Cuando Silvia Bautista Santana participó y ganó el certamen de Diosa Centéotl era aún menor de edad. Con 17 años, algunos de ellos ya como integrante de la delegación de San Melchor Betaza en los Lunes del Cerro, fue su padre quien la animó a inscribirse. “Él era muy amoroso de sus raíces y me propuso para el concurso”, recuerda Silvia, quien ahora tiene 64 años de edad y radica en la ciudad de Oaxaca.
El concursar para representar a la Diosa del Maíz en el año 1972 traslada la memoria de Silvia al exterior del Palacio de Gobierno, en donde se colocaban varias bancas;en las más recientes elecciones el certamen se ha dado en otros espacios como el jardín El Pañuelito o el teatro Macedonio Alcalá.
Junto a otras mujeres del resto de las regiones del estado, Silvia pasó por el proceso instaurado desde la década de los 60. En ese entonces, conoció al impulsor del certamen, Guillermo García Manzano, además de la señora Genoveva Medida, de la delegación de Chinas oaxaqueñas. Sin embargo, el certamen era algo nuevo para ella, aunque parte de la costumbre de una fiesta anual que retoma el nombre de una práctica zapoteca.

Silvia desconocía los orígenes del rol o deidad a quien se evocaba en el certamen, pues a sus 17 años se “sentía muy pequeña”. Que la hayan elegido, explica, tiene que ver con las raíces de Betaza, una comunidad donde las mujeres “son muy auténticas”. Aunque reconoce que muchas cosas han cambiado por la entrada o contacto con las tecnologías, en sus recuerdos aún figuran mujeres sin maquillaje.
“Es más, la representación de la mujer betazeña en la Guelaguetza es muy original, nada de pintura; el trenzado es especial, nada de aretes (en ese tiempo, ni pinturas ni situaciones que quiten la originalidad de la mujer betazeña”, comparte Silvia.
OTRA BETACEÑA 45 AÑOS MAS TARDE
Después de 45 años del triunfo de Silvia, San Melchor Betaza volvió a contar con una diosa Centéotl en 2017. Fue Rebeca Ortiz quien obtuvo el reconocimiento y la responsabilidad de representar a la deidad en un certamen que un año después se vería obligado a cambiar requisitos como el de la edad o el estado civil. Para Silvia, el triunfo de Ortiz fue un gran gusto, aunque también una necesidad porque la comunidad de San Melchor Betaza figurara.
Aunque para Silvia lo que queda es el recuerdo de haber ganado en 1972, pues no hubo otra motivación para seguir en actividades relacionadas con el certamen, anima a las mujeres de su comunidad y del estado a ser parte del concurso en cuanto la pandemia lo permita.

“Tenemos que sentirnos orgullosas de nuestros orígenes y pensar que la situación de las mujeres ha cambiado mucho, hay mucha libertad. En mis tiempos no era así, no había tantas facilidades. También es bonito porque con este pretexto pueden seguir alguna labor social”.
Por segundo año consecutivo, el programa Julio, mes de la Guelaguetza debió modificarse y seguir desde plataformas virtuales.. En el primer Lunes del Cerro, varias diosas Centeótl fueron invitadas para recordar el certamen. Desde su hogar, Silvia siguió la transmisión.
“(La fiesta) cambió en cuestión de la presencia del turismo, de la alegría que se vive, pero virtualmente me pareció muy bien, fue con mucha autonomía; originalmente los bailes se dieron desde el lugar, desde la región de donde pertenecen y me pareció muy interesante mantener una costumbre tan arraigada”, comparte.







































