El delito de odio hacia la comunidad afroamericana por parte de policías norteamericanos, tiene resonancia mundial. Ya tiene un límite, muy lejos del discurso pronunciado por Martin Luther King que se manifestó orgulloso de reunirse en la mayor manifestación por la libertad en la historia de Estados Unidos. Muchos esclavos de este siglo, frente al Estado Policía, no se han emancipado, no han logrado su libertad hasta que el poder se ponga al nivel del pueblo norteamericano.
El llamado al “amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio” no ha terminado. La comunidad afroamericana, como la latina, aún tienen grilletes que encadenan y discriminan a los “hombres libres” del país norteño, los eternos exiliados de los negocios para blancos, de las escuelas, de los centros educativos o sociales, serán de otras razas menos la blanca.
Lo dijo King “¡las palabras de la Constitución Norteamericana y la declaración de independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería heredero! Esa nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de ‘vida, libertad y búsqueda de la felicidad’. Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color. En vez de honrar su obligación sagrada, Estados Unidos dio al negro un cheque sin valor que fue devuelto con el sello de ‘fondos insuficientes’. Pero nos rehusamos a creer que el banco de la justicia está quebrado. Nos rehusamos a creer que no hay fondos en los grandes depósitos de oportunidad en esta nación. Por eso hemos venido a cobrar ese cheque, un cheque que nos dará las riquezas de la ¡libertad y la seguridad de la justicia!”.
Parece ser, que la gran diferencia entre lo que viven los norteamericanos, debe perfeccionarse en México: que se legisle para crear esa figura jurídica, abordando temas de racismo, xenofobia, delitos de odio diversos y responder a las necesidades sociales. Ya que mediante el reconocimiento y protección jurídicas, a través de normas que procuren la inhibición de conductas discriminadoras y tipifiquen los crímenes de odio por homofobia, lesbofobia e identidad genérica, de raza, procedencia étnica y religión, se podrá castigar de manera implacable y revertir los efectos perniciosos del estigma que existe sobre conductas juzgadas como “indeseables” ꟷal percibirse como amenazas para la sociedadꟷ o por desprecio a las personas que se aprecian como diferentes o desvalorizadas.
Cabe señalar que la afectación a la psique de los ofendidos al considerar simples aseveraciones o señalamientos genéricos como discriminatorios, se acreditan. Tan sólo se requiere que se atente contra la dignidad humana, los indígenas, los grupos minoritarios que requieren respeto de sus policías, de sus gobernantes, de los servidores públicos. Hace falta una cultura constitucional practicada por los norteamericanos, que de una vez por todas integren el respeto a los ciudadanos latinos y de la misma comunidad afroamericana y sus descendientes. (CONTINUARÁ…)

































