No es un secreto que sindicatos, organizaciones y grupos manejados por líderes sin escrúpulos, son verdaderos cárteles delictivos y criminales. En Oaxaca, tenemos al menos dos, que se han caracterizado por imponer un control absoluto a base de terror, intimidación y perfil criminal a sus agremiados y a la sociedad. Se trata de la sección local de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y el Sindicato Libertad. Ambos se exterminan y matan entre sí. Ayer mismo fueron localizados dos cadáveres de moto-taxistas. En la primera existen reiteradas insinuaciones de que los medios la cuestionan y, en a la primera oportunidad que tienen, cualquier hampón que se diga militante de la misma, se asume el protector de los derechos delincuenciales y arremete en contra de los periodistas, como ocurrió con nuestro compañero Adrián Gaytán, cuando cubría la situación del Río Atoyac, en donde la CTM ha invadido predios urbanos con una impunidad inaudita.
Con palabras altisonantes, una mujer, que se dijo dirigente de los cetemistas, amenazó e intentó despojar a nuestro compañero de sus instrumentos de trabajo. De poco sirve la existencia de Unidades o Fiscalías Especializadas en Delitos Cometidos en contra de la Libertad de Expresión, ante la agresión de poderes fácticos a los que ninguna autoridad, ni estatal ni federal, intenta siquiera tocar.
El periodismo en México y, particularmente en Oaxaca, se ha convertido en un asunto de vida o muerte. Cualquier imbécil conculca el derecho a la información, la libre expresión y la libertad de prensa. Ya no es sólo el crimen organizado el que impone la Ley de la Omertá, o el silencio, como en el Norte del país. Aquí son maestros, normalistas, organizaciones o sindicatos, identificados con los grupos criminales, sólo que navegan con la bandera de la lucha sindical. Desde esta página editorial exigimos el nuevo delegado de la Procuraduría General de la República (PGR), Jaime Porfirio García Belio, la investigación a fondo de este hecho lamentable e indignante, a fin de que en estricto apego a derecho se deslinden responsabilidades y se castigue a los responsables.
De igual manera, al Fiscal Estatal en este rubro, Jorge Flores, a fin de documentar este atentado a la libre expresión. Las fotos ahí están; la agresión ha permeado en los medios de comunicación impresos y electrónicos desde el mismo viernes 25 de agosto. Ya es tiempo de que las autoridades tanto federales como estatales dejen el discurso de respeto al ejercicio periodístico, en el que se escudan para dejar que se sigan cometiendo agresiones como la que padeció Gaytán.
Diálogo de sordos
Se entiende que la recolección de basura y su traslado al tiradero competen a la autoridad local. Es evidente en este trillado asunto, la impunidad con la que han actuado los dirigentes, manipuladores, cilindreros y demás, de la agencia municipal Vicente Guerrero. Más aún, la forma ruin en la que se pretende exhibir al ayuntamiento de la Ciudad de Oaxaca de Juárez, aunque el asunto, lo sabemos todos, está en la cancha de la Secretaría General de Gobierno (SEGEGO).
En este entorno, lo que cala duramente en la consciencia colectiva es la indolencia de grupos ciudadanos, arrojando la basura en las calles y no tomando la providencia de resguardarla, al menos mientras se resuelve el conflicto. No obstante, es innegable que ha indignado a la ciudadanía capitalina la lentitud con la que un problema serio de salud pública, de imagen y de gobernabilidad, se siga manteniendo con más complicidad que autoridad, para proteger a quienes siguen bloqueando el basurero, con el pueril argumento de que el gobierno de Alejandro Murat no ha cumplido con la minuta de trabajo suscrita en el mes de julio. En pocas palabras, la SEGEGO no ha cumplido con la función que tiene asignada.
Pretender sentar a la mesa de diálogo a un grupo minoritario de personas que ha palpado la debilidad del gobierno, para seguirle sacando dinero y obteniendo ganancias políticas es, sencillamente, tiempo perdido. Es un diálogo de sordos. Por ello hay tanto desencanto en la sociedad. El pasado nos dejó marcados para siempre y ha incidido en el miedo del gobierno para aplicar la ley y mantener firme el Estado de Derecho. Nada, absolutamente nada justifica el cierre del basurero municipal, tampoco la dilación en su reapertura.
Se trata de un chantaje vil que el gobierno estatal ha estado solapando de manera burda y torpe, para evitar presuntamente la confrontación. Sorprende que en el régimen actual se hable de inversiones millonarias, del atractivo turístico, del imán que representa Oaxaca y sus Valles Centrales para los visitantes del país y el extranjero, cuando existe incapacidad para resolver un problema local, que con la actuación de la Policía Estatal y las fuerzas del orden, se resolvería en un tris. Pero el miedo, el temor cerval, la indolencia y la incapacidad, siguen imponiéndose en esta administración. Así, que se joda Oaxaca y los oaxaqueños. No hay que hacer nada, por aquello del 2018. ¡Vaya estupidez!



































