Habitantes de Santiago Laollaga hicieron pública, a través de redes sociales, su preocupación por el crecimiento acelerado de un basurero clandestino en un camino ubicado detrás de las gradas del Campo Azul. La zona, utilizada a diario por la población, se ha convertido en un foco de contaminación ambiental. Además, es un riesgo sanitario ante la falta de intervención de las autoridades municipales.
El municipio es reconocido por sus nacimientos de agua, considerados majestuosos y de gran valor natural. Sin embargo, vecinos advierten que estos recursos podrían verse seriamente afectados si la acumulación de basura continúa sin control.
UN CAMINO CONVERTIDO EN TIRADERO
Bolsas de basura, botellas de plástico, desechos domésticos y escombro se amontonan a lo largo del camino. La ausencia de mantenimiento y vigilancia ha provocado que cada vez más personas utilicen el lugar como tiradero improvisado. Con ello, normalizando una práctica que agrava el deterioro del entorno.
Pese a que el problema ha sido reportado directamente al ayuntamiento, los habitantes aseguran no haber recibido respuesta ni acciones concretas por parte del presidente municipal, Basilio Manuel Guzmán.
CRÍTICAS A LA AUTORIDAD MUNICIPAL
La inconformidad vecinal se intensifica debido a que el propio alcalde es propietario de una retroexcavadora. La cual —según denuncias— es utilizada para trabajos privados dentro del municipio, pero no para atender esta problemática pública.
Los habitantes señalan que no solicitan obras de gran inversión, sino medidas básicas como el levantamiento de la basura y el mantenimiento del camino.
“No pedimos cemento ni proyectos millonarios, solo que recojan la basura”, expresan.
RIESGO AMBIENTAL Y DESGASTE SOCIAL
La preocupación central es que, de no actuar de inmediato, el camino termine completamente cubierto de residuos, obligando a la población a transitar entre la basura y normalizando el abandono institucional. Para los vecinos, este caso refleja una constante: la omisión de lo básico por parte de la administración municipal.
Finalmente, la comunidad exige una respuesta urgente antes de que el daño ambiental y social sea irreversible y el basurero clandestino termine por borrar no solo el camino, sino también la dignidad colectiva.











































