Las cuentas alegres | El Imparcial de Oaxaca
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Editorial

Las cuentas alegres

 


No tarda en que, como ya es clásico, aparezcan públicamente los funcionarios de la Secretaría de Turismo a dar las cuentas alegres de la temporada vacacional. Los millones de pesos de derrama económica, los miles y miles de turistas del país o el extranjero que abarrotaron nuestra capital y los destinos de playa y, sobre todo, la calificación de la ciudad de Oaxaca de Juárez, como uno de los destinos privilegiados en el mundo. Sin embargo, se trata desde luego, de la parte bonita; del perfil agradable, no de los múltiples problemas que tuvieron que enfrentar las personas que nos visitaron, los mismos oaxaqueños que se trasladaron de una parte de la entidad a la capital para disfrutar de sus vacaciones o de las fiestas de julio y tuvieron que sortear uno y mil obstáculos por los bloqueos carreteros y cruceros. También se omiten los abusos de que muchos fueron objeto en cobros excesivos, malos servicios, taxistas abusivos o de que no pudieron acceder al evento folklórico, en virtud de la grosera reventa de los boletos de entrada.

Sería bueno escuchar el beneficio que representó para el erario estatal, la venta de dichos boletos, el pago de los estands para la Feria del Mezcal o de las muestras gastronómicas, entre otros tantos eventos. Lo que representó el impuesto al hospedaje habida cuenta de que el promedio de ocupación hotelera bordeó el 80% o el balance entre las erogaciones para llevar a cabo La Guelaguetza, que representaron la movilización, traslado, pagos, hospedaje o manutención de las delegaciones que asistieron a las dos presentaciones los lunes 25 de julio y 1 de agosto y lo que representaron las entradas al evento en sus cuatro emisiones. Es decir, si somos exigentes, la ciudadanía oaxaqueña debe hacer un auto de fe de la transparencia y la rendición de cuentas, a que tenemos derecho en virtud de la vigencia del Artículo 6º, en torno al derecho a la información.

Si como mucho se ha dicho, nuestra fiesta máxima se ha convertido en un boyante negocio, es importante pues tener y hacer público de parte de las autoridades de un informe preciso y pormenorizado de lo que se invirtió y las ganancias. Esto es, algo menos abstracto que informes sobre afluencia turística, ocupación hotelera, derrama económica o estancia promedio de los visitantes del país y el extranjero. Lo cierto es que a nuestro estado le falta mucho para ser en sentido estricto, un destino turístico exitoso y rentable.

 

Desalojos, acción esperada

 

A lo largo de la gestión de Alejandro Murat al frente del gobierno estatal, igual como lo fue el sexenio de Gabino Cué Monteagudo, hubo una insistencia sistemática de la sociedad civil oaxaqueña, en particular de grupos y organismos empresariales: privilegiar la gobernabilidad, la paz social y la tranquilidad de las mayorías, frente a los intereses de grupos minoritarios. Es decir, salvaguardar el clima de derechos civiles del pueblo oaxaqueño, frente a las amenazas y chantajes de los menos, traducidos en bloqueos carreteros, cierre de accesos, oficinas, plazas comerciales, etc. Ninguno de los aludidos movió un dedo. El movimiento político y social del 2006 era –y es- una especie de mal endémico para la aplicación de la ley. Nadie ha querido que le cuelguen el sambenito de represor o “carnicero”, como el que la acuñaron al ex gobernador Ulises Ruiz.

Los ciudadanos nos hemos habituado ya a vivir cuasi secuestrados en nuestras casas o comunidades. Hay tal impunidad que desde días antes, grupos, organizaciones sociales que viven de la dádiva gubernamental, comuneros, sorgueros, vecinos de determinada población, etc., lanzan amenazas anticipadas, creando en la sociedad una psicosis brutal. La gente comenta en la calle, en oficinas, mercados, escuelas, etc., el temor a los bloqueos y camina de prisa para no quedarse atrapado en algunos de ellos. Así hemos vivido los oaxaqueños durante más de una década. Como se dice, lamiendo la coyunda y esclavizado a los intereses de los menos, que conculcan el derecho del resto de la población. Mientras el gobierno, depositario del Estado, que tiene el monopolio de la violencia legítima, traducida en las fuerzas policiales, sólo finge demencia.

Sin embargo, durante los pasados festejos de julio hubo una luz que se encendió aunque de manera tardía en el gobierno de Alejandro Murat. Un grupo de sujetos, liderados por David Juárez, supuestos militantes de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, bloquearon un importante crucero de la capital. La Policía Estatal desalojó a los inconformes y detuvo al dirigente. El lunes 25 de julio, vecinos de Santa María Texcatitlán, perteneciente a la región de La Cañada, siguiendo el mal ejemplo de líderes sin escrúpulos y chantajistas, bloquearon el crucero del Aeropuerto. Ipso facto, fueron desalojados. Ello implica que, cuando hay voluntad política, se pueden hacer las cosas.