Miles de feligreses les lloraron a sus muertos durante estos dos días en que se celebra con fervor a los Fieles Difuntos en el Istmo.
Los panteones estuvieron abarrotados no solo de familias enteras, sino de olores, colores y saberes que día y noche acompañaron a sus muertos.
El cronista de la ciudad, Fernando Villalana expresó que en esta fecha de unidad, reconciliación y duelo para muchos se encuentran con sus seres queridos que partieron de esta vida terrenal.
Desde los tiempos coloniales muchos ciudadanos comparten los alimentos, las bebidas y todo aquello que en vida le gustaba a su difunto joven o adulto y sin faltar a los niños que abandonaron esta vida para habitar en la eternidad.
Dijo que Juchitán y Tehuantepec tienen unas costumbres más arraigadas que en otras partes del Istmo en donde se preparan una semana antes para tener todo listo el día en que sus difuntos regresarán a la tierra durante dos días en que compartirán en una travesía de amor y respeto hacia esos seres.
Salina Cruz en su panteón tiene a grandes personajes que a lo largo de la historia formaron parte del desarrollo sirviendo a su gente y quienes hoy sus restos descansan en el panteón municipal a quienes sus seres queridos los recuerdan con amor.
El pan, la veladora, el incienso, la caña, los cigarros, la comida, el tamal, el coco, son solo algunos de los sabores y olores que le gustaba en vida al difunto.
Si bien, para el cronista las tradiciones se seguirán preservando durante miles de años, siempre y cuando perdure en el recuerdo del ser amado que desafortunadamente murió.











































