En contra de la voluntad de miles de maestros conscientes, de padres de familia preocupados por la educación de sus hijos y de autoridades que han sido proclives al diálogo, el Cártel 22 –así llamado por sus prácticas terroristas, de intimidación y atropellos a los derechos civiles- se empecinó en seguirle el juego a su matriz, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), para simular demandas de corte educativo para crear en el entorno social, un ambiente de crispación y terror. A nadie engaña ya la dupla CNTE/Cártel 22. A nadie sorprenden con sus manidos argumentos de que quieren una mesa de negociación nacional o la soterrada abrogación de la Reforma Educativa. No. Tratan de torpedear el proceso electoral y de fingir una serie de demandas, para maquillar su propósito final que es allanar el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de la República, por la coalición “Juntos haremos historia”. No es la primera vez que lo hace el Cártel 22 ni sorprende a los oaxaqueños. Lo hemos visto desde el año 2006. Lo volvimos a ver en el 2010, se repitió el esquema en 2012 y se expresó de manera burda en 2015. Obviamente, ya estamos acostumbrados a ver este escenario. Se trata de verdaderos sicarios de los procesos electorales. Eso es lo que son y nada más.
De nada han servido los llamados de las autoridades; las advertencias de los padres de familia; la apertura del gobierno. El señuelo de que AMLO acabará con la Reforma Educativa y con los exámenes de evaluación; con todo aquello que hizo “la mafia del poder”, ha terminado por convencer a los aguerridos revolucionarios con la quincena segura de que en el próximo gobierno estarán mejor que ahora y que en lugar de impartir clases pueden seguir en la calle. Hasta ese grado llega la ignorancia y la ineptitud de los capos del Cártel. He ahí la obcecación de llevar adelante el paro loco de labores, justo a poco más de un mes de terminarse el ciclo escolar 2017-2018. He ahí la simulación de exigir la solución de demandas en apariencia laborales, cuando en el fondo lo que tratan es de torpedear el proceso electoral. Quienes conocemos las entrañas del llamado Movimiento de los Trabajadores de la Educación en Oaxaca (MDTEO) sabemos que la demagogia es un arma letal entre los miembros de su dirigencia. Hay que ver ahora a varios de ellos montados ya como candidatos a cargos de elección popular.
Inversiones, ¿para qué?
Hay que valorar la enjundia del gobernador Alejandro Murat, en sus continuos viajes al extranjero para promover las necesarias inversiones para Oaxaca, algo tan urgente para alentar la creación de empleos y promover la generación de riqueza. Es lamentable sin embargo, que la problemática interna sea algo así como un cero a la izquierda. Existe apatía institucional para ver de cerca la realidad oaxaqueña. No hay duda que la entidad requiere de recursos frescos de fuentes privadas externas. Hay diversos rubros en los que se puede invertir. No obstante, ¿cuál es la garantía que les ofrece la actual administración para que dichos capitales tengan seguridad y sean en efecto rentables? Es ya motivo de preocupación el entorno de violencia que se ha vivido en Oaxaca en los últimos dos años; el directorio creciente de crímenes sin castigo; la movilización sin control que amenaza a los inversionistas; los bloqueos permanentes en áreas estratégicas, etc. Es, asumimos, una irresponsabilidad no atender con prontitud dichos rubros y dejar que aquellos inversionistas potenciales tengan que vivirlo en carne propia para que salgan del estado desencantados y molestos. El ejemplo más evidente de ello lo tenemos en las empresas que generan energía eólica y que se asientan en el Istmo de Tehuantepec.
Hace un par de semanas el Poder Judicial de la Federación suspendió de manera definitiva la consulta popular en Unión Hidalgo, para validar o invalidad la instalación de un parque eólico. Ello se debe a la solicitud de amparo que promovió una organización de las supuestas defensoras del territorio y los derechos indígenas, que ante la rentabilidad que les da a los dirigentes negociar detrás de la puerta con el gobierno, han proliferado como la peste. En Juchitán de Zaragoza, por ejemplo, están presuntamente suspendidos los trabajos de la empresa llamada “Eólica del Sur”, que ha vivido un verdadero calvario de chantaje, presiones, extorsión, etc. Y su situación se complica habida cuenta de que dicha capital istmeña está catalogada por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad, como la novena ciudad más insegura del país. No basta pues alentar las inversiones sino valorar la situación real para otorgar a los inversionistas certidumbre y seguridad a sus capitales. En la entidad se perciben hoy en día los efectos nocivos de la pobreza y la miseria presupuestal en el gobierno. No hay obra, no hay circulante y además, con una inseguridad preocupante.

































