Hace un par de semanas, muy temprano, los citadinos pudimos observar decenas o cientos de personas de todas las edades, la mayoría jóvenes, limpiando cuentas, paredes llenas de grafitti, pintando guarniciones o simplemente barriendo las calles. Los trabajos los encabezó el gobernador Alejandro Murat y, se dice, que también algunos de sus colaboradores que pasan el fin de semana en Oaxaca, porque hay otros que sólo son de medio tiempo y se van a la Ciudad de México. La iniciativa se denominó: “Tequio por Oaxaca”. No obstante las críticas ácidas que se diluyeron en las redes sociales, para muchos se trató de una buena acción; una demostración de que somos más los que queremos a éste nuestro terruño, que aquellos que lo perjudican. Fue una escena singular e inédita ver a grupos avituallados con gorras y vestidos de blanco en su mayoría, con brochas pintando guarniciones o paredes. Presumo que no se trató de un evento de protagonismo o sólo para captar reflectores sino un esfuerzo institucional por darle a nuestra ciudad una imagen de unidad, madurez y amor por la patria chica. Es cierto, jamás quedarán satisfechos todos, pero algo tiene que hacerse en estos tiempos en los que se presume, arriban a la capital miles de visitantes.
No obstante los esfuerzos que ha desplegado el ayuntamiento de la capital, que preside el edil, José Antonio Hernández Fraguas, es evidente que la ciudad muestra resabios de abandono. Ningún presupuesto será suficiente para darle una imagen decorosa a la capital, ante el constante vandalismo prohijado por el magisterio afiliado al Cártel 22. En el paro que inició el pasado 28 de mayo y que se prolongó casi un mes, pudimos darnos cuenta de la ignorancia y desarraigo que existe en dicho sector, respecto al valor histórico de nuestro Patrimonio Monumental. Las redes sociales dieron cuenta de un mentor, atribulado por encajar un clavo en una de las históricas canteras de La Catedral, para atar un mecate. Escenas como ésas con comunes, como lo el sitio que tiene hoy el zócalo de la capital por parte de triquis, organizaciones sociales y vividores de la dádiva oficial. En este entorno pues, hay que reconocer el esfuerzo de dicha acción, en el que se puso de manifiesto que hay muchos oaxaqueños que queremos ver a nuestra ciudad, digna y con decoro. Los depredadores son muy pocos, por fortuna.
Jornadas violentas
Nuestra insistencia respecto a la inseguridad en Oaxaca no ha sido algo fortuito o sólo por el hecho de demeritar a ciertos funcionarios, mucho menos al gobierno estatal. Se trata solamente de llamar la atención respecto a un rubro del que se dicen cosas en el discurso oficial pero no lo que en realidad está ocurriendo, pues tal parece que al ejecutivo estatal le mienten. En efecto, como lo hemos comentando en otras ocasiones, Oaxaca se ha inscrito ya en el mapa de la violencia en México. Tenemos al menos tres ciudades locales ubicadas en los primerísimos lugares de homicidios dolosos, como por ejemplo Juchitán de Zaragoza, Tuxtepec y Pinotepa Nacional. Y no podemos decir que no pasa nada, porque los hechos y las estadísticas criminales están a la vista de todos. Hoy la realidad ya no se puede ocultar como antes. Las noticias viajan en tiempo real y se reproducen en las redes sociales de manera espectacular. Veamos nada más para ejemplificar: sólo el sábado 14 de julio, se cometieron al menos once homicidios, en menos de 24 horas. En la madrugada dos tipos fueron baleados en Juchitán. Por la mañana, en un paradero de camionetas de servicio mixto, fue asesinado en esa misma comunidad, el ex agente municipal de Collantes, perteneciente a Pinotepa, Rey Toscano.
Más tarde se reportó una ejecución en el municipio de Santa María Mixtequilla. Un sujeto apodado “El Duro”, presuntamente ligado a operaciones ilícitas fue ejecutado frente a su taller. Por la tarde, una llamada telefónica alertó a las autoridades de dos sujetos asesinados en San Juan Mixtepec, presumiblemente por vecinos de Santo Domingo Yosoñama, con quien libran una añeja disputa agrario. Y un poco más tarde, tres sujetos fueron ejecutados en una cantina, en el tramo carretero que comunica a Huautla de Jiménez con Jalapa de Díaz, un corredor que utilizan los grupos criminales que se han avecindado en la zona, para sus operaciones ilícitas. Ello sin contar con otro asesinato en Matías Romero y uno más en Miahuatlán de Porfirio Díaz. Se trata de la friolera de once homicidios dolosos que advierten que Oaxaca no es un remanso de paz ni, mucho menos, el vergel en donde todo es armonía y bienestar. En efecto pues, hay quienes de plano no han hecho su chamba o están agazapados porque la realidad ya los rebasó. Insistimos: no se trata de demeritar la responsabilidad de nadie, pero sí del trabajo que no se ha hecho.

































