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De la oralidad a la escritura y literatura

El estado de Oaxaca destaca en el país por concentrar, hasta ahora, gran parte de la diversidad lingüística del país, con 16 de los 68 grupos étnicos/lingüísticos


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¿Qué sentido tiene haber publicado Las fábulas de Esopo en el idioma ixcateco? “Es un acto meramente simbólico”, señala Sebastian van Doesburg sobre la obra en un idioma del que quedan menos de 10 hablantes y del que hay un puñado de infantes que apenas empieza a aprenderlo (a hablarlo y escribirlo). Sus palabras pesan como una resignación ante la inminente muerte de uno de los 16 idiomas originarios del estado de Oaxaca.

La entidad destaca en el país por concentrar, hasta ahora, gran parte de la diversidad lingüística del país, con 16 de los 68 grupos étnicos/lingüísticos.

Pero para el director de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova (BIJC), la traducción de las fábulas de aquel griego quedará únicamente como registro de cómo se escribía la lengua de Santa María Ixcatlán (región Mixteca). No habrá quien pueda leer esos textos, como tampoco quien hable como Pedro Salazar Gutiérrez y Cipriano Ramírez Guzmán, dos de los hablantes que superan los 80 años de edad.

¿Desaparecerán otras lenguas del estado? ¿Carecerán de lectores? Es posible. Al menos, aún no existen los suficientes lectores para lo que se produce y publica en lenguas como el mixteco o el zapoteco. Que incluso es mínimo comparado con lo que se genera en español. Las poetas Nadia López e Irma Pineda lo saben, como también que sus escrituras enfrentan otras barreras en el ramo editorial. En lo que se piensa como literatura.

Pero, ¿se ha apostado todo a la palabra escrita? ¿Un idioma es más importante que otro cuando se escribe? ¿Cobra mayor fuerza y posibilidad de preservarse si se generan publicaciones escritas de él?

La antropóloga, poeta y traductora Elisa Ramírez Castañeda ha dicho que sin la lectura su vida no sería la misma. Pero también que ante la palabra escrita hay un fetichismo, pues se le admira mucho e incluso se cree que tiene virtudes extraordinarias. “Le damos un gran peso a la palabra escrita”, como si fuera la oficial o la verdadera, como si se tratara de “la palabra de Dios”.

Ramírez Castañeda se ha enfocado en varias iniciativas para recopilar la tradición oral de pueblos otomíes, tzeltales, mixes, mixtecos, zapotecos, nahuas y mayas, pero ha señalado que para preservar una lengua hay que buscar otras vías. “De lo que se trata es de recuperar la oralidad en lenguas indígenas y no indígenas”, expone la autora de Topilitzkuintli.

Pero si Ramírez ha externado que no siempre hay que apostar por lo escrito, ¿cuál es la importancia, ahora, de que se publique literatura en lenguas indígenas? Aquí vendría otra duda: ¿qué se entiende por literatura?

Literatura es una palabra que incluso en la misma Real Academia Español, una institución europea, tiene varios significados. El primero es el que describe al “arte de la expresión verbal”. Tanto este como el segundo, sobre “el conjunto de producciones literarias de una nación, de una época o de un género” podrían referirse a lo que entendemos como literatura; y que, dependiendo del género, puede resultar en un poema, un cuento, una novela, una canción, un ensayo u otro texto.

Ahora, pensar en lenguas indígenas y literatura conduce a otra reflexión. Pergentino José Ruiz (Buena Vista, San Agustín Loxicha, 1981) se asume como narrador. Él ha comentado que las lenguas indígenas son esencialmente orales. Y que hay algunas con un sistema de escritura que se mantiene en construcción constante, como el zapoteco. “Pero de ahí a convertirlas en literario, ese es el gran dilema”, apuntaba el autor de Hormigas rojas, una serie de cuentos que publicó en 2012.

 

LO IMPRESO: DIFUNDIR LA OBRA Y MANTENER LA TRADICIÓN ORAL

Volviendo a las publicaciones impresas, la poeta zapoteca Irma Pineda (Juchitán, Oaxaca, 1975) cuenta que para los autores éstas les dan la posibilidad de difundir sus creaciones. Para las comunidades, el que sus tradiciones orales encuentren una vía para preservar historias que ante la “modernidad” ya no se transmiten entre generaciones, en los diálogos que solía haber de antaño.

“Los niños y los jóvenes ya no platican con los abuelos para que les cuenten historias y todo este conocimiento acumulado por los años de manera oral. Entonces, una forma de recuperar o salvaguardar esto es a partir de la escritura y las publicaciones. Claro que carece de todos los elementos que implica la oralidad, pero algo se tiene que hacer”.

 

EL RETO DE PUBLICAR

Sin embargo, la autora del poemario infantil Chupa ladxidua/ Dos es mi corazón expone que entre los escritores en español y los de lenguas originarias “no existen las mismas oportunidades”. En el país, ahonda, los escritores en lenguas indígenas se enfrentan a la idea de que sólo escriben “para un público reducido y que, en ese sentido, no vendemos. Esto complica mucho que las editoriales nos abran las puertas”.

Si bien, ella y otros de sus colegas han podido tener algunas publicaciones a partir de algunas instituciones o editoriales pequeñas y autogestivas (como Pluralia), esta no es una constante ni generalidad. “Llevamos muchos años y todavía seguimos picando piedra para que puedan ser posibles estas publicaciones”.

Los autores en lenguas indígenas carecen de espacio u oportunidades para dar a conocer sus creaciones. “La mayoría de los libros publicados en México son en español. En realidad, son muy pocas las editoriales las que se dedican a hacerlo en los demás idiomas que hay en México”, refiere Daniel Brena. Y esa es una de las cosas que hay que impulsar, agrega el director del Centro de las Artes de San Agustín (CaSa).

Nadia López García, poeta de raíces mixtecas se suma a la percepción de Pineda y Brena, pues reconoce que “son muy poquitas las editoriales en todo el país que publican en lenguas indígenas”.

Ella recién consiguió publicar su segundo libro de poesía, pero ahora para la niñez: Tikukaa/El tren. El volumen está en español y mixteco, pero antes de ella sólo Natalia Toledo figuraba como la autora con textos en una lengua indígena en la editorial Almadía (con el poemario en zapoteco y español.

 

El dorso del cangrejo, publicado en 2016). Del sello surgido en 2005 en Oaxaca y del que se han publicado más de 200 títulos, sólo un par lleva al papel a los idiomas mixteco y zapoteco (los dos más hablados en Oaxaca, un estado en el que casi la tercera parte de su población (un millón 205 mil 886 personas de los 3 millones 967 mil 889, según el censo del Inegi en 2015) habla una lengua indígena.

Otro caso son sellos como Random House o Planeta, que para Nadia “no son editoriales que estén pensando en lenguas originarias”. Aunque eso también pasa al ramo gubernamental e independiente, donde incluso ha notado el desconocimiento de que en México no sólo se piensa y habla en español, sino en otras 68 lenguas.

La autora de Ñu’uvixo/Tierra mojada considera que aunque en el país existe una gran producción literaria en lenguas originarias, también existe la idea de que los escritores en lenguas indígenas crean muy poco. “Y no es cierto. Creamos mucho, pero tenemos el doble reto de publicar, a diferencia del castellano, que ya tiene un público. La mayoría del país habla castellano”.

Al igual que su colega, considera que eso ocurre porque todavía no hay un público destino grande. “Todavía no tenemos un público de lectores que lean en nuestras propias lenguas. Venimos de lenguas que son orales, entonces apenas estamos caminando hacia escribir en nuestras lenguas y más allá de eso a formar lectores en nuestra propias lenguas”.

Si le preguntas a cualquier autor como ella, explica, “te va a decir que pocos leen y escriben en su comunidad su lengua”. De ahí que Nadia piense en que “la gran mayoría de autores en lenguas indígenas escribimos para un futuro”. “Estamos escribiendo para que en un futuro haya lectores de nuestras lenguas, que haya personas que puedan escribirlas y leerlas. También escribimos porque desde la literatura podemos difundir nuestras lenguas”.

El haber sido alfabetizados en castellano ha hecho que varios de sus posibles lectores (que se asumen indígenas o hablan alguna lengua originaria) hayan olvidado la escritura de este o ni siquiera la aprendieron.

“El reto más difícil es buscar a sus lectores porque en los pueblos indígenas la Secretaría de Educación jamás se ha preocupado por enseñar a los niños indígenas a leer y escribir en su propia lengua; por eso mismo, estos escritores se vuelven talleristas que trabajan en formar lectores en su idioma”, escribe Javier Castellanos M. en Antología de letras, dramaturgia, guion cinematográfico y lenguas indígenas (2015), a propósito de los textos de tres jóvenes creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).

 

QUIÉNES PUBLICAN Y QUÉ

En Oaxaca, algunas instituciones educativas u organismos gubernamentales que generan publicaciones en lenguas originarias son: Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), Centro de las Artes de San Agustín (CaSa), Centro para el Desarrollo de las Lenguas Indígenas de Oaxaca (Cedelio), Instituto Estatal para la Educación de los Adultos (IEEA), Colegio Superior para la Educación Integral Intercultural de Oaxaca, Instituto Lingüístico de Verano y la Dirección General de Culturas Populares, Indígenas y Urbanas (unidad Oaxaca, pero a través de apoyos como el PACMYC).

Sin embargo, no hay una línea específica para literatura o un acervo en el que se reúnan todos los títulos que han salido de ellos. Además de que en algunos casos las publicaciones son resultado de la colaboración de varios.

No obstante, destaca el trabajo que de 2012 a la fecha han hecho instituciones y sellos fundados por el fallecido artista Francisco Toledo (1940-2019). Del que podría considerarse colectivo han surgido más de 20 publicaciones (entre materiales didácticos y antología o publicaciones de cuentos y fábulas).

Sara López Ellitsgaard, presidenta de Amigos del IAGO y del CFMAB argumenta que las iniciativas de Toledo estuvieron basadas en una inquietud personal. “Siendo de Juchitán y teniendo toda esta historia con la lengua y haber hablado zapoteco, para él era muy importante preservar las lenguas originarias”.

También, porque vio que para los talleres impulsados (como los de Los caminos de la iguana) se carecía de material didáctico. Asimismo, como agrega Gina Mejía, del área de difusión del CaSa, Toledo notó que quienes se estaban preparando para ser maestros bilingües no tenían con qué enseñar.

Entre los más de 20 títulos que llevan las editoriales e instituciones fundadas por Francisco Toledo, cerca de 10 están relacionados con la literatura (por ejemplo, Las fábulas de Esopo traducidas al zapoteco, mixteco, mixe e ixcateco). También, hay algunos pendientes por publicar.

Desde el ámbito gubernamental, Víctor Cérbulo, jefe del departamento de publicaciones y fomento a la lectura de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca dice que “el trabajo institucional que se tiene que hacer en torno a las lenguas indígenas tiene que ir mucho más allá de sólo publicar libros”. Es decir, tomar en cuenta “la naturaleza misma de las lenguas indígenas nacionales”, que son más orales que escritas.

“Esto no tendría que darnos elementos de juicio para pensar que las lenguas que no se escriben tiene un relativo retraso respecto a las que se escriben”, aclara. Además, que si bien la dependencia carece de un acervo con materiales en estos idiomas, lo que se ha hecho es “exponer” las publicaciones existentes a través de programas como la Feria de las Lenguas Indígenas Nacionales o el primer Congreso Internacional de Fomento a la Lectura en Lenguas Indígenas (junio, 2018, Oaxaca). “En ambos casos, lo que hicimos fue abrir espacios a la exposición de los materiales ya escritos”. Es ir “empujando para ir teniendo un acervo dispuesto a la consulta que incluya a las instituciones que están publicando en lenguas indígenas”.

 

NULA DISTRIBUCIÓN O EN LOS “RINCONES”

La poeta Irma Pineda suma al reto de las publicaciones uno más. El de la distribución. “Algunas instituciones, ya sea porque hay un compromiso por los premios convocados o como parte de sus acciones, de que tienen que publicar a escritores en lenguas indígenas, sí nos publican, pero no se preocupan por la distribución de los materiales”.

Eso hace que “terminamos embodegados”, explica, pues sus libros no son llevados a quienes podrían leerlos. “Hace falta trabajar en este sentido, no sólo conseguir que seamos publicados, sino también que seamos distribuidos a diversos espacios: librerías, los centros culturales, en donde se pueda”.

Por otra parte, señala que también existen problemas para insertarse en las librerías grandes. “Una librería como Gandhi acepta nuestros libros, los pone una semana y si en ese tiempo no hay el porcentaje de ventas que requieren, nos devuelven el material. Tampoco estas grandes librerías/distribuidoras le apuestan a la literatura en lenguas indígenas; y no nos promocionan. Cuando nos han tenido en sus librerías, nos tienen escondidos”.

En las librerías, Nadia coincide con Pineda: las cadenas ponen sus libros prácticamente en un rincón. Pero, ¿en realidad faltan públicos? Sara López, de Amigos del IAGO y del CFMAB, cree que no, que lo que falta es trabajar la distribución “porque tal vez no se puede llegar directamente a las personas que podrían (interesarse por las publicaciones en lenguas indígenas).

 

LOS PREMIOS

Hace unas semanas, la poeta Nadia López impartió un taller relacionado con literatura en lenguas indígenas. Junto a sus talleristas pudo contar cerca de 40 premios para literatura en español en todo el país (municipales, estatales y nacionales). Pero apenas pudo contar unos 10 para lenguas originarias.

En la publicación de resultados para el ingreso al Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, la literatura se divide en dos apartados: letras y letras en lenguas indígenas, como una forma de clasificar a lo que se escribe en español y lo que se escribe en otros idiomas nacionales (pero estos, englobados en una sola categoría).

Entre los 120 nuevos becarios elegidos, hay 40 en letras (8 para ensayo/ 19 en narrativa/ 11 en poesía/ 2 para traducción) y tan sólo 5 en letras en lenguas indígenas (1 en narrativa y cuatro en poesía).

Los premios, dice Nadia, son un aliciente, pues más allá del monto económico que se pueda recibir, “que es mucho menor a un premio en español”, tenemos el libro. “Sabemos que hay la posibilidad de publicar”.

Daniel Brena, director del CaSa (una de las instituciones que desde 2011 reconoce a la creación en zapoteco y ahora en otras cuatro lenguas más), explica que este es uno de los esfuerzos que han ayudado o tratado de fortalecer los distintos idiomas de Oaxaca.

En diciembre, Toledo mencionaba que así como hay galardones para la literatura en español, debían de haber algunos para lenguas indígenas.

A partir de los premios CaSa, muchos de los que han ganado, han obtenido el Netzahualcóyotl más adelante o ganado otros concursos y tenido textos que se han vuelto libros, refiere Brena. También, que a partir de ello se publicó una antología de poesía en zapoteco, la que se presentó en el Palacio de Bellas Artes junto a un concierto del grupo Juchirap (de rap en zapoteco).

 

LA SEPARACIÓN ENTRE ESPAÑOL Y LENGUAS INDÍGENAS

Desde que fue becaria en la fundación Letras Mexicanas, Nadia se percató de que desde ese medio “todavía hay una línea muy grande entre poesía en castellano y poesía en lenguas originarias. Todavía no se forma ese concepto de literatura mexicana multilingüe, que creo es a lo que deberíamos apostar”. Y ese es otro reto que percibe, a fin de “hablar en general de literatura mexicana” (y que podría separarse, si así se requiere, en: literatura en castellano, literatura en zapoteco, literatura en mixteco…” y no sólo englobar a todas las lenguas originarias en un segmento.

 

Entonces, ¿publicar o no la literatura en lenguas originarias?

Sebastian van Doesburg, director general de la Biblioteca de Investigación Juan de Córdova, subraya su decisión de evitar hablar de literatura cuando se trata de lenguas indígenas. Las razones: porque se trata de un concepto occidental que descartaría todo lo demás que se ha escrito en un idioma originario, como un acta o textos sobre procesos judiciales.

Sin embargo, reconoce que los jóvenes que incursionan en la literatura lo hacen como un acto de resistencia ante el dominio del idioma español, pues toman a la escritura de sus lenguas como parte de sus identidades.

“Creo que a veces los libros son pretextos para que la gente de alguna lengua originaria sepa que su lengua, que ha sido negada por muchos años, se puede escribir”, zanja Nadia López.


 

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