A 20 días de concluir su misión en la Arquidiócesis de Antequera Oaxaca, la Comunidad Jesuita del Templo de la Inmaculada Concepción, enviaron un mensaje de agradecimiento a la comunidad oaxaqueña.
El padre Rafael Aguayo Villanueva, rector del templo y superior de la Comunidad Jesuita, afirmó que su retiro no se da en un contexto de expulsión, cuestiones políticas o de inseguridad, sino para cumplir nuevas misiones que la Compañía de Jesús les ha conferido.
“Nuestra labor en el estado de Oaxaca fue prácticamente servir a toda la gente que acude a buscar una confesión, una bendición y que quieren algún tipo de conocimiento religioso, fue una labor interesante porque atendimos a mucha gente que viene de otras comunidades, viajan de 4 a 5 horas para poder llegar a la misa, eso es en cuanto a la misión pastoral”.
Expuso que en las labores pastorales, se dieron grupos de seguimiento y de oración en las escuelas de perdón y reconciliación, las comunidades en vida cristiana, los talleres de oración del padre Sebastián Mier y un acompañamiento terapéutico, también se ofrecieron dos diplomados en espiritualidad uno en el sendero de la interioridad y otro de meditaciones y oraciones. Después de más de 40 años se reinició con la labor de la catequesis, iniciamos con 30 niños y ya van más de 70 que van a vivir su sacramento en fechas próximas”.
“Fue una labor de mucha entrega a la comunidad, pero sobre todo buscando dar una opción que la gente se acerque a la vida de Jesús, Nos vamos con mucha gratitud con el pueblo de Oaxaca”, señaló el padre Rafael y al mismo tiempo dio a conocer la historia de la Comunidad Jesuita en el estado de Oaxaca
“Datos históricos”
De acuerdo con los datos históricos que se guardan en los archivos de la Compañía, la llegada de los primeros jesuitas en México data desde 1572 con el padre Pedro Sánchez, quien habría llegado al país con ocho sacerdotes, 3 estudiantes teólogos y 4 hermanos coadjutores, enviados por el general de la Compañía, Francisco de Borja a petición de Felipe II.
Refiere que con la llegada de los jesuitas a Oaxaca, los padres dominicos se encontraban trabajando en muchos pueblos indígenas en donde ofrecían el cristianismo inicial en aquella época.
Luego de instaurar el colegio de San Pedro y San Pablo en la capital del país, la fundación de la Compañía en Oaxaca se convierte en la tercera obra después de la de México y del colegio de Pátzcuaro en condiciones fueron favorables.
En ello, destaca que el Templo de la Compañía, como es conocido desde siempre, empezó a ser construido en 1579, con las aportaciones de los vecinos de la ciudad de Oaxaca, quienes habrían pedido un colegio para la educación de sus hijos y jesuitas.
“Surgió un problema por esta obra, los terrenos estaban en área de los Dominicos y se sintieron agredidos en sus derechos. por lo que tuvieron que ir a otra parte, como a buscar nuevos horizontes. El Padre Diego viaja a la Ciudad de México a buscar una solución, además, se dice que fueron personas del cabildo a defender la obra jesuita porque el pueblo ya tenía cariño hacia los nuevos padres”, recordó el padre Rafael.
En este proceso histórico, refiere que el padre Juan Rogel que fue uno de los primeros en llegar a la capital oaxaqueña, se quedó en Oaxaca y se dedicó a caminar por las calles y juntar a los niños para darles doctrina cristiana.
“La Compañía renuncia a los terrenos que no eran suyos. El Obispo ofreció otros terrenos más grandes y mejor ubicados, por lo que ya no hubo problemas con los dominicos y se solucionó esa parte. Se hizo la paz interreligiosa y actualmente hay muy buena relación entre dominicos y jesuitas”.
El templo y la Casa Fuerte
En los documentos históricos que se guardan en la Compañía, destaca que en 1576 comenzaron las obras para la construcción del actual Templo de la Inmaculada Concepción, por lo que el colegio de San Juan fue el primer colegio- seminario establecido por la Compañía en Oaxaca, para la atención de los indígenas.
“Se le llamó San Juan como testimonio al Deán Juan Luis Martínez, que dio a los jesuitas una casa en los terrenos cercanos al ahora templo de Las Nieves; también dio 300 pesos en renta perpetua para la fundación y sostenimiento. Este seminario fue pensado para el servicio preferencial de los indígenas, duró 20 años su existencia. En 1584 se abrieron las puertas a los primeros estudiantes”.
El rector del templo recordó que fue en 1600, cuando se permitió el acceso a la primera etapa construida de la iglesia dedicada a San Francisco Javier, patrono de las misiones, “aunque era más bien conocida por su consagración a la Inmaculada Concepción”.
“Entre 1603 y 1607 las actividades telúricas malograron las hechuras del edificio, restaurado en 1665, y nuevamente quebrado por los estragos sísmicos de 1711 cuando se volvieron a desplomar las bóvedas del templo junto con el colegio. Ambos fueron reparados, y destruidos de nuevo por el sismo de 1727. Se recuerdan especialmente los temblores de 1603, 1604, y 1607, en los que se derrumbó la primera construcción del templo”.
En este proceso histórico se describe que el primer padre lengua fue el Alonso Fernández “que sabe bien la lengua mexicana ayuda con mucho fruto, y los indios, por el beneficio que hasta ahora han recibido de la Compañía, están muy afectos y deseosos de ver en Jalatlaco gente de la Compañía que los enseñe a ellos y sus hijos.”
“El portugués Manuel Fernández Fiallo de Boralla llegó a Oaxaca en 1665; aquí murió el año 1708. Donó $100,000.00 y parte de sus bienes para la construcción del colegio, junto al templo. Ésta, y el colegio, junto con la residencia de los padres fueron integrando como construcciones toda la manzana. Al conjunto se le conoció, tiempo después, como La Casa Fuerte”.
Refirió que este colegio comenzó en los primeros años como escuela de primeras letras desde párvulos, luego gramática y artes, “de algún modo equivalente a estudios medios actuales y ya en el siglo XVII filosofía, teología, moral y derecho. Este colegio a diferencia del colegio San Juan, próspero y dio servicio muy calificado durante 180 años hasta la expulsión o reubicación de los jesuitas en 1767. Así es como se desarrolla la primera parte de la historia de los jesuitas en Oaxaca”, señaló el sacerdote.
Principal misión
La idea principal que tuvieron los superiores mayores para enviar jesuitas a América Latina fue el trabajo directo con indígenas y en las cartas que venía de Roma se insistía en la necesidad de promover el estudio y práctica de las lenguas nativas para lograr con efectividad la evangelización de los pueblos.
Al establecerse los jesuitas en Oaxaca se encargaron de la actividad pastoral en el pueblo de Jalatlaco, que era una comunidad indígena completamente que hablaba el zapoteco y el mixteco. Se atendía en la Iglesia de San José y duró hasta 1670.
En tanto en la “Casa Fuerte” ocupada totalmente por el templo, la escuela, el colegio y la casa de los jesuitas con unos 15 miembros permanentes. Los hermanos jesuitas desempeñaban todos los oficios imaginables: desde arquitectos, constructores hasta cocineros, sastres, zapateros, panaderos, maestros, jardineros, administradores y los más humildes como barrer y ser simples acompañantes, visitaban a los enfermos. Durante 190 años brindaron un servicio sencillo, callado y eficaz en medio de una gran austeridad social y material.
La expulsión
En este recorrido sobre la historia de los jesuitas en Oaxaca, el padre dio a conocer que en 1767 fue la expulsión de los jesuitas por la supresión de la Compañía que ordenó el Papa Clemente XIV y que el Papa Pío VII la restauró el 7 de agosto de 1814.
“Al venir la expulsión de los jesuitas había 40 obras en la provincia sin contar 11 puestos de misión en el norte. Oaxaca hubiera desaparecido del mapa jesuita como las demás obras, primero por los mismos españoles en la decadencia de la colonia española y después por tantas convulsiones de independencia y después políticas. Aquí en Oaxaca, el Templo de la Compañía se quedó esperando más de 100 años el retorno. Desde 1574 los jesuitas vinieron a quedarse”.
“En 1873 los jesuitas fueron expulsados de nuevo por Sebastián Lerdo de Tejada. Entonces El padre Piñán llegó a Oaxaca a abrir la residencia que se formalizó el siguiente año, lo primero que hizo después de asear y limpiar la Iglesia de la Compañía y organizar culto que dejó en manos de otros dos jesuitas, fue dedicarse a misiones populares en las que ponían mayor empeño en las confesiones”, mencionó el superior.
Llegaron para quedarse
En este proceso se detalla que en el siglo XIX, el templo estuvo defendiéndose hasta 1887 en que lo readquirió, con su dinero personal, el señor Guillow, primer arzobispo de Oaxaca. Ese año, por petición del mismo Arzobispo, volvieron a llegar los jesuitas a Oaxaca, “para quedarse hasta que Dios diga en los tiempos actuales”.
En la restauración de 1888 se pretendió la presencia ministerial de la Compañía: Predicación, Consejos y Ejercicios. La Compañía restaurada en Oaxaca siguió con sus actividades ordinarias de la residencia pequeñas en la Provincia Mexicana.
A decir del padre Rafael Aguayo, de 1985 a la fecha la obra ha tenido otro cambio que fue la renovación del equipo de Jesuitas. Durante los últimos 65 años los jesuitas que viven en esta residencia eran jesuitas mayores a quienes el clima los favorecía para cuidar la salud.
“La historia de la Compañía en Oaxaca es la historia de Oaxaca misma: colonia, terremotos, pestes, pobreza, diversidad de lenguas, incomunicaciones, gobiernos arbitrarios. Oaxaca es tradición y una de ellas es la presencia de los Jesuitas”, añadió.
Recordó que el 8 de diciembre de 1987 celebraron con mucha alegría los 100 años de la segunda llegada de los Jesuitas a Oaxaca, en el que participaron el entonces Arzobispo Don. Bartolomé Carrasco y el Obispo de la Tarahumara, José Llagund S.J.
2021, alistan retiro
A mediados del año 2021 el gobierno provincial, habría comenzado a hablar de la posibilidad de entregar esta obra a la Diócesis. En noviembre de 2023 el padre provincial, Luis Gerardo Moro, Sj informó a la comunidad jesuita que actualmente se encuentra en el templo de la Inmaculada Concepción Rafael Aguayo, Francisco González, Sebastián Mier y José de Jesús Rojas la decisión definitiva de esa entrega.
Por ello, en diálogo con el Arzobispo Don Pedro Vázquez Villalobos, el rector del templo Rafael Aguayo informó que se entregará el Templo de la Compañía el 20 de diciembre de 2024, en una celebración eucarística.
“Tenemos un profundo agradecimiento a la Diócesis de Oaxaca por tantas cosas buenas. Nos retiramos de esta tierra para ir a nuevas misiones, se cierra un ciclo, pero se abren nuevas posibilidades de compartir la misión jesuita: El servicio de la Fe y la promoción de la justicia”, apuntó.





































