¡El extractivismo de la Guelaguetza, pasarelas políticas y las maromas en el Istmo!
Mucho traje de luces y clichés de moda para el turista, pero a la hora de las preguntas calientes en Juchitán, el gabinete dobla las manos y aplica la de “cantinflear”.
“Al buen entendedor, pocas palabras”, pero con nuestras autoridades hay que usar el doble de saliva porque nomás no quieren entender. Bienvenidos a otro Huarachazo, mis estimados lectores, el único rincón donde no les doramos la píldora ni les firmamos cheques en blanco a los señores del poder. El jueves pasado, el gobernador y su comitiva se armaron la caravana hasta Palacio Nacional junto a la carta fuerte del turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora, para anunciar con bombo y platillo la Guelaguetza 2026. ¡Pura finura en el discurso! Pero detrás de los sones y los listones, lo que hay es un negocio redondo donde la cultura indígena es el souvenir perfecto. ¡Pásenle a lo barrido!
1. La guelaguetza con signo de pesos: extractivismo con huipil
“El que tiene más saliva, traga más pinole”, y en el tablero de la “marca registrada”, el dinero siempre le gana a la tradición. Nos quieren meter por los ojos que la Guelaguetza es pura hermandad y comunalidad, pero la puritita verdad es que la convirtieron en un cliché de aparador. “Oaxaca está de moda”, dicen los perfumados, como si estar en el gusto del turista justificara exprimir a los pueblos.
Esto no es promoción, es extractivismo cultural. La maquinaria del turismo no siembra ni cuida la identidad, se la come viva. Agarran los diseños, los bailes y los saberes que a las comunidades les costó siglos de resistencia mantener, y los venden en dólares sin soltarles ni un peso de regalías a los verdaderos creadores. “Candil de la calle, oscuridad de su casa”: mientras el gobierno gasta millones paseando el evento en sedes de lujo, los pueblos que bajan a bailar no tienen ni clínicas con medicinas, ni escuelas dignas, ni agua en las llaves.
Para colmo, en el Cerro del Fortín ya no se vive el ritual, sino un simulacro editado y cronometrado para las pantallas. Si una delegación no es “suficientemente vistosa” o rápida para el ojo occidental, los comités oficiales les meten la tijera. La fiesta ya no es del pueblo, es de quien paga el boleto, relegando a los oaxaqueños a ser los meseros de los gringos o espectadores de banqueta.
Y como si fuera parte de un guion de comedia, la secretaria de Turismo, Saymi Pineda, aplaudía el negocio, y justo al cerrar, le dieron el micrófono a una reportera que, más que preguntar, parecía porrista. Se soltó en halagos diciendo que Saymi “es una gran secretaria que cruzó las fronteras”. ¡Por favor! “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”; aquello olió a kilómetros a pasarela anticipada para la gubernatura.
2. Juchitán: ¿para dónde vas? ¡manzanas traigo!
“A río revuelto, ganancia de pescadores”, y vaya que los funcionarios pescan de maravilla cuando se trata de evadir la realidad. Este sábado, el gobernador se llevó a todo el gabinete a Juchitán para pararse el cuello con su dichoso plan de seguridad en un municipio que nomás no sale del hoyo. Pero ¡ah, bueno!, cuando la prensa les rascó donde duele y les hizo preguntas directas, los secretarios sacaron el manual de la maroma y la cortina de humo.
La pifia del “Narcogobierno”: Cuando le preguntaron derecho al gobernador si Oaxaca corre el riesgo de tener “narcopresidentes” financiados por la maña de cara a las elecciones, el gober aplicó la de esquivar el bulto. Se puso a hablar de unas reformas que mandó la presidenta, de los gobiernos extranjeros que no deben meter las manos y salió con un tibio: “Nosotros no tenemos un narcogobierno… yo espero que todos los presidentes municipales se comporten”. ¡Vaya solución! “A Dios rogando y con el mazo dando”; la seguridad no es cuestión de fe ni de “esperar” que los malandros se vuelvan buenos.
El cuento de la tierra: Al secretario de Gobierno, Jesús Romero López, le tocaron el tema espinoso de las más de 130 colonias de Juchitán que no tienen escrituras y que los líderes coseístas usan como borregos para acarrear votos. ¿Y qué dijo? Puro rollo de mitin. Que ya Coreturo está en eso y soltó un: “Esperamos que nadie se raje”. Mucho reto de cantina, pero de papeles y certezas para la gente pobre, nada concreto.
SEMOVI: Choferes limpios pero bravos: A Yesenia Nolasco le cantaron el tiro sobre las tarifas abusivas y la forma de conducirse de los choferes, que no son las mejores. Su respuesta fue el mismo cassette rayado de siempre: “Los operativos llegaron para quedarnos”. Prometió cursos con perspectiva de género, pero del freno a los cobros excesivos… pasaron de largo y nada de detalles concretos. “Mucho ruido y pocas nueces”.
Las Velas sin cuentas claras: Como Saymi Pineda no estaba, la subsecretaria de Turismo tuvo que salir a capotear el balón cuando le preguntaron si hubo pérdidas económicas en las tradicionales Velas de Juchitán por culpa del miedo y las balaceras. ¿Y qué creen que respondió? Ni un solo número. Salió con que el eslogan de “Juchitán, donde el alma zapoteca florece” está bien bonito y presumió unos vuelos nuevos de Aerus y Mexicana desde el AIFA. “El que no sabe qué responder, sale con otra cosa”. Se les pide el balance de las pérdidas del pueblo y contestan con rutas de avión.
En resumidas cuentas, mis estimados: tenemos un gobierno que usa el color de los huipiles como anestesia política para tapar los bloqueos, los despojos y la violencia, y un gabinete que cuando ve la pregunta dura, se dobla y se esconde detrás de las promesas. Pero que no se confíen los señores de la foto y el micrófono: ‘Arrieros somos y en el camino andamos’, y este huarachazo va bien puesto para recordarles que el pueblo ya no se chupa el dedo con discursos de moda.
¡Pásenle a lo barrido, que aquí la verdad no pide permiso… y mucho menos perdón!

































