En México, la posibilidad de recibir atención médica oportuna no depende únicamente del estado de salud, sino también del género y el nivel de ingresos. Un reciente análisis advierte que las mujeres, especialmente aquellas que viven en condiciones de pobreza, enfrentan mayores obstáculos para atender enfermedades, costear tratamientos y acceder a servicios médicos.
La combinación de bajos salarios, enfermedades crónicas y la responsabilidad de cuidar a otros coloca a millones de mexicanas en una situación de mayor vulnerabilidad frente al sistema de salud.
LAS MUJERES ENVEJECEN CON MÁS ENFERMEDADES Y MENOS RECURSOS
El envejecimiento de la población ha hecho más evidente esta desigualdad. Entre 2016 y 2024, el número de personas mayores de 65 años aumentó más del 21% en el país y siete de cada diez viven con al menos una enfermedad crónica, como diabetes, hipertensión o cáncer.
Las mujeres presentan las tasas más altas de estos padecimientos y, en estados como Durango, Guerrero y Veracruz, más del 43% de las adultas mayores vive con hipertensión.
A esta realidad se suma una menor capacidad económica para afrontar los costos de la atención médica.
GANAN MENOS Y GASTAN MÁS EN SU SALUD
La brecha salarial continúa siendo uno de los principales factores que profundizan la desigualdad sanitaria.
Mientras el sector de mayores ingresos concentra casi una tercera parte de la riqueza nacional, millones de hogares sobreviven con poco más de cinco mil pesos mensuales. En ese contexto, las mujeres perciben, en promedio, 34.2% menos ingresos que los hombres.
En entidades como Oaxaca, el impacto económico resulta aún más severo: los hogares con menores recursos llegan a destinar hasta el 21.5% de sus ingresos al pago de consultas, medicamentos y tratamientos médicos, mientras que en los sectores con mayores ingresos ese porcentaje apenas supera el 1%.
EL CUIDADO DE OTROS TAMBIÉN TIENE UN COSTO
Además de enfrentar menores ingresos, las mujeres asumen la mayor parte del trabajo de cuidados dentro de los hogares.
Quienes atienden a personas enfermas o adultas mayores dedican, en promedio, más de 36 horas semanales a estas labores. Si se suman las tareas domésticas, la carga supera las 50 horas cada semana, muy por encima del tiempo destinado por los hombres.
Esta responsabilidad limita sus posibilidades de acceder a un empleo mejor remunerado, continuar sus estudios o incluso atender su propia salud.
SIN SEGURIDAD SOCIAL, LA ENFERMEDAD EMPOBRECE MÁS
El informe también advierte que cuatro de cada diez mujeres carecen de acceso a instituciones públicas de salud, por lo que deben recurrir a servicios privados y asumir gastos que, en muchos casos, comprometen la economía familiar.
La situación se agrava entre las adultas mayores, ya que una proporción considerable no cuenta con ahorros para el retiro ni mecanismos de protección económica que les permitan afrontar enfermedades prolongadas.
LA EQUIDAD EN SALUD SIGUE SIENDO UNA DEUDA
Especialistas consideran que reducir esta brecha requiere reconocer el trabajo de las personas cuidadoras, fortalecer las redes de apoyo comunitario y garantizar un acceso digno, oportuno y libre de discriminación a los servicios médicos.
También plantean la necesidad de disminuir los tiempos de diagnóstico, ampliar la atención psicológica para pacientes y cuidadoras y avanzar hacia una distribución más equitativa de las responsabilidades de cuidado entre hombres y mujeres.
Mientras estas condiciones no cambien, la enfermedad seguirá castigando con mayor fuerza a quienes enfrentan la pobreza, la desigualdad salarial y la falta de protección social.










































