversamente aseguró el pasado gobierno estaría a la altura de un país europeo con atención médica de excelencia, pero se escuchará que se está atendiendo, no obstante que eso lo vienen diciendo desde hace años, y según encuestas oficiales, son millones, de mexicanos menos que ahora reciben servicios de salud.
También sabemos que quien presidía el INE, escuchó con voz emocionada que un proveedor la llamara “reina” y ese mismo caballero, desde la ventana de un elegante hotel le decía a su hijo “aquí esta chamaquito París a tus pies” todo a cambio de muy importantes pero ilícitas percepciones económicas.
Los eventos de corrupción referidos son los más recientes, sin dejar de reconocer, aunque no se mencionen, una verdadera cauda de muchos otros.
Ante este panorama el hacedor principal de todo este desorden y podredumbre, Andrés Manuel López Obrador, está presentando libros; su esposa tramitando la obtención de la nacionalidad española después de la ridícula, por decir lo menos, exigencia de disculpas al gobierno español por los hechos dados en la conquista.
Su hijo Andy presentándose como víctima y declarando su honradez, lo que nadie puede creerle por su comportamiento y datos conocidos en los medios, que lo hacen ser la encarnación misma de la más descarada corrupción. Lo realmente triste es que la Presidenta sigue tolerando y con omisión censurable alabando a quien le dio el cargo que está desempeñando.
Pero del título de esta colaboración nada he dicho, antes de referirme a su nombre quise citar hechos que son tareas que atender de quienes nos gobiernan. A los políticos, la atención eficiente de sus compromisos habrá de marcar la categoría en donde se les ubique, si como verdaderos estadistas, o simplemente políticos populistas sin ninguna otra preocupación que mantenerse en el cargo para disfrutar de sus beneficios.
Winston Churchill definió al estadista como el político que prefiere el bienestar de las futuras generaciones, sin preocuparle los intereses electorales inmediatos. En nuestra próxima colaboración, escribiré a quienes a nivel mundial, pero sobre todo nacional, podemos considerar como estadistas, si es que realmente los ha habido.
*Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM
































