Conocida como el Tesoro de Monte Albán, este 9 de enero se recordó el descubrimiento de la Tumba 7 en 1932, por el arqueólogo Alfonso Caso.
A este recinto mortuorio acudieron ayer algunas autoridades de diferentes municipios para conmemorar el XCIV Aniversario del hallazgo, considerado como uno de los más importantes en la historia de México y el mundo.
Alfonso Caso, también filósofo y abogado originario de la Ciudad de México, fue el descubridor de la Tumba 7 en Monte Albán, donde se encontró una gran riqueza en ofrendas prehispánicas.
Se denominó Tumba 7 por el orden en el que fue encontrada de varias tumbas excavadas, pero en la que se encontró un mayor número de piezas u objetos como collares, bastones y anillos, entre otros, hechos con materiales de oro, cerámica, hueso y obsidiana, por citar algunos.

De acuerdo a documentos del Archivo General de Oaxaca, en este recinto también se hallaron fémures, sacros, huesos iliacos, rotulas, tibias, perones, vértebras lumbares, vertebras dorsales, vértebras cervicales y costillas.
Así también, metatarsianos, metacarpianos, calcáneos, astrágalos, cúbitos, esternones, clavículas, coxis, radios, húmeros, omóplatos, maxilares inferiores, cráneos y maxilares inferiores, que forman parte de un inventario osteológico.
A 94 años de su hallazgo, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) recordó que la Tumba 7 representa un legado que también “arrojó luz sobre las prácticas funerarias y culturales antiguas”.
Mientras, la Secretaría de Cultura del Gobierno federal expuso que esta Tumba de abundantes entierros, ofrendas y portento de la arquitectura funeraria prehispánica, reveló un impresionante tesoro de cientos de objetos, además de cambiar para siempre el rumbo de la arqueología mexicana, al consolidar la protección del patrimonio con la creación del INAH.







































