
Todo el desarrollo de la calzada comenzó en el siglo XIX, con el inicio de las obras públicas de la Calzada de las Lágrimas. En el siglo XX surgieron las primeras casas a la orilla del camino hacia la Hacienda de Aguilera, junto con los monumentos que se empezaron a construir inicialmente, y después las residencias. En 1882 se colocó la Fuente de los Platos, que originalmente estuvo en el Jardín de la Constitución (1867-1881). Esta fuente fue retirada para dar lugar al primer quiosco (1881). Más tarde, en septiembre de 1889, se construyó e inauguró el obelisco a Don Porfirio Díaz.
Así, el camino, antes abandonado y peligroso, se transformó con la construcción de la calzada, conocida por el pueblo como “de las lágrimas”, por haber sido edificada con el trabajo forzado de los presos de la cárcel de Santa Catalina de Siena (1347-1380). El convento funcionó de 1579 a 1860 y luego fue cerrado para convertirse en cárcel durante cien años (1860-1960).
La primera casa que se construyó fue la del General Manuel García Vigil, seguida por la del General Vicente González, la del Lic. Carlos Lira, la del señor Carlos Hamilton, empresario de Ford; la del señor Roberto Figueroa Bustamante; y la del Lic. Jaime López Farías, cuya hermana Anita se casó con el Sr. Jones, mientras que López Farías contrajo matrimonio con la señorita González Esperón. Más arriba hubo granjas, y se construyeron casas de madera debido a los temblores de 1928 y 1931.
Toda esta historia sale a la luz porque la vida del Hotel Misión de los Ángeles ha llegado a su fin. Los dueños han tomado la decisión de cerrarlo como hotel para construir en su terreno una plaza comercial acorde con una ciudad Patrimonio de la Humanidad.
Hace 46 años, el exitoso y visionario empresario cafetalero don Florentino Audelo Galguera decidió comprar el Hotel Oaxaca Courts y dejar una huella en el mundo de la hospitalidad en Oaxaca. Así nació un lugar mágico: el Hotel Misión de los Ángeles. Desde aquel 1º de septiembre de 1979, sus amplios jardines fueron un espacio de paz y tranquilidad, testigos de innumerables historias.
Sus habitaciones de calidad superior, el servicio de excelencia, su restaurante con buffet diario, los amplios salones Tanilao y Tehuantepec, el bar Cazadora, la pérgola y sus cómodas áreas se convirtieron en refugio de recién casados, familias, romances, amistades y convenciones internacionales que marcaron el inicio de nuevos proyectos. Allí nacieron romances, se consolidaron amistades y se celebraron encuentros inolvidables.
Muchas noches se iluminaron con la magia del arte y el eco de artistas como Raphael y Juan Gabriel, espectáculos a los que acudí con mi esposa Alicia. Fueron noches llenas de bohemia y alegría en la discoteca, los salones y los bares. El hotel fue epicentro de la música moderna, la algarabía y los concursos de Señorita Oaxaca. Siempre fue motivo de orgullo para los Audelo haber mantenido un baluarte de la gastronomía oaxaqueña, elevando cada platillo a una experiencia inolvidable. Esto fue posible gracias a la constante capacitación del personal y a la inspiración que generaban sus fiestas, cuya vocación turística y auténtico espíritu oaxaqueño lo convirtieron en embajador de la región.
Su compromiso, tanto personal como de equipo, fue la base de su éxito, logrando superar juntos los momentos difíciles y celebrar los más felices. Junto al Hotel Victoria y el Marqués del Valle, fue uno de los mejores hoteles del estado, pero también uno de los favoritos de turistas nacionales y extranjeros. Esta preferencia se fortaleció porque fueron pioneros en realizar viajes de promoción nacional e internacional del hotel y de Oaxaca como destino turístico.
Mayoritarios, clientes y amigos vivieron ahí la aventura de servir y ser atendidos. Pero todo ha llegado a su fin. La misión del Hotel de los Ángeles concluye su recorrido, cerrando las puertas de su corazón. Sin embargo, el placer y el orgullo de haber sido recibidos con sonrisas y una hospitalidad distinguida permanecerán siempre en cada uno de nosotros.

Gracias por la atención, fidelidad y amistad hacia la familia Audelo Holm. Ha sido un verdadero gusto y privilegio compartir la historia de este gran hotel, que inicialmente se llamó Hotel Oaxaca Courts, fundado por el inglés Don Roy Jones y su esposa la señora Anita. Por decisión de ella, no podían entrar ni mexicanos ni personas de raza negra. Recordemos que, fuera del hotel, cada 12 de diciembre recibía la Calenda de Guadalupe y a sus peregrinos, a quienes se les ofrecía un pequeño refrigerio.
La Calzada Porfirio Díaz se llenaba de carros alegóricos, bandas de música de pueblos cercanos, faroles, marmotas, mojigangas, canasteras y chinas oaxaqueñas que acudían de gala. Ahí bailaban para los peregrinos; todos los huéspedes salían a disfrutar la fiesta. También llegaban al hotel los pilotos de la Carrera Panamericana. Durante la década de los cincuenta cargaban gasolina en la estación Internacional, ubicada enfrente, donde hoy está la gasolinera FONAPAS.
Es difícil recordar a tantos pilotos de la Carrera Panamericana, pero en su primera década destacan: el argentino Juan Manuel Fangio, quien en 1953 ganó con un Lancia D24; los estadounidenses Hershel McGriff, ganador de la primera carrera en 1950 con un Oldsmobile 88; Bill France, participante en 1950 y fundador de NASCAR, así como Curtis Turner, entre muchos otros que se hospedaron en el hotel hace 75 años.
Hablando de la amplitud del terreno —por donde cruzaba el acueducto, que llegaba al Llano— recuerdo que esa casa fue originalmente construida por el general Vicente González como su residencia cuando fue gobernador de Oaxaca (1940-1944). Citaré a una dama oaxaqueña vecina de la calzada, doña Hortensia Vásquez de Lira, quien me contaba que el general tenía una cuadra de caballos y que él mismo paseaba por los jardines con sus hijas Maty y Gloria González —recién fallecida— y con sus amigas, entre ellas la propia Hortensia de Lira.
Recordemos también que el señor Roy tenía un hermano que vivía enfrente: el señor Roberto Jones, casado con la señora Anita López Farías. Tuvieron cinco hijos (Patricia Laura, Roberto —actualmente en Puerto Escondido—, Edith, Eduardo y Juan Carlos). El señor Jones se mudó a Puerto Escondido, donde estableció una fábrica de hielo. Compró terrenos en Carrizalillo y cultivaba cacahuate; vivió en Puerto y venía a Oaxaca con regularidad. Q.E.P.D.
En cuanto al término “Courts”, muy común desde que los ingleses establecieron colonias en la India, se utilizaba para designar los espacios jardinados que separaban las áreas habitadas por los ingleses de las zonas destinadas a los hindúes. En fin, eran espacios apacibles ubicados en las afueras de las ciudades.
El Hotel Misión de los Ángeles fue para muchos grupos y asociaciones el lugar ideal para desayunar con los amigos, como la Asociación de Empresarios y Ejecutivos de Oaxaca A.C. (EEO), que aún existe con más de 60 años. Entre sus socios estuvieron don Nicolás Monteagudo, don Luis Fernández del Campo, don Raúl Castellanos, don Jorge Curioca, don Alfonso Calvo Cuevas, don Jaime Villareal Scott, don Alfonso Rulle Dorman, entre otros ya fallecidos.
De quienes aún vivimos —pues fui presidente de la asociación de 1998 a 2001—, están don Jorge Ruíz Pardo, don Roberto Canel Salas y don Austreberto Aragón Kuri. Y en activo, con el maestro Carlos Maximiano Luis Valle como presidente, continúan doña Rosa Silvia Pineda, don Alberto Márquez Rodríguez, don Celestino Gómez y Gómez, don Alejandro Gantonas, don Javier Lavín y muchos más, sumando un total de 60 socios. Se reúnen todos los miércoles en el restaurante La Coronita, en la Segunda Calle de Díaz Ordaz.
Una disculpa, pero no es posible mencionar a tantos amigos a quienes, con mucho gusto, ofrezco charlas cada miércoles como cronista de esta muy noble y leal ciudad de Oaxaca de Juárez.
Feliz año 2026
Oaxaca de Juárez, Oax., a 24 de noviembre de 2025.
Jorge A. Bueno Sánchez
Cronista de Oaxaca
Presidente de la A.E.C.O.
Secretario General de la Federación Nacional de Asociaciones de Cronistas Mexicanos A.C.



































