Desde los 7 años se preparan para migrar los oaxaqueños | El Imparcial de Oaxaca
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Desde los 7 años se preparan para migrar los oaxaqueños

La edad buena para trabajar es desde los 15 años de edad y termina hasta los 50 años, dice Don Miguel Ángel García


Desde los 7 años se preparan para migrar los oaxaqueños | El Imparcial de Oaxaca

Don Miguel Ángel García y su familia, son parte de los oaxaqueños que año con año preparan sus maletas para viajar hacia el norte del país, principalmente al valle de San Quintín en busca de trabajo como jornaleros agrícolas.

“Desde que tenía siete años de edad viajaba con mis padres, no podíamos quedarnos en casa porque había la necesidad de salir a buscar el sustento, cuando llegamos al norte lo primero que hay que hacer es conseguir un cuartito donde quedarse y después buscar la chamba”.

Explicó que de niño solamente se dedicaba a ayudar a sus padres en la cosecha de las frutas y verduras. “La edad buena para trabajar y cuando te pagan el día es desde los 15 años de edad y termina hasta los 50 años”.

“Cuando estás en edad desde acá consigue uno trabajo, ya te vas en grupo sabiendo que tienen que llegar a cosechar uvas, jalapeño o ejote que es lo que siempre trabajamos, pero al pasar los años ya cambia la cosa, los patrones ya no te ven con buenos ojos y los jóvenes te van desplazando”.

Con 68 años de edad, el oriundo de Santa María Colotepec, municipio ubicado en la región de la Costa, señaló que todos los años prueba suerte en el norte del país, “porque cuando está uno grande es cuestión de suerte si encuentras trabajo”.

“Hubo un tiempo en que me quedé sin viajar porque no había, los patrones buscaban puros jóvenes, entonces comencé a trabajar aquí en Oaxaca y en Chiapas como ayudante de albañil, hubo mucho trabajo en Juchitán, allá estuve muchos años, pero ya bajó y ahora otra vez hay que buscarle, lo que caiga, ahora llevo mi cuchara por si sale de albañilería o en el campo”.

Al igual que don Miguel, a finales del mes de julio y principios de agosto, miles de oaxaqueños se congregan en las terminales de las diferentes empresas camioneras que viajan desde el sur hasta el norte del país.

Huyen de la pobreza

Mientras las personas mayores relatan sus historias, los jóvenes se limitan en explicar que parten hacia el norte en busca de empleo huyendo de la pobreza de las comunidades indígenas y la crisis que se vive en el campo oaxaqueño.

Francisco, originario de Miahuatlán de Porfirio Díaz de la Sierra Sur, es otro de los paisanos que ha preparado las maletas para trabajar esta temporada en los campos agrícolas de Hermosillo, Sonora.

Junto con su esposa y sus tres hijas menores de edad, partieron desde la Terminal de Segunda Clase hacia el norte como lo hacen quienes no tienen la posibilidad de encontrar algún empleo bien renumerado en el estado de Oaxaca.

“Son muchos factores los que nos hace salir de nuestro pueblo, el primero es la falta de oportunidades para estudiar, en mi caso no pude ir a la escuela y no sé leer ni escribir, lo segundo es que no hay trabajo en el pueblo y luego cuando encontramos algo pagan muy poco”.

Aunque reconoce que laborando en los campos de cultivo se tiene que sudar de sol a sol de seis de la mañana a seis de la tarde, considera que el salario alcanza para mantener por algunos meses a la familia.

“Aquí todo el día te están pagando entre los 150 a los 200 pesos en el campo, aunque es más chamba en el norte ya te llegan a pagar hasta los 300 pesos, la ventaja es que si agarras trabajo ya tienes para un mes o dos meses, si nos quedamos aquí, a veces hay y a veces no”.

Discriminación y esclavitud

En fechas recientes, autoridades federales implementaron operativos en las grandes fincas y empresas que emplean a los migrantes del sur del país en los estados de Sonora, Sinaloa y Baja California, donde detectaron casos de discriminación y esclavitud que sufren.

Algunos son empleados con raquíticos salarios y con largas jornadas laborales, ya que en los lugares donde laboran se les proporciona alimentos y hospedaje, lo que se considera parte de sus salarios y vuelven con las bolsas vacías a sus lugares de origen.