¿No mentir, no robar y no traicionar? Los preceptos de la 4T son letra muerta frente al influyentismo, el bisturí del nepotismo y el ejército electoral de tres ruedas
“El cántaro vacío es el que más suena”, dicen por ahí, y a la llamada “Primavera Oaxaqueña” ya se le cayeron todas las hojas. Bienvenidos a una nueva y explosiva entrega de El Huarachazo, el único espacio que no se dobla ante el chayote ni se traga el cuento de la transformación de papel. Agárrense, porque hoy traemos pólvora de la buena: desde dirigentes con tufo a alcohol y tragedias viales, pasando por nepotismo estético en el sector salud, hasta el cochinero electoral que dejó temblando a nuestra Máxima Casa de Estudios. ¡Pasen y vean!
1. El dirigente “al copo”: Alejandro Velasco y su camino de excesos
Morena en Oaxaca ha perdido completamente el rumbo; anda como pollo sin cabeza y con una brújula que solo apunta a Palacio de Gobierno. Su actual presidente estatal, Alejandro Velasco, llegó a la dirigencia tras la salida de Emmanuel Navarro no por una asamblea abierta ni por consulta a las bases, sino por el ya clásico y rancio “dedazo” oficial. Las críticas internas arden porque Velasco Armas ha convertido al partido en una oficina de prensa para defender al gobernador Salomón Jara y pelearse con exaliados como el PT y además a entrarle a la bronca entre señoras (Mariana Rodríguez e Ivet Morán), olvidándose por completo de la militancia de a pie.
Pero “el que tiene cola de paja, no debe acercarse al fuego”. Detrás del flamante dirigente hay un pasado inmediato que huele a impunidad y tragedia. El 29 de marzo de 2025, Velasco Armas protagonizó un brutal accidente automovilístico. Horas antes del siniestro, a la altura de San Juan de los Cués sobre la carretera federal 135, la camioneta en la que viajaba —a exceso de velocidad y rebasando de forma suicida en curva a un mototaxi— estuvo a punto de estamparse de frente contra una familia que logró salvar su vida de milagro.
El escándalo es mayúsculo: en la región de Cuicatlán es bien sabido que al hijo de la tesorera municipal le encantan las visitas cargadas de alcohol y excesos. Lo trágico y oscuro del asunto es que días después del accidente falleció su chofer, quien supuestamente manejaba; sin embargo, la vox populi y las sospechas apuntan a que quien realmente iba al volante en presunto estado de ebriedad era el mismísimo Alejandro Velasco. ¿Y los principios de Morena? ¿Dónde quedó el perfil ético? Tapado por el manto de la impunidad y el influyentismo. “Muerto el perro, se acabó la rabia”, debieron pensar al culpar al difunto, pero la ciudadanía no olvida.
2. Martha Viveros: cirugías de lujo con dinero de la salud
“El que no cae, resbala”, y la familia Viveros Montalvo ya se dio un frentazo completo contra la realidad. De nueva cuenta, el diputado plurinominal Benjamín Viveros se colocó en el ojo del huracán, pero esta vez por culpa de su hermanita, Martha Leticia Viveros Montalvo, jefa Jurisdiccional del sector 06 Sierra con sede en Tlacolula de Matamoros y sobrina incómoda del gobernador.
Resulta que los trabajadores de la Sección 35 del SNTSA se cansaron de sus abusos y le tomaron las oficinas de los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO). ¿El motivo? Una desvergüenza total: doña Martha Leticia se ausentó de su centro laboral durante semanas para someterse a cirugías estéticas. ¡Hágame usted el bendito favor! Mientras las clínicas de la Sierra no tienen gasas ni jeringas, la jefa jurisdiccional abandona el barco para hacerse “unos arreglitos” al más puro estilo de “buchona” de la 4T, delegando funciones a personal de confianza que ni el perfil cubre.
Para colmo, al ser denunciada, recurrió al abuso de poder y las amenazas contra la base trabajadora porque se siente “bastante influyente”. “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, y aunque se operen de pies a cabeza, el cinismo se les nota a kilómetros. La asamblea sindical exigió su destitución, pero las cúpulas charras intentaron protegerla. Los preceptos de Morena —esos que prohíben estrictamente el nepotismo e influyentismo hasta el cuarto grado— se los pasaron por el arco del triunfo.
3. UABJO: un cochinero peor que el viejo PRI
Si usted pensaba que la elección de la Rectoría en la UABJO sería un proceso democrático y académico, pecó de inocente. Lo que se vivió en las urnas universitarias fue un verdadero asco, un cochinero idéntico o peor al fraude disfrazado de la pasada revocación de mandato.
Farid Acevedo, el peón de Salomón Jara, demostró que la “Primavera” tiene las mismas mañas —pero revolcadas— del viejo PRI que tanto critican. Vimos un derroche de recursos que insulta la pobreza del estado, compra descarada de medios para aplaudir al candidato oficial, guerra sucia despiadada en redes, coacción y compra de votos, además de conatos de violencia para amedrentar a los opositores. Utilizaron todo el aparato del Estado para imponer a su gallo. Al final, ganaron a la mala, demostrando que para el actual gobierno la autonomía universitaria es un estorbo y que son capaces de ensuciar las aulas con tal de saciar su hambre de control total. “La iglesia en manos del hereje”, así dejaron nuestra Máxima Casa de Estudios.
4. Juchitán y el ejército de tres ruedas
Y para rematar, vámonos directo al Istmo. Juchitán sigue sumido en el miedo y la violencia, pero para los líderes políticos las prioridades son electorales, no de seguridad. El presidente estatal de la organización FUCO, Pedro Bladimir Vásquez López, mejor conocido como “Chepe Fuco”, anduvo muy activo adhiriendo a otros 400 mototaxistas a sus filas pegándoles calcas.
“Amor con amor se paga”, pero en la política oaxaqueña “calca con voto se amarra”. ¿A cambio de qué creen que es el apoyo? El control del mototaxismo en Juchitán ya no es para ordenar el transporte público que tanto le urge a la ciudadanía, sino para preparar y acechar al “ejército de votantes” que van a necesitar para movilizar las urnas en los próximos procesos. Mientras el pueblo pone los muertos, los líderes sindicales y partidistas siguen sumando fichas a su tablero de impunidad.
En fin, mis estimados lectores, la tarta de la transformación en Oaxaca salió rancia: nepotismo, influyentismo, trampas electorales y dirigentes intocables. Pero que no se confundan estos nuevos ricos del poder: ‘Arrieros somos y en el camino andamos’, y la paciencia de este pueblo tiene un límite que ya están empezando a rozar.
¡Pásenle a lo barrido, que aquí la verdad no pide permiso… y mucho menos perdón!

































