Por casi tres décadas, desde los años setenta hasta principios del 2000, la cantante oaxaqueña Lina Medina cultivó una carrera artística que alcanzó gran auge y popularidad, tanto en su estado natal como en el resto del país. Su estilo la llevó a ser reconocida como “la voz del amor” y “la señora de la canción romántica”. Su propuesta se caracterizó por entrelazar la fuerza de la tradición popular con la frescura de un repertorio contemporáneo, lo que la convirtió en una de las intérpretes más queridas y reconocidas de la música oaxaqueña.
La vida de Lina estuvo marcada por un entorno en el que la música era parte esencial de la vida comunitaria. Desde muy joven se vinculó con los cantos tradicionales y comenzó a participar en foros comunitarios y festivales locales. Muy pronto llamó la atención por la potencia de su voz y por su capacidad para transmitir, en cada interpretación, tanto la nostalgia como la alegría que encierran las canciones populares. Esa autenticidad fue la puerta de entrada a escenarios de mayor alcance.
En abril de 1978 grabó, junto al grupo Ronda, su primer disco con temas inéditos. Esta alianza se convirtió en un parteaguas dentro de la música popular de Oaxaca, ya que logró posicionar un estilo propio marcado por la canción romántica de carácter acústico, un sello distintivo que se mantuvo en sus siguientes producciones. En total, la cantante editó siete discos, seis de ellos en formato de LP, con los que consolidó una carrera sólida. Su éxito fue tal que llegó a ser reconocida con un disco de oro y uno de platino, logros que pocas voces oaxaqueñas habían alcanzado en aquel tiempo.

Entre las canciones que marcaron su trayectoria figuran Después de ti y El muro, del compositor Jorge Tim; Mi vida está llena de ti, de Raúl Martell; y Otra vez, de Esthela Bennets. Estos temas se convirtieron en referentes de su repertorio y continúan vigentes en la memoria colectiva de quienes vivieron esa época dorada. La fuerza interpretativa de Lina Medina hizo que esas composiciones trascendieran el tiempo y el espacio, llevándolas desde escenarios comunitarios hasta auditorios nacionales e internacionales.
Durante las décadas de 1980 y 1990, Lina y su grupo Ronda se convirtieron en un referente obligado de la música oaxaqueña y de la canción romántica. Su propuesta artística, profundamente enraizada en la tradición, se combinaba con un espíritu renovador que dialogaba con la realidad contemporánea. Gracias a ello, Medina no solo conquistó al público local, sino que llevó la música de Oaxaca a escenarios de México y del extranjero.
En su trayectoria también destacan las colaboraciones y presentaciones en programas nacionales, donde compartió escenario con figuras de gran prestigio como Virginia López, Los Dandys, Roberto Cantoral, Chamín Correa y Dolores Pradera, entre muchos otros artistas nacionales e internacionales. Estas apariciones reforzaron su prestigio y la proyectaron como una intérprete de talla mayor.

Pero su labor no se limitó al ámbito musical. Lina Medina mostró siempre un profundo compromiso social y altruista. Organizaba actividades en beneficio de congregaciones religiosas y fue fundadora de varios grupos juveniles, como el coro del templo de Santo Tomás Xochimilco. Asimismo, impulsó proyectos comunitarios destinados a enseñar a niñas y niños la tradición de la ronda, convencida de que este tipo de prácticas contribuyen a fortalecer la identidad cultural y a preservar el patrimonio sonoro de Oaxaca.
El público reconoció en Lina Medina no solo la calidad de su voz, sino también su firme compromiso con la preservación y renovación de la tradición musical. Su trayectoria demuestra que la música no pertenece únicamente al pasado, sino que se encuentra viva, en constante transformación, capaz de dialogar con nuevas generaciones y de abrir caminos hacia el futuro.
Hoy, su legado sigue vigente gracias al trabajo de quienes se han dedicado a investigar, rescatar y difundir su obra, que carecía de un archivo formal. Su figura continúa inspirando a intérpretes jóvenes y consolidándose como un símbolo de la riqueza musical de Oaxaca. En cada una de sus presentaciones, Lina Medina dejó claro que la canción romántica y la música popular no solo son memoria, sino una herencia cultural que sigue latiendo en la voz de quienes la recuerdan y la interpretan.







































