Por Alejandra Hernández Aguirre
Si pudiéramos generar una fórmula para determinar cómo crear peligrosas variantes del Coronavirus, sería algo así:
Muchos contagios + Vacunas – Medidas de distanciamiento social = Variantes peligrosas de COVID-19
Y esto es exactamente lo que está ocurriendo en Brasil.
El 11 de Marzo del 2021, Brasil comenzó a atravesar un colapso histórico en sus servicios de salud a causa del coronavirus, repentinamente sus cifras de fallecidos por el virus incrementaron drásticamente, llegando a presentar 90.000 casos activos y 2.841 muertes en un solo día.
Tras una breve investigación, los científicos se dieron cuenta de que en Manaos, la capital del estado de Amazonas dónde se contagió casi el 70% de la población durante un gravísimo brote de COVID-19 en abril del año pasado, había surgido una nueva variante de Coronavirus, apodada como P.1.
Esta nueva cepa, debido a su capacidad de resurgir en personas que ya se han contagiado, se expandió y ha provocado que 25 de los 27 estados de Brasil cuenten con una ocupación hospitalaria superior al 80% a pesar de contar con más de 11 millones de personas ya vacunadas en contra del Coronavirus. La situación es tan crítica, que se calcula que el 21% de todas las muertes ocurridas en el mundo debido al COVID-19 están ocurriendo en Brasil, un país que solamente tiene el 2,7% de la población mundial.
A nivel global, este fenómeno ha causado un gran revuelo debido a que los científicos aseguran que si personas recién vacunadas se contagian de esta nueva variante, la cepa podría llegar a desarrollar cierta inmunidad contra la vacuna. Pero, a pesar del inminente peligro que representaría una variante inmune a las vacunas, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se ha negado a imponer ningún tipo de medidas sanitarias, distanciamiento social o cuarentena, ya que asegura que el daño colateral a la economía sería peor que los efectos del virus como tal.
Ante esta situación, el exmandatario y dirigente opositor Luiz Inácio Lula da Silva no ha parado de criticar y exigir a líderes internacionales que detengan las “estúpidas” decisiones del presidente Bolsonaro, exigiendo convocar una cumbre de emergencia sobre COVID-19, antes de que sea demasiado tarde.
Sin embargo, muchos no creen que su activismo se deba únicamente a sus ganas de salvar el mundo de una catástrofe sanitaria, sino de aprovechar esta coyuntura para recuperar el poder en las próximas elecciones presidenciales, que tendrán lugar el próximo año.
Hace tres años, Lula, de 75 años, fue condenado por cargos de corrupción y lavado de dinero como resultado de una investigación sobre la compañía petrolera estatal Petrobras, denominada «Operación Lava Jato». Sirvió un año y medio en la cárcel y logró salir después de que la Corte Suprema anunciara que ya no existían fundamentos para la ejecución de la sentencia, pero a pesar de que no existían fundamentos, las condenas seguían siendo válidas hasta el lunes pasado, cuando un juez de la Corte Suprema de Brasil las anuló por completo, destapando la oportunidad de que, si Lula no vuelve a ser condenado antes de la fecha límite de presentación de la candidatura, podría presentarse nuevamente al cargo y desafiar a Jair Bolsonaro en 2022.
Mientras tanto, la mala fama de Bolsonaro ha incrementado entre los ciudadanos brasileños y otros líderes mundiales, debido a los errores que ha cometido en el manejo de la pandemia y a la falta de empatía que muestra frente a los ciudadanos. A principios de la semana, incluso dijo que los ciudadanos tenían que “dejar de lloriquear” y rechazó las críticas de Lula diciendo que su gobierno ha hecho suficiente para combatir la enfermedad.
Entre tanto, los ciudadanos parecen estar tomando sus propias decisiones sobre cómo mantenerse a salvo a costa de las decisiones que tomen sus gobernantes. Y respecto a la posible catástrofe sanitaria es importante que nosotros también nos mantengamos a salvo y continuemos con las recomendaciones sanitarias a pesar de ya habernos vacunado. Debemos recordar que estamos explorando territorios desconocidos y todavía no sabemos cómo va a evolucionar la enfermedad. Además, es interesante como los gobiernos podrán actuar ante la irresponsabilidad de un solo gobernante ¿La falta de medidas sanitarias se convertirá en una excusa para violar la soberanía de un territorio? ¿El COVID se convirtió en el nuevo terrorismo?
Lic. en Relaciones Internacionales
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