Nuestra Señora de la Soledad, además de ser Patrona de Oaxaca, lo fue de los marinos los cuales la llenaron de perlas en ofrenda por sus grandes milagros.
Al fundarse la ciudad de la Antequera de Oaxaca en el año de 1532, por orden de Carlos V, se inició la construcción de espacios de culto, apoyando así la obra de la Evangelización en estas tierras.
Es bajo este concepto que después de 50 años de fundada la ciudad se hace mención de una cofradía dedicada a San Sebastián y la Soledad de Nuestra Señora establecida en una ermita del mismo nombre.
Narra la piadosa leyenda que en 1617, (otras versiones supuestamente registran los hechos en 1543, aludiendo a la mención de la dicha cofradía), un arriero que venía del puerto de Veracruz hacia Guatemala, llevaba una recua de mulas y en los cerros de la cercana a la Ciudad de la Antequera de Oaxaca, una mula sin saber de dónde, se unió a la recua cargada con una caja.
Al observar el arriero que nadie la reclamaba, siguió su camino y ya en la ciudad al pasar a tomar agua para los animales frente a la Ermita de San Sebastián Mártir, la mencionada mula se echó por el peso de la carga misteriosa que llevaba.
Desesperado el hombre, porque no había poder humano que la hiciera levantar, y poder así reanudar su camino, y para no meterse en problemas, llamó a las autoridades civiles para abrir la caja.
Al llegar éstos, se abrió el contenido, percatándose que contenía una imagen de Cristo Resucitado junto con una cabeza y manos labradas y con un rótulo que decía “Nuestra Señora de la Soledad al pie de la Cruz“. La mula al no sentir su peso se levantó y momentos después cayó muerta.
Ante el asombro al descubrir tales objetos, las autoridades en ese momento objetaron que tal asunto no era de su competencia y llamaron a la autoridad eclesiástica para que decidieran qué hacer ante el hecho.
El Obispo de la ciudad, Fray Bartolomé Bohórquez, ordenó que era señal del cielo que la imagen de María Santísima en su Soledad fuera albergada temporalmente en la humilde ermita frente a la cual se produjeron tales acontecimientos.
Santuario para la Madre de Cristo
Para mayor honra de la Virgen ordenó que sobre el inmueble se construyera un Santuario a la Madre de Cristo que se había dignado en dejar su efigie en la ciudad oaxaqueña. Mientras la imagen del Cristo Resucitado fue enviado a la Ermita de la Santa Veracruz, hoy Templo del Carmen de Arriba.
Las imágenes son de suponer que procedían de algún taller español con destino a Guatemala. El primer templo dedicado a la Virgen de la Soledad en la ciudad de Oaxaca fue construido en los primeros años posteriores a la Conquista de México.
Cuando en 1532 el rey Carlos I de España concedió el título de ciudad a la Antequera de Oaxaca, se elevó en las inmediaciones del cerro del Fortín un pequeño santuario que fue dedicado a San Sebastián y el templo incluía una pequeña capilla dedicada a la Virgen de La Soledad.
El edificio de la Basílica inició su construcción hacia 1682 y en 1690 fue consagrada por el obispo Sariñana y Cuenca, las obras estuvieron a cargo del fraile betlemita Sebastián de San Felipe.
La Basílica de La Soledad posee una planta de cruz latina y el material esencial del edificio es la cantera verde, una piedra muy común en algunas partes de Oaxaca.
Nuestra Señora de la Soledad, fue coronada pontificiamente el 18 de enero de 1904. Tal coronación fue posible gracias al esfuerzo del primer arzobispo de la ciudad de la Antequera de Oaxaca, don Eulogio Gillow y Zavalza.
La corona fue hecha con las joyas y esmeraldas que donó el prelado y que pertenecieron a su señora madre Doña María Josefa Zavalza y Gutiérrez, Condesa de Selva Nevada. Siendo Delegado de su Santidad San Pío X en tal solemnidad, Monseñor Ridolfi.
El Santuario fue elevado a la dignidad de Basílica Menor, agregada a la Basílica de San Juan de Letrán en Roma, bajo el pontificado de San Juan XXIII en 1960. Durante el primer viaje a México que hizo el Papa San Juan Pablo II, el 29 de enero de 1979 llegó a Oaxaca y en la Basílica se postró ante la venerable imagen de María.
Monseñor Bartolomé Carrasco Briceño, Arzobispo de Oaxaca, le hizo entrega de una réplica en plata de la Virgen oaxaqueña en nombre de toda la arquidiócesis. Luego, emocionado, Juan Pablo II pidió a los Obispos se acercaran para impartir la bendición «Urbi et orbi”. Entre Lágrimas, vivas y porras, tapizaron el acto. El Arzobispo dijo al Papa: “También los oaxaqueños amamos a la Virgen”.
Silencioso milagro de unificar a multitudes
La Virgen de la Soledad ha hecho el silencioso pero inmenso milagro de unificar multitud de lenguas y diferentes razas de características bien definidas, en un conjunto armonioso, equilibrado y bien perfilado.
Monseñor Pedro Vásquez Villalobos, arzobispo de Antequera Oaxaca, recordó que han pasado más de 400 años de la aparición de la Virgen de la Soledad y los oaxaqueños vivieron del 15 de diciembre de 2019 al 19 a noviembre del 2020 un año jubilar por su presencia bendita. Un año Jubilar entre la pandemia del Covid-19.
A pesar de ello, dijo que “bajo sus manos caben todos los oaxaqueños sin distinción de ninguna clase: el sabio, el ignorante, el bueno y el malo, el rico y el pobre; por eso también, ella unifica esas distinciones de razas, de lenguas, de costumbres”.
Al celebrarse hoy su día, oaxaqueños y creyentes de otras entidades del país se alistan para celebrar a Nuestra Señora de la Soledad, la también llamada Patrona de Oaxaca, para recordar aquel 18 de diciembre de 1620, cuando algunos atribuyen el descubrimiento de su rostro y manos en una caja a los pies de una ermita.
Días propicios para agradecer los milagros concedidos de la santa patrona, pues desde ahora y a pesar de la pandemia, poco a poco ya se preparan las peregrinaciones, y en donde en los primeros minutos de hoy participarán en las tradicionales mañanitas.
Los feligreses llegan de diversas localidades de Oaxaca y las regiones, también llegan de otros estados y se suman a los festejos que se han preparado en este sentido.
La devoción de la sacra imagen de María fue creciendo en toda la región al contarse innumerables milagros que por intercesión de la misma Madre de Dios a través de su efigie se concedían y que se expresaban a través de las muchas ofrendas y exvotos que aún existen en el templo.
Un exvoto es una ofrenda que los fieles dedican a Dios, a la Santísima Virgen o a algún santo en recuerdo de un beneficio recibido. Se ponen en los muros u otro lugar de un santuario, templo o capilla como testimonio permanente de aquel favor divino.
Más de mil piezas se encuentran en el museo que pueden ser apreciados por los visitantes, así como pinturas al óleo donde se narran milagros, obras de arte sacro, ornamentos elaborados con hilo y brocados de oro.
Como también relicarios, orfebrería, imágenes de santos, relojes antiguos, billetes de otros países, entre otros artículos.






































