Hoy sigo festejando los 74 años de
este gran periódico “El Imparcial”, que
me da el espacio que se requiere para
llegar a usted…
Un comentario que considero pertinente hacer este lunes 1 de diciembre, antes de que termine el año 2025, es acerca de los actos realizados este año para conmemorar la fundación de México-Tenochtitlan. Lo menciono porque, más allá de celebrar, es preocupante que la fecha pueda convertirse en un acto circense, sin datos correctos ni verídicos que permitan una reflexión seria sobre el hecho histórico, especialmente cuando este nos recuerda que ningún grupo étnico es superior a otro.
Entre los diversos pueblos que habitaban Mesoamérica, en lo que hoy conocemos como los Estados Unidos Mexicanos, existían semejanzas en su forma de vida y su visión del entorno, aunque también diferencias marcadas. Los mexicas, por ejemplo, tenían una vocación expansionista y un afán de dominio que, apoyados por sus órdenes militares de guerreros águila y ocelote, lograron consolidar. Lo mismo ocurrió con los zapotecos, reconocidos como guerreros valientes, pero que también ejercieron dominio sobre otros pueblos del Istmo de Tehuantepec. Este es solo un ejemplo para recordar que las relaciones entre los pueblos originarios eran complejas, y que los hechos históricos dependen de las circunstancias de su tiempo.
Modificar la historia desde una postura ideológica, como lo hace hoy el actual Gobierno, puede fomentar la polarización y la fragmentación social. La historia debe escribirse a partir de datos documentales y testimoniales que, analizados con objetividad, permitan emitir juicios de valor más precisos. Los mexicanos actuales somos producto de un mestizaje en el que confluyen grupos humanos de distintos orígenes, lo cual es un hecho irrefutable.
Respecto a la conquista, consumada con la captura de Cuauhtémoc la noche del 13 de agosto de 1521, se le ha calificado recientemente como una “catástrofe”, e incluso se ha insistido en que España debe pedir perdón a México. No obstante, esta visión es incompleta. La caída de Tenochtitlan debe interpretarse dentro del contexto del momento: para los conquistadores, fue un acto de expansión, con la intención de dominar y explotar los recursos naturales y minerales de los pueblos de la región. Y sí, lo hicieron; eso no puede negarse.
Sin embargo, como señalan diversos cronistas —Bernal Díaz del Castillo, López de Gómara, Clavijero, Gil González Dávila, Baltazar de Medina, entre otros— la conquista no la llevaron a cabo únicamente los castellanos, sino también miles de guerreros originarios: tlaxcaltecas, totonacas, huexotzincas, cholultecas, xochimilcas, texcocanos, mixtecos, tlatelolcas, entre muchos más. Todos ellos se aliaron con Hernán Cortés debido al dominio, los tributos y el trato que recibían de los mexicas.
Entonces cabe preguntar: ¿también los actuales descendientes de esos pueblos deben pedir perdón? ¿A quiénes? Muchos mexicanos de hoy ya ni siquiera conservan un componente indígena identificable en su linaje.
También es necesario considerar la forma en que vivían los mexicas, sus usos y costumbres, sus prácticas religiosas, su idolatría y los sacrificios humanos que realizaban. Doncellas y guerreros vencidos eran sacrificados; sus cuerpos eran compartidos entre la población; las cabezas de los guerreros se exhibían en el tzompantli y su corazón, arrancado aún con vida, se ofrecía a Huitzilopochtli. Cada quien puede tener su propia percepción sobre estos hechos, pero forman parte de una realidad histórica que no debe idealizarse.
Historia
Los llamados “aztecas” salieron de Aztlán en el siglo XI, como una de las siete tribus que buscaban el lugar prometido. Su peregrinación duró más de dos siglos, hasta que encontraron la señal que los guiaría a fundar México-Tenochtitlan: un águila devorando una serpiente sobre un islote, el mismo sitio donde después se construirían la Catedral y la Plaza Mayor, conocida popularmente como el Zócalo.
En ese islote, donde creció el nopal sobre el suelo lacustre, levantaron un adoratorio a su dios. Sus primeros líderes fueron Mextli y Tenoch, de quienes deriva el nombre México-Tenochtitlan, fundada el 13 de marzo de 1325. Con el crecimiento de la ciudad, se dividió en cuatro barrios: Mayotlan (San Juan), Tecpan (San Pablo), Azcapotzalco (San Sebastián) y Tlacopan (Santa María la Redonda), además del importante centro comercial de Tlatelolco, fundado en 1350.
Nace Tenochtitlan
El plano prehispánico de la ciudad contaba con tres calzadas principales: Tepeyac (Guadalupe), Tlacopan (Tacuba) e Ixtapalapan (Iztapalapa), además de una cuarta, Texcoco.
El pueblo mexica, proveniente de Aztlán, desarrolló una férrea disciplina, una profunda fe en sus dioses y una organización militar que les permitió formar un imperio que dominó la mayor parte de Mesoamérica durante 200 años. No lograron conquistar Michoacán, debido a la resistencia purépecha, ni la región mixe.
Mientras tanto, su dominio produjo prosperidad y riqueza a costa de los tributos de los pueblos sometidos: oro, jade, mantas, pieles, plumas, algodón, semillas, animales y más.
Los sacrificios humanos también eran numerosos: se dice que el día “7 caña”, en 1487, fueron degollados 60 mil prisioneros en la inauguración del Templo Mayor.
El descontento entre los pueblos tributarios creció al grado de que los tlaxcaltecas, enemigos naturales de los mexicas, se aliaron con Cortés, junto con las más de una docena de etnias ya mencionadas.
Pueblos antiguos
Los olmecas gobernaron del año 1000 a.C. al 200 d.C.; los toltecas del año 500 a.C. al 1200 d.C.; los zapotecas del año 500 a.C. al 1521 d.C.; los mixtecos del año 1000 al 1521 d.C.; los teotihuacanos del año 400 a.C. al 600 d.C.; los mexicas del año 1325 al 1521. De los mexicas sabemos que, al morir su guía Tenoch, quien gobernó de 1325 a 1363, hubo de nombrarse como su primer tecuhtli (señor) a Acamapichtli (puñado de cañas); luego, el segundo fue Huitzilíhuitl (colibrí celeste); así, el tercero Chimalpopoca (escudo que humea); el 4.º Izcóatl (serpiente de pedernal); el 5.º Moctezuma Ilhuicamina (el flechador del cielo); el 6.º Axayácatl (rostro de agua); el 7.º Tízoc (pierna de esmeralda). Cuatro años después de su coronación nace en Medellín, Extremadura, Hernán Cortés (año de 1485), y el 8.º fue Ahuízotl (espinazo del agua), quien sube al trono en 1486, así que, seis años antes del noveno tlatoani, quiero mencionar el descubrimiento de América en 1492 y señalo que fue el cuarto y último viaje de Colón el de 1502. El 9.º tlatoani es Moctezuma Xocoyotzin, que significa (señor ceñudo y distinguido), quien se hizo llamar “Tlacatecuhtli” (señor de señores); su coronación fue en agosto de 1502 y su asesinato, el 29 de junio de 1520.
El 10.º señor de Tenochtitlan fue Cuitláhuac (alga acuática desecada), quien gobernó del 7 de septiembre al 26 de noviembre de 1520, solo 80 días, ya que fue víctima de la viruela. Y el 11.º y último emperador de Tenochtitlan fue Cuauhtémoc (águila que desciende), quien gobernó de enero de 1520 al 28 de febrero de 1525, día de su muerte, colgado de una ceiba en Izancanac, Tabasco, igual que los señores de Tacuba (Tetlepamquetzal) y el señor de Texcoco (Coanacoh).
Un imperio que, en 200 años, explotó a los pueblos originarios con tributos, extinguió especies y agotó el oro de placer para las joyas del tlatoani en turno. Fue un imperio que, en 200 años, explotó a diversos pueblos originarios mediante tributos, guerras constantes y la extracción de recursos.
¡Feliz Navidad!
Oaxaca de Juárez, a 1 de diciembre de 2025.
JORGE BUENO.
Cronista de Oaxaca.
Miembro de la S.M.G.E.
Miembro del S.C.M.
Presidente de la A.E.C.O.



































