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En algún momento, hace ya muchos años, la que suscribe consideró que las representaciones plurinominales eran prescindibles de los Poderes Legislativos. Ya no es el caso. Hoy, con el debate sobre las muy necesarias reformas que el sistema electoral y partidista en nuestro país (no siendo requeridas aquellas que se plantean de manera estructural, cabe señalar), es buen momento para reparar en la importancia de este tipo de representación y las problemáticas que subyacen en la misma que requieren reformas y ajustes sustantivos.

Iniciemos por aclarar qué es una representación plurinominal. Las personas que son diputadas o senadoras plurinominales (en términos jurídicos, de representación proporcional) son aquellas que llegaron al puesto gracias al voto en general recibido por el partido en una elección. Esto quiere decir que, además de las y los candidatos que les votamos en cada distrito, existen personas diputadas y senadoras que son asignadas por la totalidad de la votación emitida en todo el estado en el que se está votando.

Esto tiene como consecuencia que, como se cuentan todos los votos para la designación de las personas plurinominales, incluso de aquellas personas que votaron por candidatas y candidatos que no ganaron en su localidad, de cualquier manera el voto de esas personas cuenta, porque —en general— se apoya a su partido para que tenga una representación en la toma de decisiones de las leyes, los presupuestos y la vigilancia de los gobiernos estatales y municipales en los Poderes Legislativos federales y estatales, o sea, en la Cámara de Diputados, la Cámara de Senadores y en los Congresos Locales.

Esto es muy importante porque, de nuevo, eso permite que cada voto cuente. También, resulta fundamental porque se configuran contrapesos en los Poderes Legislativos, o sea, que ciertas minorías puedan tener un grado de representación en estos espacios públicos esenciales para el funcionamiento institucional del país y las entidades federativas.

Ahora, no todo es miel sobre hojuelas. Estas representaciones son asignadas por listas que los partidos políticos presentan de manera unilateral. Es decir, cuando los partidos reciben un cierto nivel de votación se les asigna una posición plurinominal, que va dándose a las personas designadas en las listas en el orden determinado por los partidos. Quienes estén en los primeros lugares de la lista tienen posibilidades de recibir un cargo, cayendo sensiblemente la posibilidad entre más abajo se coloque un nombre.

¿Quiénes están en estas listas? Quienes el partido político determine. Generalmente se trata de personas que ya tienen largo arraigo partidista, que están muy bien conectadas con los liderazgos de su partido o a quienes se les deben favores políticos dentro de esas organizaciones. Es decir, la vasta mayoría de las veces se tratan de perfiles que poco tienen que ver con la representación de intereses comunitarios o populares, lo que hace cuestionable su integración -no siendo el caso de todas las personas que están en esa posición-.

Es necesario señalar que, en ocasiones, estas posiciones también sirven para que los partidos coloquen a personas que tienen un nivel técnico o experiencia importante que permita organizar a su partido dentro de los poderes legislativos (o sea, al grupo parlamentario) y se realice trabajo relevante dentro de dichas instituciones.

Es así que, estas figuras deben prevalecer, sin embargo, justo como contrapeso de la votación que determinó a las y los legisladores asignados de manera directa por distrito.

Por otra parte, es deseable que los listados se conformen con mayor transparencia y no solo dadas por criterios poco claros o de plano discrecionales a los intereses de grupúsculos dentro de las organizaciones partidistas.

Finalmente, como es de todas y todos conocidos, es urgente el impulso de la transparencia en el ejercicio de los recursos públicos. Los grandes montos asignados a los poderes legislativos y a los partidos generalmente no se ven acompañados con rendiciones de cuenta efectivos y al alcance de cualquier persona, lo que facilita usar el argumento simplón de la imperiosa necesidad de recortar recursos a estas instituciones. Es necesaria una revisión presupuestaria, pero esto no significa que se deba de cortar de tajo posiciones o asignaciones de recursos públicos.

Definitivamente nuestro sistema electoral y partidista necesita una revisión. Pero que sea con el bisturí y no con el machete.

@GalateaSwanson