Desde su época de estudiante, Ricardo Pinto (Ciudad de México, 1973) se mueve entre la arquitectura y la pintura. Ambas, áreas que parecen ajenas, resultan en obras donde convergen no solo las miradas, sino los volúmenes, colores, espacio y representación. Y lo hacen en un momento donde la búsqueda del estilo ya no es importante, al menos en su caso, pues prefiere profundizar en sus intereses.
A meses de comenzar una residencia en Beijing, China, Ricardo muestra lo más reciente de su producción. Se trata de lo hecho en los últimos tres años, a partir de su aproximación al libro El arte de proyectar en arquitectura, del arquitecto alemán Ernst Neufert. En su exposición Origen de fuga, el artista lleva sus ideas sobre el cubo, los volúmenes y los espacios a las páginas del volumen, mediante técnicas mixtas y que incluso parecen ajenas a la pintura.
En esta apropiación del libro, Pinto prácticamente coloca su obra, “pensando en la similitud, en todos los esquemas que tenía para la representación de la pintura y un tanto de la arquitectura”.
La exposición es a la vez una forma en que el autor replantea las fronteras entre la gráfica y la pintura, mediante el uso de técnicas “que a lo mejor no pudieran estar en la pintura”. Pero también se propone como una de las varias experimentaciones con que el radicado en Oaxaca desde 2003 se aproxima a un arte que, señala, no cambiará en su planteamiento bidimensional.
“Claro, en esa experimentación hay cosas buenas y malas”, apunta quien en ese andar busca lo más posible “alejarse de los estándares y del estilo”, pues estos se dan a partir del mercado, “y el mercado vicia todo”.
CAMBIAR EL ESTILO POR LA PROFUNDIZACIÓN
De 2015 a 2017, Ricardo Pinto fue parte del Sistema Nacional de Creadores, pero desde antes su labor ha sido reconocida a través de residencias, becas y premios en bienales de pintura. Tras ese andar en que su obra se halla en diversas colecciones del mundo, observa un momento en que su trabajo va por la profundización, y no más por la búsqueda de un estilo.
“Cuando está más joven, tiene muchas ganas de hacer tu estilo; después, cuando no estás tan joven, quieres profundizar en tus intereses. Los intereses, creo, son diversos y tienes que dejar que tu mente o tu forma de trabajar fluyan, dejar que lo que venga lo plantee de la mejor manera”.
En su caso, expone, el dejar de lado la búsqueda de un estilo, le llevó a trabajar más a gusto, “a no limitarme ni por las técnicas ni por el formato, ni por los discursos. Y eventualmente como que todo empieza a coincidir”.
Desde el sábado 26 de enero, Origen de fuga inaugura el ciclo de exposiciones en la galería Quetzalli (Constitución 104, Centro), y se convierte en la quinta ocasión en que, de forma individual, Pinto comparte ahí su trabajo. En esta oportunidad, la realización de la muestra cuenta con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).
El nombre de la muestra parte de un juego de palabras, en alusión a una pieza (Fuga de origen) que el autor expone en el Centro de las Artes de San Agustín, en la muestra colectiva que reúne a más de 200 obras sobre la gráfica contemporánea en Oaxaca.












































