Si bien es cierto que las cifras referentes a Oaxaca en los últimos años muestran mejoría en el tema de la pobreza, en la realidad global seguimos igual. Nos referimos a los datos aportados por el Comité de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que en su último informe reveló que los estados que siguen encabezando altos índices de pobreza y pobreza extrema son Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Veracruz. Sin embargo, se reconoce que durante al actual administración se ha reducido el número de pobres en nuestra entidad. Hay quienes han visto dichas cifras con escepticismo, habida cuenta de que la pobreza de importante sectores de la población –más de la mitad de oaxaqueños- sigue arrastrando altos índices de miseria. De ser acertado el diagnóstico del Coneval habrá pues que festinar dichas cifras alentadoras, pues durante mucho tiempo no hemos visto llegar visibles estados de bienestar en territorio oaxaqueño. Uno de los factores que ha incidido en ello es la ausencia de un programa social encaminado, justamente, a abatir dichos índices de pobreza.
En la actual administración en el marco del desarrollo social, hay que reconocer como una debilidad la carencia de un programa encaminado a mejorar el estado de bienestar y la calidad de vida de los sectores más desprotegidos. En este universo se encuentran los niños, niñas, madres solteras, ancianos, personas en situación de calle, jornaleros agrícolas sin seguridad y sin apoyos de programas federales. Pareciera –lo dijimos hace unas semanas- que la única área que trabaja en ese sentido es el Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), en los últimos tiempos con las caravanas de bienestar. Pero ello no basta, obviamente. Se requiere un programa bien integrado e inter-institucional que sume a sus tareas a las diversas áreas de la administración pública estatal. Hasta hoy se han hecho esfuerzos aislados no integrados hacia un solo objetivo. Por ello, más allá de mediciones para abatir la pobreza y cifras alegres, aún es prematuro echar las campanas al vuelo cuando existe la certeza de que no se ha trabajado a conciencia en ese sentido. Oaxaca urge de un programa de desarrollo social y no de esfuerzos aislados que limitan el éxito y dejan lugar a dudas de que no se ha hecho lo correcto.
Irresponsabilidad ciudadana
Las intensas lluvias de los últimos tiempos han generado inundaciones y emergencias, con calles anegadas y sitios afectados. Granizadas y chubascos han puesto en movimiento a los cuerpos de emergencia, suspensiones del servicio de electricidad, entre otras afectaciones. Poco se repara que en la mancha urbana, uno de los ejes de las inundaciones se debe a la irresponsabilidad ciudadana, que no obstante las recomendaciones, insiste en tirar la basura en alcantarillas y registros del drenaje público. Esta situación se hace patente en mercados y zonas comerciales que se barren y la basura va a dar a dichos lugares. Es evidente que el agua de lluvia que cae con intensidad, no tiene desfogue y rebalsa hasta convertirse en un daño a la ciudadanía. Hace unos días trascendió que el ayuntamiento de la ciudad de Oaxaca impondría sanciones y multas a quienes fueran sorprendidos tirando basura en las calles. Ojalá se haga realidad. Se trata de un vicio muy arraigado que no sólo genera daños a la salud pública sino que provoca afectaciones en nuestro desgastado sistema de agua y alcantarillado.
Otro de los problemas que se ha hecho evidente en esta temporada es que con el argumento de que no hay recursos, se ha dejado de lado el desazolve de arroyos y afluentes que rodean la capital y el área conurbada. En el norte de la ciudad, en donde se han padecido las precipitaciones del Río San Felipe, se desconoce la situación real de la presa “Rompepicos”. Lo cierto es que las inundaciones que se padecieron hace algunos años en colonias como La Cascada, Reforma, Xochimilco y otras, se debió justamente a que una presa que fue en su momento construida por el gobierno, de repente y por procesos misteriosos y amañados, pasaron a ser propiedad privada. Se trata de un dique que sirve para contener las corrientes de riesgo que vienen de la zona norte de la capital, pero a lo cual no se le ha concedido la importancia debida. Hay que recordar que Oaxaca ha sido rehén del saqueo. Los gobiernos no vienen a servir sino a ver qué se llevan. Entre las causas de los siniestros de que hablamos se deben asimismo al crecimiento anárquico y desordenado de la mancha urbana. El crecimiento inusual de fraccionamientos, asentamientos humanos irregulares y otros, lo que ha contribuido a este estado de cosas. Algo deberán hacer las autoridades a la brevedad posible.



































