El último intento que hacen en este momento los estudiantes por rescatar el Instituto Tecnológico de Oaxaca (ITO), pudiera ser infructuosa si el gobierno federal y estatal, siguen inmutables ante la gran corrupción y desidia que deja, como herencia maldita en esta institución, el cártel 22.
El hundimiento de una de las escuelas de educación superior que fue palanca de desarrollo en Oaxaca se inició a finales del siglo pasado. Hoy está en el fondillo de la desidia. Si bien es cierto que una camarilla de activistas del cártel 22 es la responsable, bastante contribuyeron a la debacle varios directores con su actitud timorata de dejar hacer, dejar pasar.
Solo para que el dato quede en el registro de la historia del ITO, busqué nombres y datos de los personajes que teniendo la obligación de impulsar una de las pocas instituciones educativas rescatables que tuvo nuestro estado, actuaron de manera cobarde, convenenciera, mientras del barco se hundía. Esto fue lo que encontré.
La labor de zapa contra el ITO la iniciaron activistas del cártel 22 lidereados por los dirigentes sindicales Serapio Carmelino Ramírez y luego por David Orozco Jiménez. De lado oficial, contribuyeron al derrumbe de los cimientos algunos directores como José Luis Sosa, Gerardo Silva Sánchez, Alfonso León de Guevara y los que los sucedieron, hasta la fecha.
Como ya lo he dicho aquí, la estocada final la asestaron dos siniestros personajes que, paradójicamente se dicen “educadores”, pero “accionan” como protervos oscurantistas. Así actuaron el director Gerardo Silva Sánchez y su cuñado Erangelio Mendoza. Ambos antepusieron sus intereses políticos y económicos a la vida productiva del ITO. Este último, sin ser maestro ni estudiante, propició la entrada de las hordas “democráticas” de la 22 al ITO. Su cuñado, por ser el director, se lo permitió. Así empezó el derrumbe de un instituto que fue glorioso por los miles de técnicos de primer nivel que formaba.
Con el director Emiliano Hernández Camargo, el ITO alcanzó su mejor nivel académico, pero ha venido de más a menos. En la cuesta abajo favorecieron sucesivamente los directores José Luis Sosa, Gerardo Silva Sánchez, Alfonso León de Guevara, Marcos Pedro Ramírez López, Sergio Isidro López Pérez, Ángel Francisco Muñoz y el más mediocre, Juan Cruz Nieto. Éste último terminó por renunciar ante el señalamiento estudiantil de “corrupto e inepto”. La corona de la vergüenza se la pusieron cuando los estudiantes de ingeniería mecánica descubrieron que el software que utilizaba la escuela era “pirata”. Intentó corregirlo, pero terminaron desmantelándolo para no comprar un programa autorizado.
Prosaico
De este tamaño es la deshonra de don Juan Cruz Nieto quien llegó al ITO apadrinado por la priista Sofía Castro cuyo lenguaje prosaico adoptó supuestamente para intimidar a sus subordinados. Cuentan que, por el desaseo en los baños y falta de papel sanitario, gritaba a los intendentes: “…nada de papel, pongan allí unos olotes y listo…”.
Tiro de gracia
Con la salida de este director llega una comisión administrativa para sobrellevar los asuntos del ITO, pero ante el poco interés que muestran los gobiernos federal y estatal, parece que la intención de dar el tiro de gracia a esta institución ¿Por qué digo tiro de gracia?
Cuentan que el tenebroso Erangelio Mendoza desde su influencia en el cartel 22 ha vuelto a la intriga sindical de la mano con su cuñado Gerardo Silva Sánchez quien persiste en su sombría intención de enterrar al Instituto Tecnológico ¿Saben que quiere esta dupla? Imponer a Oscar Silva Sánchez, hermano de Gerardo, como director del Tecnológico de Oaxaca.
Alerta Oaxaca. Esto suena a maquinación diabólica para acabar con la poca educación pública de calidad que queda en nuestro estado. Pretenden puras escuelas mediocres en manos de los “maistros” del cártel 22.
Esta intriga empezó con Juan Cruz Nieto en el ITO. Cuando “la peladita” Sofía Castro lo empujó a la dirección de este instituto se dedicó a la “grilla vil”. Dejó el control en manos de los subdirectores: académico Rafael Reyes Morales, de Planeación, Pedro Ortiz, y de administración, Antonio Zamudio. Con estas figuras llevó al Tecnológico de Oaxaca al despeñadero.
Unos ambiciosos e ineptos, otros demasiado corruptos como es el caso de Ángel Francisco Muñoz el director que se confabuló con el gran saqueador Gabino Cué, para expropiar la Unidad Deportiva que hoy aparece como símbolo de la podredumbre: un estadio donde maestros y estudiantes del ITO solo pueden acceder pagando, una alberca con agua fétida. De este seguiremos hablando.
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